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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

En mitad del embrollo | Desde Dentro Ricardo Peytaví

1/may/08 2:41 AM
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Antonio Castro está cansado. No sólo porque le ha tocado presidir el Parlamento de Canarias en una de las épocas más crispadas de la política insular, sino también, aunque eso no se lo dice ni siquiera a sus amigos, porque considera que CC se equivocó al plantear la estrategia de pactos para esta legislatura. La pregunta es cuánto le está costando a esta Comunidad autónoma y, sobre todo, cuánto lo va a costar en los próximos tres años, el hecho de que Paulino Rivero sea presidente. Una cuestión, insisto, que Castro Cordobez no formula ni en público ni en privado, fundamentalmente porque él, además de un nacionalista que siente su convicción, es un hombre de partido. Es decir, una persona disciplinada. Pero también es palmero, y los palmeros son muy suyos. En la llamada Isla Bonita nadie cuestiona su liderazgo sobre esa porción de CC que le corresponde a La Palma. De hecho, API no es tanto una fracción política integrada en el nacionalismo oficial canario, como un territorio de poder personal de Antonio Castro.

¿Qué hace, en consecuencia, el líder palmero presidiendo un Parlamento vernáculo, cuyos miembros se acaban de aumentar escandalosamente los sueldos? Porque el asunto de los emolumentos de sus señorías sigue dando que hablar. Así lo considera al menos Comisiones Obreras, sindicato que ha denunciado ante los tribunales tan generosa dádiva personal en tiempos de penurias para todos. No sólo los trabajadores lo están pasando mal; los vientos tampoco soplan favorables para los empresarios. Salvo que uno funde una empresa en Santa Úrsula y le den un milloncete largo de euros para producir programas culturales. En tales condiciones, sobra decirlo, la vida resulta un poco más fácil.

El tema de los sueldos parlamentarios se pone interesante desde el momento en que el juez le ha solicitado a la Cámara autonómica el expediente de la inoportuna subida. Personalmente jamás he cuestionado la legalidad de esta actualización de emolumentos. Tan sólo dije hace unos días, y lo repito ahora, que me parece inoportuna. Es más: considero que CC.OO. se ha excedido en su celo. Ya veremos qué opina finalmente el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

No queda, empero, más remedio que volver al principio. ¿Qué hace Antonio Castro, un político de casta, en medio de este embrollo? Una pregunta sin respuesta fácil o, bien pensado, a la que se puede responder de diversas maneras. Cunde la sensación de que no sólo el modelo de CC, sino la actual legislatura que presiden los nacionalistas con la ayuda del PP ha entrado en una vía difícilmente prolongable. Cada día algún consejero, como si le tocase el turno, se asoma a los medios y afirma que el Gobierno funciona; que toda va bien y todo el mundo está trabajando. La realidad es distinta. Los problemas siguen ahí, quizá con la única diferencia de su agravamiento. Para lo único que ha habido consenso es para el mencionado asunto de los sueldos. Una subida, según Cristina Tavío, que se ha quedado sólo en la mitad de lo que le corresponde a los diputados -qué detalle-, y que según Milagros Luis Brito debió solventarse sin ningún comentario. Ciertamente de algunos asuntos es mejor no hablar.

rpeyt@yahoo.es