Tenerife
EDITORIAL

Nación de hecho y de derecho

7/sep/08 1:18 AM
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Retomamos en este editorial algunas de las ideas expuestas el pasado jueves por Juan Jesús Ayala. Se refiere el presidente del PNC en Tenerife a la necesidad de definir el nacionalismo, al tiempo que aporta ideas importantes. Afirma Ayala que más que el relevo generacional se impone el de ideas. Ambos, precisamos nosotros, porque no pueden ser los que no han dado ni un paso para conseguir nuestra soberanía quienes lideren la nación canaria. Nuestro futuro debe recaer en personas con las manos y la mente limpias. Seguir con la podredumbre actual no nos puede acarrear nada bueno. Expresado con sencillez y rotundidad, el nacionalismo actual no nos sirve porque no hace nada para recuperar nuestra soberanía. Juan Jesús Ayala, a quien algunas veces hemos criticado por ser un excesivo teórico del nacionalismo, ha hablado con claridad en esta ocasión. Ana Oramas, Torres Stinga, Bermúdez, Ríos, el otro Ríos y tantos más, en cambio, no saben lo que es el nacionalismo porque son los más ignorantes; los que no quieren asumir con valentía que ser nacionalista significa luchar activamente para que dejemos de ser una colonia y pasemos a desempeñar el digno papel de un país libre, con bandera y asiento en los foros internacionales.

HABLA ahora Paulino Rivero de un estatuto especial. La idea no es nueva. Ya nos referíamos nosotros a esa fórmula cuando el temor nos impedía, como por desgracia le sigue impidiendo a muchos canarios, hablar abiertamente de soberanía. Ese concepto de estatuto especial o diferenciado resulta obsoleto hoy en día porque ya lo hemos superado. Podría valernos, aunque únicamente como situación transitoria hasta que alcancemos la soberanía plena. Es decir, sería un campamento avanzado en la ascensión a la montaña, pero no la cima. La única meta admisible es la soberanía. Eso debe saberlo usted, don Paulino, y debe decírselo cuanto antes a Zapatero. Nuestra libertad como pueblo es irrenunciable. Sólo los mamones, los acobardados y los amantes de la españolidad pueden negar una verdad tan evidente. Un nacionalista es aquel que tiene la mente siempre puesta en la prosecución de su nación.

QUIZÁ no existe en estos momentos ningún país en el mundo con más derecho a su independencia que Canarias. Nuestras Islas reúnen las características típicas de una colonia, pues somos un territorio africano, que disfrazaron de autonomía, sometido por una Metrópoli europea. Además, nuestros antepasados fueron invadidos y masacrados. Sólo este hecho histórico sería suficiente para que cualquier canario se rebelase contra el invasor y proclamase su deseo de no seguir bajo la dependencia de un país que nos sojuzga. No se puede ser nacionalista en Canarias sin homenajear la memoria de los guanches. Y no hay mejor homenaje a nuestros ancestros que devolverle a esta tierra la libertad que tenía antes de la conquista. Este hecho histórico es suficiente en sí mismo para que recuperemos nuestra soberanía. Sin embargo, también están las consideraciones geográficas. Somos un archipiélago africano, no europeo. Nuestra cultura es europea, pero no estamos próximos a Europa sino a África. Nos separan 1.600 kilómetros de las costas españolas y 2.000 de la capital de la Metrópoli. Los problemas que tiene Canarias son en gran parte distintos a los problemas españoles. Por eso necesitamos soluciones propias, que no nos pueden dictar desde una realidad distante y distinta como es la española con respecto a este Archipiélago.

A la vista de lo anterior, es imperdonable que todavía exista alguien capaz de defender la españolidad de Canarias. Nos queda la esperanza de los nacionalistas auténticos. Ana Oramas no cuenta, porque está dedicada a la política pura, y José Luis Perestelo actúa a sus órdenes. Paulino Rivero, presidente del Gobierno de Canarias y hombre íntegro que ama su tierra, nos parece la persona adecuada. Por eso debería dar el paso y comenzar a plantear en Madrid nuestras aspiraciones. Podría hacerlo sotto voce al principio, si así lo estima oportuno, pero con los "clorocos" sobre la mesa. Y si no le hacen caso en Madrid, debería acudir a Bruselas; la capital de la Europa comunitaria a la que tanto fue su antecesor Adán Martín sin conseguir nada práctico. Ya que los diputados de CC no se mueven, le corresponde al presidente de Canarias promover las conversaciones pacíficas con la Metrópoli para que los canarios seamos libres. Sería el señor Rivero un buen presidente del nuevo Gobierno soberano de Canarias, como mínimo en la etapa transitoria de traspaso de poderes.

NO podemos consentir que los canarios continuemos con la nacionalidad española; con documento nacional de identidad y pasaporte español. Eso es una afrenta al genocidio que sufrieron nuestros antepasados. La mayor atrocidad es que un canario se sienta español, porque hoy seguimos llorando a los guanches que fueron masacrados por los españoles. Rindámosles el homenaje que se merecen con la proclamación de nuestra soberanía. ¿A qué esperamos? Canarias es una nación de hecho y debe serlo también de derecho. ¿De qué tenemos miedo? Este Archipiélago puede ser el país más rico del mundo si sustituimos la podredumbre política actual, por personas adecuadas. Debemos eliminar la hediondez y abrir puertas y ventanas para que entre gente nueva capaz de ventilar un ambiente que hoy nos asfixia por su pestilencia. Podemos vivir de nuestros recursos naturales cuando tengamos el pleno dominio sobre nuestra tierra, nuestro cielo y nuestro mar. No olvidemos que, o somos canarios libres, o esclavos de los españoles, como ahora. O marroquíes, lo cual es todavía peor. ¿Alguien duda de que el día menos pensado Marruecos declarará su intención de anexionarnos? Sólo como nación soberana nos libraremos de los moros. Nos protegerían los Estados Unidos, la OTAN, la UE y otros países con los que estableceríamos pactos a nuestra conveniencia.

LA soberanía también pondría fin a la ambición de Canaria, isla nefasta para la unidad del Archipiélago a la que no le corresponde el gran que antepone a su nombre. Canaria es una isla maldita que, como Caín, arremete contra su hermano. El liderazgo le corresponde a Tenerife, que es la isla más grande, la más poblada, la más hermosa y la más generosa con las demás. La soberanía, como decimos, cambiará muchas cosas. También el escudo, para que Tenerife recupere el tamaño que le corresponde y desaparezca la corona de Castilla.

AUNQUE, no nos engañemos. Estas aspiraciones son difíciles de conseguir mientras los canariones sigan haciendo de las suyas. Podemos afirmar rotundamente que los canariones son un peligro para la convivencia armoniosa, y un obstáculo para conseguir la soberanía. Por desgracia, la cobardía de muchos políticos tinerfeños les facilita el camino para que sigan cometiendo desmanes. Pese a los esfuerzos de Paulino Rivero, la Televisión Canaria ha caído en sus manos. Uno de los accionistas de la empresa que provee los informativos ?tan sesgadamente dirigidos hacia Las Palmas por un individuo de poca altura periodística? es un canarión recalcitrante. Personaje siniestro al que EL DÍA vio venir. Por eso dimos marcha atrás en nuestra incorporación a dicha empresa. Don Paulino, no permita que esto siga así. Usted puede remediarlo. No se empeñe en gobernar lo que no sirve. Ni sirve una televisión al servicio de Las Palmas, ni sirve el Estatuto de Autonomía; ni el actual, ni el que apruebe el podrido Parlamento regional. Canarias no es una región, sino una nación. Por eso aspiramos a ser soberanos o independientes, si con este término se nos entiende mejor.

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