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AITANA ALBERTI POETA, EDITORA E INVESTIGADORA DE LA GENERACIÓN DEL 27

"Mi bandera es el idioma que hablo y Cuba el país que llena mis ausencias"

JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
10/nov/10 7:49 AM
Edición impresa

JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.

"Rafael Alberti era un encanto, un ser muy amoroso y siempre fuimos cómplices de nuestros sueños". Así define Aitana Alberti (1941) a su padre. Poeta, editora, investigadora de la Generación del 27, la autora bonaerense transmitió ayer por la mañana algunas de sus vivencias a alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria de Tegueste en el teatro Príncipe Felipe de la villa teguestera. Por la tarde, la hija del escritor gaditano acudió acompañada por su esposo, el poeta Álex Pausides, a un acto organizado en el Centro de la Cultura Popular Canaria. Hoy, a partir de la 19:00 horas, Aitana rescatará unos versos incluidos en el libro "Los hijos de los Dragos" con una lectura poética en el convento de San Francisco de Icod de los Vinos.

"Soy la única hija del matrimonio entre Rafael Alberti y María Teresa León", dijo a los estudiantes teguesteros en el transcurso de un acto que ella calificó como "entrañable y hermoso". La escritora riojana y el poeta natural de El Puerto de Santa María, sin duda, son los referentes más sólidos de una creadora que no duda a la hora de confesar que "muchas veces he sentido que era la hija de un monstruo de la literatura". Sobre la obra de María Teresa León, declaró que "Mi madre es una escritora que está siendo rescatada rápidamente del olvido".

¿Cómo era la vida de una niña en un hogar con tantas influencias literarias?

Mi padre siempre fue un gran referente en mi vida, pero a los quince años me di cuenta de que no sólo era mi padre, sino que era un poeta universal. Al leer sus versos supe que se trataba de un hombre especial. Él escribía mucho de madrugada y por la mañana nos leía los poemas recién hechos a mi madre y a mí. De alguna manera terminé por metabolizar el proceso creativo que se vivía en casa. No sólo con mi padre, sino con mi madre.

¿Qué recuerdos guarda de aquel proceso creativo?

En casa había una enorme mesa de pino. Mi madre escribía sobre ella todas las tardes, porque las mañanas estaban reservadas a las tareas del hogar. Era una magnífica ama de casa. La verdad, yo me lo pasaba bien viendo cómo compartían el mismo espacio, aunque fuera en horarios diferentes, para crear poesía, narrativa, literatura... Todas esas imágenes de la creación en marcha siguen dentro de mí.

Siempre se habla de la soledad del escritor, de sus sacrificios, de sus luchas internas... ¿Su padre cómo reaccionaba en esos periodos de inspiración?

Rafael Alberti no necesitaba aislarse para crear. Él aprovechaba las madrugadas para escribir, pero era un hombre familiar. Siempre trató de que la poesía no desgastara a las personas que más quería. Es verdad que escribía cuando nosotros dormíamos, pero al día siguiente compartía todas sus emociones. Mi padre era un poeta que hallaba su inspiración de noche; sin teléfono, sin visitas, sin nadie que lo viniera a molestar (ríe). En eso me parezco mucho a él. Yo me acuesto bastante temprano y me levanto temprano. Las cuatro de la mañana es una hora ideal para escribir, para pensar, para sentir que las emociones están vivas...

Usted nunca quiso que su obra poética estuviera conectada con la de Rafael Alberti.

Siempre he procurado que mi poesía no tuviera influencias de Rafael Alberti. No fue una cosa voluntaria, sino espontánea. Hubiera sido una ridiculez por mi parte pretender escribir como mi padre. La originalidad es algo que define a un autor. Cuando tomas la decisión de escribir no te planteas copiar a nadie. Ni a Alberti, ni a Machado, ni a Lorca, ni a nadie... En cuanto te pareces más o menos a un poeta, tu obra se convierte en algo que no vale nada. Mis publicaciones llegaron con retraso por el peso que generó en mí la convivencia con un monstruo literario.

Su madre supo vivir a la sombra del poeta. ¿Cómo vive una hija el sacrificio realizado por María Teresa León?

Fue una mujer inteligente que supo comprender dónde debía moverse. Varias feministas españolas le criticaron, y no le han perdonado, que en su libro "Memoria de la melancolía" dijera que ella era la cola del cometa. El cometa, por supuesto, era Rafael Alberti. Lo que pasa es que la luz de un cometa está en la cola. La parte más luminosa de un cometa está detrás. No creo que lo dijera porque ella se sintiera en un segundo plano, sino como el complemento del poeta. Mi madre, y no estoy hablando de sus habilidades literarias, fue un ser humano único. Una mujer solidaria y generosa. Los exiliados y no exiliados iban a verla para que les solucionara problemas de orden práctico. Una vez, recuerdo, una amiga suya se presentó en casa porque estaba aterrada por un conflicto que no tenía solución. Algo relacionado con la adopción de una niña. Mi madre la escuchó, habló con un funcionario y lo arregló. No sé qué hizo, pero aquella señora agradeció con lágrimas en sus ojos la mediación de mi madre. Tenía una entereza humana y política que le hacía indoblegable.

¿Pesa mucho el apellido Alberti?

Sí que pesa... Cada vez me pesa menos, pero sí que pesa. Más que un peso, llevar ese apellido es un orgullo; una responsabilidad con la que tienes que aprender a vivir.

¿Ha logrado vivir con el dolor de un conflicto bélico que aún no ha cicatrizado?

La guerra, no sólo por lo que vivieron mis padres, sino por lo que contaban sus amigos, era un tema de conversación en casa. Contaban la misma historia una y otra vez, pero la atención con la que se seguían aquellos episodios no descendía y existía la necesidad de tener noticias de un país al que se sentían ligados. Por cómo se emocionaban, parecía que era la primera vez que contaban un hecho que estaba sucediendo a miles de kilómetros. Era una situación hermosa y trágica, pero ésa era la España que les quedaba. Muchos compatriotas murieron de pena en el exilio porque el destierro no se acabó con la Guerra Mundial. Aquel dolor duró más de lo debido, sobre todo porque nadie creía que Franco podía continuar en el poder después de que cayeran Hitler y Mussolini. ¿Cómo seguía en pie un gobierno fascista?

¿España trató bien a Alberti?

Sí. Al final lo trató bien. Cuando regresó del exilio no se portaron nada mal con él.

Usted suele repetir que nació en un país que no era el suyo... ¿Le queda la pena de no ser española de cuna?

No es pena, pero soy consciente de que yo no nací en el lugar en que debí nacer. Hay una realidad objetiva que tiene que ver con un ciclo tormentoso. Si no hubiera habido Guerra Civil, obviamente, el sitio en el que debía nacer era Madrid. Lo que pasa es que Argentina fue un buen lugar para nacer. A estas alturas de la vida ya me siento ciudadana del mundo, pero si alguien me quiere buscar, que vaya a Cuba. La vida me ha convertido en una trashumante, aunque llevo veinticinco años en La Habana y de allí no me muevo más. Mis raíces no las tienen que buscar en torno a un espacio geográfico, ya que mi patria es la lengua. Mi bandera es el idioma que hablo y Cuba el país que llena mis ausencias. Allí tengo algo de Argentina, algo de España, algo de todos los lugares en los que he tenido la fortuna de vivir.

¿Hasta dónde podría sentir su padre Tenerife?

Sé que se sentía cómodo en todos los lugares donde iba. Él mantuvo un contacto directo con las Islas y lo dejó por escrito. Rafael Alberti tuvo que agarrarle mucho cariño a Tenerife... Esos sentimientos se reflejan bastante bien en el libro "Los hijos de los dragos".

¿Cómo era el Alberti familiar?

Rafael Alberti era un encanto, un ser amoroso y siempre fuimos cómplices de nuestros sueños. Yo descubrí primero al padre y luego al poeta admirado.

Cuando España estuvo más cerca que nunca de Roma

Aitana Alberti confiesa que en las casas del exilio de Rafael Alberti y María Teresa León nunca hubo muebles nuevos. "No los compraban porque siempre tuvieron la esperanza de volver", señaló la escritora que reside en Cuba desde hace más de dos décadas y media. "La nostalgia que sentían era algo terrible. Ese dolor está en la obra de Rafael Alberti, pero mi madre cargó con él en silencio", reveló la esposa de Álex Pausides antes de hablar de su residencia obligada en Italia. "Estábamos tan cerca de España, que casi podíamos tocarla", añadiendo, "en el portal de la casa de Roma siempre encontré chorizos, turrones, vino de Jerez.. Los dejaban allí con estas notas: ¡Los queremos! Pocas veces, veíamos quién ponía allí esos productos, pero todos los papeles pedían lo mismo: ¡Vuelvan pronto! Fue durante una visita del Rey Juan Carlos I a Roma cuando Rafael Alberti le hizo entrega de una carta en la que solicitaba la amnistía. "No se lo podían creer (cuenta en relación a sus padres), pero les dejaron volver a España", recuerda con una voz emocionada Aitana Alberti. Rafael Alberti, diputado electo por Cádiz, y Dolores Uribarri, La Pasionaria, por Asturias, ocuparon sus escaños en el Congreso Nacional como representantes del Partido Comunista de España. "Fue lo más extraordinario que he vivido en mi vida. Ver llorar a gente que había acumulado tantas experiencias provocó en mí una sensación que hoy todavía me genera sentimientos encontrados", comenta una editora que mañana presenta en el Ateneo de La Laguna un libro de su madre.

AITANA ALBERTI POETA, EDITORA E INVESTIGADORA DE LA GENERACIÓN DEL 27