Cultura y Espectáculos
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DOMINGO, 24 DE OCTUBRE DE 2010
C. BRIAN MORRIS HISPANISTA Y EXPERTO EN LITERATURA CANARIA

"La vida de Pedro García Cabrera es como el guión de una gran película"

JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.

C. Brian Morris (Gales, 1933) es uno de los hispanistas británicos más prestigiosos del mundo. Catedrático jubilado de la Universidad de Los Ángeles (California) está muy vinculado a Tenerife por varias razones, entre ellas haberse casado con una lagunera, Carmen Rosa, la mujer con la que comparte su vida desde hace treinta y cinco años, o tener una casa en El Médano, donde suele pasar los veranos. Este experto se ha especializado en la literatura canaria y en concreto en la figura del poeta gomero Pedro García Cabrera. Fue el encargado de inaugurar en 2005 el congreso celebrado por el centenario del nacimiento del autor en su isla natal. Ahora, el análisis de su vida y su obra le ha traído de nuevo estos días a la isla para participar en unas jornadas dedicadas a las novedades en el estudio del que está considerado como uno de los más grandes escritores que ha dado esta tierra. Habla perfectamente el español, así como varios idiomas más, y en un tono de absoluta sencillez, similar a la forma de ser de este entrañable profesor, no duda en afirmar que "la vida de Pedro García Cabrera es el guión de una gran película".

Una curiosidad: ¿Qué se esconde detrás de la C?

Es un secreto, pero se lo voy a contar. La C viene de Cirilo, el nombre que me pusieron mis padres y que no me gusta nada. Por eso no lo uso, yo soy Brian Morris.

Resuma su vida profesional.

Nací en Rhondola, un valle minero del Norte de Gales a unos 25 kilómetros de Cardiff, la capital. Mi encuentro con lo español fue fortuito. En el instituto me gustaba la geografía y si quería seguir con ella debía aprender el idioma español. Empecé un poco tarde, pero me enamoró. Luego, en la universidad lo compaginé con el francés y saqué un título doble: en vez de uno en tres años, dos en cuatro cursos. Comencé el doctorado y surgió la oportunidad de ir a la Universidad de Gales, donde estuve tres años. Tras un período en la ciudad inglesa de Hull, estuve otro año en Santa Bárbara (California) y me encantó. La Universidad de Los Ángeles (USLA) me ofreció luego ir allí y quemamos las naves. Vendimos la casa, nos fuimos a ver qué pasaba y vivo en Estados Unidos desde 1980, con el paréntesis de 2002 a 2004, cuando residimos en Barcelona. Me jubilé hace tres años.

¿Cómo llegó el interés por la literatura española y canaria?

Mi mujer es lagunera. Daba clases en Inglaterra y un año me pidió un trabajo como lectora de español que no le pude dar. Al curso siguiente insistió y ahí empezó todo. Era el año 1973, nos casamos en el 75, tenemos tres hijos y seguimos juntos. Ahí surgió también el interés, primero por las letras españolas, y luego por las canarias.

¿Está de acuerdo en que los extranjeros, y sobre todo los británicos, han analizado mejor que los españoles la historia y la literatura hispanas del siglo XX?

No, eso es una ofensa para los magníficos estudiosos españoles y canarios, a los que respeto mucho. Lo que puede existir es una perspectiva distinta por vivir fuera y tener otra cultura, por haber trabajado en otras universidades o leer cosas diferentes como la poesía y la literatura inglesas. Todo eso me ha ayudado a formarme como lo que soy. No mejor, quizás distinto.

¿Por qué se especializó en Pedro García Cabrera?

Comencé a analizar a todo el grupo de la vanguardia en Canarias y primero a Domingo López Torres, otro gran poeta. Hace cuarenta años, cuando estudiaba el surrealismo español, encontré una alusión a Gaceta de Arte, pero ninguna referencia en Inglaterra. Fue como abrirse a un mundo nuevo y apasionante. Tuve contacto personal con Domingo Pérez Minik y EduardoWestherdal, además de con Pedro García Cabrera, al que conocí en los años setenta del siglo pasado y que me impresionó por su integridad personal en tiempos de la dictadura. No se había publicado nada sobre su experiencia en la guerra, pero él mantenía su voz íntegra, pese a todo. Publiqué junto a Andrés Sánchez Robayna las obras completas de López Torres o un ensayo sobre Agustín Espinosa, además de afrontar la obra de Alberti o García Lorca, pero García Cabrera me enamoró. En octubre de 2005 tuve la fortuna de inaugurar con una conferencia el congreso celebrado en La Gomera con motivo del centenario de su nacimiento. Fue una ocasión maravillosa de retornar a García Cabrera y en su isla. Volví a releer su obra y a descubrir, si no cosas nuevas, sí la plena vigencia de sus ideas en el mundo actual. Me impresionó tanto "Entre la guerra y tú" que decidí hacer un estudio sobre el libro. Me salió en tiempo récord y Ediciones Idea lo publicó en mayo del año pasado.

¿Hay nuevas perspectivas sobre su figura?

Creo que ha faltado inscribir al poeta gomero no en un ámbito isleño ni español o hispano sino universal. Eso he intentado en mi último libro sobre él que editamos en 2009: "Entre la guerra y tú de Pedro García Cabrera: guerra, prisión y poesía". Pretendía establecer la relación del poeta con la guerra y la prisión, pero también su individualidad. Es un escritor muy personal que, como excepción, no repite los tópicos sobre la cárcel que otros cuentan sin darse cuenta. García Cabrera huye de esto y casi crea su propio género, algo fascinante.

¿Cómo se han desarrollado estas nuevas jornadas?

Me parece fundamental que a Pedro García Cabrera se le reconozca en su cuna, hay que generar "ondas" de conocimiento sobre él en Canarias. Hay una Fundación que trabaja para ello, pero creo que desde que en la primavera de 2008 se presentaron las actas del congreso de La Gomera hasta estas jornadas no se había hecho nada. Hacen falta ideas producto de la coordinación como nuevas ediciones, puestas en común o recitales de sus versos. Aunque sean algo complicados pueden combinarse con explicaciones de los textos. Volviendo a las jornadas, destacaría la puesta en escena de su única obra de teatro, "Proyecciones", que abre otra línea de investigación. Pero es un gran desconocido para los canarios, sobre todo para las nuevas generaciones. La mayoría del público que acudió a este encuentro no era joven.

¿Marcó su ideología como hombre al García Cabrera poeta?

No se puede separar uno del otro, pero hay que decir que García Cabrera, al contrario que otros como Alberti o Miguel Hernández, nunca utilizó sus versos como poesía panfletaria. Llevaba a la escritura sus valores como hombre y no aceptaba la censura porque de hacerlo no habría sido él, se mantuvo siempre fiel a sus principios. En 1969 escribía algo tan contemporáneo en "Hora punta del hombre" como ésto: "No podemos pararnos, no hay estación de término para este vivirse. Nos está prohibido aparcar la esperanza".

Isla

Canarias y Tenerife, ¿algo más que sol y playa?

Eso pasa por la peculiaridad geográfica y geológica que se llama "isla". Los touroperadores "venden" este concepto como un sitio paradisíaco donde no hacer nada salvo pasarlo bien. Todo es cada vez más estándar, igual en todas partes del mundo. Hay un libro deprimente de un escritor norteamericano, Thurston Clarke, en el que intenta buscar una isla perfecta que no existe, claro está. La gente va a un hotel o un balneario de donde no tiene que salir y no conoce, ni quiere hacerlo, el entorno. Clarke cuenta el ejemplo de un crucero en el que los turistas van a una isla que encuentran tan aburrida que deciden volver al barco donde tienen de todo. Es terrible: miles de personas en distintas cubiertas sin contacto y en una especie de colmena. En Santa Cruz, con todo respeto, tiene bastante sentido volver al barco porque hay que ver a los cruceristas dando vueltas por el centro de la ciudad con el tiempo justo. Y si es un domingo, mejor no hablar.

¿Y la isla para García Cabrera?

Tenía un concepto de realidad física. Su primera obra, "Líquenes", escrita en 1928, la he analizado este verano y tengo un título provisional para el ensayo que puede responder a esa pregunta: "Líquenes de Pedro García Cabrera: isla, mar, mundo". Ahí celebra el mar, el viento, la roca o la alegría de vivir en un sitio especial mirando a la mar y las pequeñas cosas de su universo, desde las lapas o las conchas de la playa, a ver entrar y salir los barcos del puerto. Pero nunca, como hacen otros poetas de las islas, casi como corriente literaria, desde la melancolía por el aislamiento o la distancia sino con el sentido de unión y comunicación con el cielo o las nubes, el horizonte, en armonía perfecta. Por ejemplo, usaba la palabra cosmopolita cuando no estaba de moda en aquella época. Una frase preciosa suya lo resume todo: "Hice unas castañuelas con las lapas de la mar". Tiene una obra, "La rodilla en el agua" (1934), que es la isla geológica, lo que representa desprovista de gente.

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El profesor Álvarez de la Rosa habló en las jornadas de la isla de García Cabrera como modelo de soledad y yo añadiría como modelo de conducta humana basado en la firmeza y la entereza. Así era él en lo personal: firme y entero, pese a la adversidad. Esta exaltación de los elementos saltó por los aires con los movimientos sociales y políticos de los años 30 del siglo pasado.

¿Qué diría o destacaría del poeta Pedro García Cabrera como persona?

Su vida es como el guión de una gran película. Nunca se encerró en la manida torre de marfil de los escritores, sino que vivió con intensidad su época. No se entendería su trayectoria personal y los cambios interiores sin comprender los cambios en el mundo que le tocó vivir, Hay un personaje de "Proyecciones" que lo dice muy claro: "Me debo a mi época". Toda una declaración de intenciones para quien fue concejal socialista del Ayuntamiento de Santa Cruz y exiliado a Las Palmas un año por una supuesta editorial ofensiva a un político de derechas que él siempre negó haber escrito. Vive lo cotidiano, como el auge del jazz, que nombra en "Líquenes" y concibe el mundo casi como un parque infantil desde su visión de las banderas de distintos países que ve en los barcos del puerto. Puede parecer ingenuo hoy en día, pero era así entonces. Aunque también prevé lo terrible desde su óptica de testigo de acontecimientos históricos como la Revolución de Asturias de 1934. Estuvo en Madrid en febrero del 36 durante la proclamación de Manuel Azaña como presidente de la República. Al volver escribió tres poemas en los que predecía la guerra que vio con claridad como algo inevitable. Cuando estalló fue arrestado y encerrado de inmediato en uno de los barcos-prisión. Escapó en el correíllo que llevaba la comida a los represaliados. Luego entró por Francia para luchar con la República y defender con las armas sus ideales. Una vida de película, como he dicho.

Estado de esperanza

Usted reside la mayor parte del año en Estados Unidos. ¿Cómo ve la situación actual del gran país norteamericano?

Es terrible porque vivimos en un estado de esperanza por la llegada del presidente Obama y ahora queda la desilusión, casi cercana a la depresión. Estoy muy preocupado por el avance de ideas extremistas fomentadas por los demagogos desde los medios de comunicación subvencionados. Por ejemplo, un descendiente de emigrantes propone en serio llevar a todos los "ilegales", léase hispanos, hasta la frontera del Río Grande y expulsarlos del país. Increíble, pero cierto, en un lugar donde la gente es muy ingenua, se lo cree todo y algunos grupos empiezan, incluso, a acumular armas porque creen que el presidente Obama se las va a quitar y para rechazar un supuesto ataque comunista. Ya no puede usarse la palabra socialista o ni siquiera liberal. Por fortuna, mis tres hijos vienen de vacaciones aquí cuando todos sus amigos van a Las Vegas. Y este peligro de intoxicación ideológica empieza a extenderse por Europa y llega a España. Peligroso cuando se mezcla con la crisis actual, económica y de valores. Ya ha pasado en otras épocas y yo lo vi.

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