Parece confirmarse que el Tribunal Constitucional, con el acuerdo, en principio, de los partidos Socialista y Popular, y seguramente de los convergentes catalanes, verá la luz verde a la vuelta de vacaciones. Y que el nuevo Pleno resultante de su renovación será el que resuelva el recurso de inconstitucionalidad sobre el Estatuto de Cataluña. Al llegar aquí tendríamos que recordar la frase bíblico-evangélica "El hombre propone y Dios dispone".
Se podría escribir un tratado o una tesis doctoral sobre cuanto se ha dicho, y cuántos recursos parciales y colaterales se han dado; de los berrinches que produjo una ley especial para que, pasado el plazo previsto y la forma de renovación de la presidenta (hija de un compañero registrador de la propiedad y esposa de un profesor constitucionalista) y vicepresidencia pudieran continuar en su cargo, lo que provocó el recurso de varios magistrados y el voto particular, entre otros, del ilustre magistrado Roberto García Calvo, que falleció en el acto de servicio de estar preparando tal voto particular. (Vaya mi recuerdo, admiración y plegaria por tan competente y firme jurista).
Y así seguiríamos relatando acontecimientos, presiones, amonestaciones o guiños de la sociedad y de la política, como lo hemos hecho puntualmente. La realidad histórica es que tal cuestión, en el período socialista, se ha marcado no sólo por los engaños, la corrupción, la secularización, el "aquí no pasa nada", etc., sino, sobre todo, por el asalto al cambio de territorialidad y de sociedad, con violaciones de hecho de la Constitución -las banderas, las lenguas, etc.-, situando a los terroristas en las instituciones y sin revocarse el acuerdo en el Congreso de los Diputados para la negociación con los terroristas, estando incluso vigente el Pacto Antiterrorista.
Nuevo Tribunal Constitucional, ya pactado -se dice- para septiembre. Se podría decir que empieza otra historia. El retraso no ha favorecido a la claridad, rapidez y responsabilidad institucional de tan alto tribunal. Porque haya quedado, se pudiera decir, hecho jirones, con mutuas recusaciones. Hasta las impropias del Gobierno, la acordada respecto del magistrado Pérez Tremps, y la baja por fallecimiento del citado García Calvo. De nombres -se dice- no hay nada acordado. Sí que las vacantes de Vicepresidente y del magistrado fallecido pueden ser "cedidas" a los populares. (Hay conversaciones sobre un posible representante catalán).
Y de los hombres que suenan no me quiero pronunciar, porque las informaciones proceden y se mediatizan, según interese. Discreción, pues, y llamada a la responsabilidad del nuevo tribunal, sin calificarlo previamente de "continuista" o "progresista". Llamada de atención de los españoles porque el fallo será fundamental para España. Y llamada especial a los políticos y ciudadanos de Cataluña, que ya pasaron con singulares contradicciones y exabruptos, con la baja de la política de Pascual Maragall, y el cambio de gobernabilidad en la Generalitat.
Si la época veraniega, en lugar de ser ocupada urgentemente con el tema del recurso sobre el referéndum en el País Vasco, posiblemente -y es un apreciación personal nuestra- hubiera sido una sentencia del Tribunal Constitucional, sobre el Estatuto de Cataluña, antes de septiembre, la renovación, en todo caso, pudiera ser una incógnita sobre el fondo y un retraso en la resolución, precisamente cuando Cataluña trata de desarrollar de hecho y de ampliar el Estatuto. Hasta la fecha pudiera pensarse que una mayoría de magistrados entiende que el término "Cataluña", como "nación" no sería aceptado, así como algunos otros sobre ciudadanía, competencias, y financiamiento, entre otras.
Que la seriedad, la prudencia, el acierto, el acatamiento sereno, y no las medidas de presión, puedan presidir el nuevo tribunal, que empezará casi de cero a resolver lo que ha sido el "parto de los montes" de la democracia española. "El hombre propone y Dios dispone". Que sea para bien. Por lo demás, me siento satisfecho por cuanto escribí en la obra "El Estatuto de Cataluña como instrumento jurídico". En cuanto diagnostiqué y medité sobre España. Mereció la pena.
* Jurista. Académico
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