Santa Cruz de Tenerife
EL VARISCAZO MONTY

El lago Herzog y la Alameda

1/ago/08 1:56 AM
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Cae el sol implacable sobre el recién remodelado pórtico de entrada a Santa Cruz, cuando el reloj del Cabildo marca las 16.00 horas y la ciudad está algo paralizada por la digestión (y el capítulo tropecientos de la fea); momento en que los transeúntes y visitantes ven la oportunidad de oro para zambullirse en las, por ahora, cristalinas aguas del lago Herzog. Una madre contempla extasiada el braceo de su retoño recién salido del cursillo de natación en la piscina municipal, mientras chapotea con sus ñames hidratados y lacados de cara a las vacaciones de agosto. La ausencia de "guindillas" refuerza su actitud de despojarse de sus ligeras prendas y mostrar la esbeltez de su joven cuerpo sin estrías ni varices, enfundado en un breve biquini. "A donde fueres haz lo que vieres" dice el refrán, y como unos metros más allá media docena de "guiris" adultos se están bañando con toda la impunidad que les da su condición de visitantes, ella que es autóctona no va a ser menos. De modo que ni corta ni perezosa, se desviste y deja la ropa junto a las gafas para zambullirse a practicar una tabla de gimnasia acuática sincronizada estilo Gemma Mengual, marcando muslo en dirección a los cuatro puntos cardinales. Algo que los jubilados del café de toda la vida, o de los paragüitas inexistentes, no pueden contemplar a sus anchas, porque se lo impide un "bunker" emergido del cemento como un leviatán furioso, en cuyo interior se acaba de inaugurar una oficina con un oneroso mobiliario de diseño (dicen que cada silla ha costado la friolera de 3.000 euros suyos y míos), para informar de nuestras peculiaridades autóctonas. Especialmente esa tan destacada de que cierran a cal y canto los comercios, justo los días en que atracan los grandes trasatlánticos repletos de gente ansiosa por comprar y generalmente de alto poder adquisitivo; que ante la carencia de alternativas regresa de nuevo al barco o se incluye en la casi obligada opción de subir a Las Cañadas del Teide, porque si toma el tranvía para ir a La Laguna se va a encontrar con el mismo panorama. Todo, absolutamente todo, cerrado los fines de semana.

Pero dejemos a los cruceristas con sus reflexiones de pudientes frustrados y volvamos a la idílica escena del "lago Herzog", que va a concluir de un momento a otro. Acaba de llegar el jardinero encargado de poner en funcionamiento el geiser central y para ello cuenta con un guindilla parsimonioso y medio somnoliento que acaba de sacar del coche patrulla, para que obligue a salir a los bañistas. Hecho esto, no sin cierta resistencia verbal, abre el grifo a toda pastilla sin percatarse de la dirección del viento. Como consecuencia de ello, empapa hasta las orejas a todos los transeúntes que van de paso e inunda las cristaleras del bunker que contiene la flamante oficina de Turismo, haciendo peligrar la integridad de las arriesgadas funcionarias empeñadas en la matanza de las cucarachas que proceden de los jardines cercanos, que con el susto y el salitre terminarán acartonándose como los arenques.

En una encuesta televisiva hecha después de la inauguración, percibí aparte de muchas respuestas insulsas una que me llamó la atención y que comparto casi plenamente. Se refería a esa manía persistente de nuestra clase política en cargarse todos los escasos signos de nuestro pasado más reciente, porque lo evidente es que Santa Cruz no es aquella ciudad de 8.000 habitantes que contemplara Humboldt y su acompañante sentimental (y también científico) Bonpland, dos años después de darle pasaporte a Nelson y a los suyos. Pero sí es cierto que una de las construcciones más emblemáticas era la Alameda de la Marina; un lugar recoleto y acogedor circundado por una balaustrada de piedra, repleto de esmerados jardines con una fuente de mármol en su rotonda final, a la que se accedía por una portada barroca principal con sendas esculturas alegóricas de la Primavera y el Verano; y contenía dos puertas laterales más sencillas, rematadas por una trasera algo mayor que éstas con otra escultura que representaba al Tiempo. Si bien es cierto que se ha vuelto a reconstruir la desaparecida portada, y reparar la destrozada fuente ¿porqué no se volvió a poner todo el conjunto en su forma primitiva? Me temo que se ha querido implantar la misma perspectiva de continuidad, similar a la reforma del parque García Sanabria; sobre todo cuando caen las escasas lluvias y la tierra de albero, sin ningún impedimento estructural como el antiguo muro, se desparrama calle abajo a hombros de las barranqueras. Tampoco entiendo cómo se han despojado a los guerreros de bronce de sus pedestales, ya que al subir de nivel los jardines de la plaza por el lado de la avenida marítima casi no se les ve al transitar por la vía. Y no digamos nada si enfilamos la Alameda y nos encontramos de nuevo con el mamotreto del "bunker" que nos tapa la perspectiva del restaurado pórtico de la misma. Por último, aunque he dejado en el tintero muchas cosas, no hace falta ser adivino para intuir el futuro del lago Herzog, sobre todo cuando vayan a celebrar victorias deportivas y manifestaciones múltiples como botellones, conciertos, protestas y los desmadrados Carnavales. Entonces, si se aplica el protocolo de sanciones, intuyo que los nacionalistas se van a quedar sin ayuntamiento, no sin antes colmar las arcas con el tributo de las penalizaciones por chapotear en una fuente pública. En el mejor de los casos, dejarán tranquilo al menguado jacuzzi de la plaza de la Paz, que no es sino una triste caricatura de la cincuentenaria desaparecida fuente, sustituta a su vez de la rotonda que dio nombre al lugar, plantada de esbeltas palmeras y dotada de algunos bancos. Dichosa manía que tienen algunos políticos de remover nuestro pasado para imponernos unas elucubraciones modernistas de dudosa aceptación popular. Todo lo que sea para contentar el clientelismo que apoya las campañas electorales. Que los contratistas también tienen su corazoncito? muy cerca de la cartera, que ahora con la crisis no se colma tan deprisa como antes, aunque se nieguen aceptarlo como las "señorías" de nuestro fútil y oneroso Parlamento regional. Y a sus culpas me remito.

jcvmonteverde@hotmail.com