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DOMINGO, 1 DE JUNIO DE 2008
TIERRA BAJA ÁNGEL ISIDRO GUIMERÁ GIL

Aclaración a un editorial

COMO SIEMPRE, con el máximo respeto a la libertad de expresión y la debida consideración y personal afecto al director-editor de ese diario, don José Rodríguez Ramírez, quisiera aclarar -aunque ya lo he hecho en distintas ocasiones- mi participación en las elecciones municipales del año 2003, concurriendo precisamente en las listas del PNC. Un partido que, como bien se dice en el editorial de EL DÍA del pasado martes, aspiró desde su fundación en 1924 a que las Islas constituyesen un país libre y soberano. Aparentemente, se me dice, existe una contradicción por mi parte entre esa participación electoral y pensar o creer que Canarias es España.

No es cierto. No existe tal contradicción en mi trayectoria política. Fui invitado por el presidente del PNC, exactamente igual que mi compañero y amigo Guillermo Guigou Suárez, a participar en las elecciones municipales al Ayuntamiento de Santa Cruz en 2003 en las listas del PNC. Y aceptamos, porque pensamos que se podía trabajar bien y con total libertad por Santa Cruz en esa opción política, con la irrenunciable condición y exigencia de figurar en dicha lista como independientes. Nunca nos afiliamos al PNC y ello porque en ningún momento quiso cambiar su discurso de la autodeterminación para Canarias. No hubo un solo votante que no supiese, porque aparece en la propia papeleta, nuestra condición de independientes a la hora de depositar su voto en la urna.

Es más, en este mismo diario publiqué el día 5 de junio de 2004, exactamente el mismo día que el PNC celebraba su Congreso en el Puerto de la Cruz, un artículo que titulé "La refundación del PNC". En dicho artículo abogaba por la necesidad de que el partido "se abriera a toda la sociedad canaria", y añadía: "Hay que acometer un Congreso refundacional que abra el nacionalismo de hoy a miles de canarios que actualmente lo miran con recelo por creer que seguimos anclados en el nacionalismo de ayer. Hay que admitir, y decir, y repetir, que este nacionalismo moderado y no excluyente, tiene cabida y puede desarrollarse dentro de la Constitución Española y el propio Estatuto sin renunciar a las máximas cotas de autogobierno, por supuesto, no inferiores a ninguna otra de las nacionalidades del Estado. Hay que decir, de una vez por todas, que las palabras "independencia" y "autodeterminación", además de utópica realización, equivalen a la expulsióin de Europa y la inmediata desaparición de la gran mayoría de posibles electores".

Como es sabido, tal refundación no solo no se produjo, sino que se reafirmaron las tesis autodeterministas en las conclusiones del Congreso. Visto lo cual, el Sr. Guigou y yo, conjuntamente con doña Odalys Padrón, nos dedicamos en cuerpo y alma a trabajar por los ciudadanos de Santa Cruz con total y absoluta independencia. Tal y como habíamos sido elegidos. ¿Dónde está, pues, mi contradicción política?

Menos aún puede hablarse de oportunismo por salir elegidos concejales como independientes y bajo unas siglas nacionalistas. Con un partido político, Ciudadanos de Santa Cruz, no fundado en 1924 como el PNC, sino hace apenas un año, hemos vuelto a ser elegidos concejales en el Ayuntamiento de Santa Cruz, y ello a pesar de una abstención superior al cincuenta por ciento del electorado. ¿Saben, queridos lectores, lo que hubiese ocurrido de haber rellenado la afiliación al PNC, convirtiéndome en un aguerrido militante nacionalista? Sencillamente, hubiera caído en brazos de Coalición Canaria, el último partido en todo el mundo al que hubiese querido pertenecer. Y si lo digo en estos términos es porque conozco muy bien a algunos de sus dirigentes y su mercantilista forma de actuar. A mí no me engañan los actuales cantos soberanistas de ciertos cabecillas de dicha formación.

Me hago ahora internamente dos reflexiones que, en modo alguno, pretenden ser preguntas o demandas a nadie. Dos reflexiones al aire libre del pensamiento. La primera es que he tenido este periódico en mis manos desde que aprendí a leer. Lo he visto en mi casa casi todos los días desde los diez años. Admiro y aprendo de su fundador, maestro de periodistas, Leoncio Rodríguez, buen amigo de mi padre. Y traduzco mi primera reflexión en un interrogante: ¿hubiese Leoncio Rodríguez suscrito y apoyado la actual línea editorial soberanista del periódico EL DÍA? Una segunda reflexión, en línea con la anterior y también transformada en interrogante, sería: ¿por qué ahora se abre este camino diferente y distinto al seguido durante los últimos treinta años, es decir, desde que se aprobó en 1978 la Constitución Española? Es posible que con el tiempo y los acontecimientos venideros se despejen las dudas.

Pues bien, aclarado lo anterior, quisiera acabar y poner fin con estas líneas a una polémica ni tan siquiera iniciada. El pensamiento y las ideas vuelan en libertad, acompañadas de la pluma y la palabra en esta querida tierra nuestra. Que cada cual decida su rumbo y tome sus decisiones. En mi vida lo más importante han sido los principios, los valores, las creencias. Por eso creo en España y creo en esta tierra, que para mí son lo mismo.

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.

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