NO NOS GUSTA ENTRAR en polémicas que puedan beneficiar a un presunto competidor que nunca ha pasado de ser un enano del quiosco y que no alberga la más mínima esperanza de crecer y a cuyo responsable, sabedor de que la bancarrota está consumada desde hace tiempo (el medio en cuestión forma parte del grupo pro canarión de protegidos -dos en quiebra técnica y otro en quiebra catastrófica- de ese mago africano de las finanzas que tenemos por consejero de Economía en el Gobierno autónomo), sólo le queda una incógnita por despejar, y es la fecha de su decapitación profesional. Y si decimos que no quisiéramos contribuir a que venda un solo ejemplar más es porque cada uno de ellos es una ofensa a Tenerife y hasta a Canarias. Pero tenemos que contestar a disparates como negar que en estos momentos Canarias sufre una invasión de africanos de raza negra pura -salvo caso de sida o enfermedades contagiosas-, la cual, como todo el mundo sabe, prima sobre la blanca en caso de mezclarse. Y, encima, el columnista referido llama parafascista a quien describe esta realidad que está viendo todo el mundo, aunque pocos se atrevan a llamar a las cosas por su nombre. Nadie puede saber hoy si, dentro de unos años, en Santa Cruz y en la isla mayor del Archipiélago seremos étnicamente europeos, africanos, sudamericanos, del Norte, del Sur, del Este o del Oeste. Pero ¿cómo se puede negar lo evidente? ¿De dónde saca el autor de la columna insultante su odio al orden? ¿Será de su pasado anarquista, cuando dejaba en las calles de la capital el símbolo de su ideología, ensuciando muros con la A dentro del círculo? A estas alturas históricas ya nadie duda de que tanto o más perverso que el fascismo fue el comunismo libertario, ése que él admiraba. Ya en su día el papa Pío XII dijo que "el comunismo es intrínsecamente perverso". Y perversos son, añadimos nosotros, quienes lo practican, aunque lo disfracen con otras etiquetas ideológicas. Como este reconvertido, que destila a diario palabras teñidas de falsa razón, pero adornadas con barniz capitalista. Al fin y al cabo es casi editor.
Señor columnista, cuídense usted y sus secuaces, y no se meta con una empresa como ésta, seria, honrada, decente, patriota y con éxito. Cualquier otra alusión ofensiva que nos haga a partir de ahora tenemos intención de silenciarla, salvo que se pase de la raya y saltemos con cosas que hoy callamos. Por ahora, y por nuestra parte, punto y final. Y esto es un aviso a ese navegante equivocado: esta Casa sí que fue víctima del fascismo en otra época. Una persona que aún vive sufrió una detención preventiva por intentar salvar al periódico de las garras de aquellos matones y, gracias a esas credenciales, podemos decir con orgullo que este medio sigue defendiendo a Santa Cruz, a Tenerife, y a todas las islas del Archipiélago.
En fin, qué asco. Pobre Tenerife. Qué sería de ella si fueran más abundantes los que piensan como el sujeto que hoy despreciamos.
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