EL DÍA, S/C de Tenerife
Un juez adscrito al Juzgado de Instrucción Número 3 de Santa Cruz de Tenerife se ha hecho cargo de las acusaciones presentadas hace mes y medio por la madre de un joven de 20 años, en relación con un incidente que se produjo entre las ocho menos veinte y las ocho menos diez de la mañana del 8 de febrero en un tramo de la calle La Marina, en Santa Cruz
Aquel día, martes de Carnaval, un chico y una chica, de 23 años, se encontraron de frente, según los datos que aportó el denunciante, con un grupo de diez agentes de la Unipol que, presumiblemente, estaban controlando que la música dejara de sonar en los kioskos y coches engalanados.
El muchacho refirió al policía que le tomó declaración cómo un efectivo de la Unipol "de aspecto corpulento" le había increpado con expresiones como "niñato, apártate", sin motivo alguno, matizó. En ese instante, el ciudadano relata que le dirigió un comentario al agente de la unidad especial en estos términos: "¿Qué haces? No he hecho nada".
El siguiente dato aportado en las diligencias resulta sobrecogedor. El joven aseguró que el mismo policía con el que había intercambiado aquellas frases comenzó a darle puñetazos y patadas en las piernas, mientras lo empotraba en la cristalera de una sucursal del Barclays Bank. Allí se produjo un "duelo" verbal.
El agente de la Unipol, según consta en la denuncia presentada por el joven, se dirigió en un tono agresivo al civil, gritándole: "¿Me estás amenazando? No eres nada, niñato. ¿Quién te crees que eres?". Con el chico por un lado y su amiga en el otro extremo, el mismo agente -tal y como se recoge en la denuncia- continuó lanzándole golpes en la cabeza y en la mandíbula hasta hacerlo caer al suelo. Una vez sobre la acera, prosigue el relato, el policía volvió supuestamente a propinarle patadas en la barriga y en las piernas. Luego, volvió a levantarlo y lo colocó contra el cristal. A partir de ahí se reprodujeron los gritos.
El denunciante asegura que el representante de la Unipol le chillaba: "Mira para el suelo. ¡Que mires para el suelo!", mientras otro agente del mismo cuerpo que se encontraba cerca del lugar llegó a sugerir a su compañero: "Déjalo, que no ha hecho nada". A continuación, el mismo funcionario que presumiblemente había golpeado al joven comentó: "Vamos a tener que detenerte". El denunciante fue llevado entonces a uno de los puestos avanzados que la Unipol tenía instalados en la Alameda del Duque de Santa Elena.
Cuando se encontraba en la parte trasera del barracón -una oficina prefabricada- se inició un registro personal en busca de drogas. "No tengo nada de eso", comentó el joven al mismo policía con el que ya había tenido varios "roces". En su comparecencia en las oficinas de la Policía Nacional, el agredido llegó a comentar que incluso pidió perdón: "Si les he faltado el respeto, les pido perdón", aseguró. Esta frase, según el retenido, la aprovechó el policía corpulento para decir "¿Quién eres tú? Pide perdón en público a todos".
No hubo arresto. Un policía le devolvió su documento nacional de identidad y, junto con su amiga, el joven se dirigió hacia un vehículo particular que se encontraba estacionado bastante cerca del monumento a Franco. Debido a los golpes recibidos, ambos optaron por personarse en el servicio de Urgencias del Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria.
De regreso al domicilio particular se desencadenó una situación trágica. Un familiar del herido, estudiante de ingieneria de la Universidad de La Laguna, muy afectada por lo que había sucedido, fue ingresado en un centro hospitalario de esta capital -donde continúa a día de hoy-, bajo pronóstico grave. A partir de ese instante, la madre del chico que presuntamente fue golpeado por algunos miembros de la Unipol inició una "cruzada" para aclarar lo ocurrido e identificar a los agentes que co-metieron estos supuestos excesos.
Tres versiones
En una reunión a la que acudieron Hilario Rodríguez, concejal responsable del área de Seguridad del Ayuntamiento capitalino; el jefe de la Unidad de Intervención de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife; el mando de la Unipol que se encontraba al frente del destacamento en el que supuestamente prestaba sus servicios el agente que el joven cita en su declaración, además de la madre y una abogada, se escucharon tres versiones.
La aportada por la familia, más o menos, aparece aquí reflejada. En cambio, el relato que consta en el informe oficial de este servicio y el testimonio oral del responsable del puesto aparentemente no coincidían. El máximo responsable de la Unipol se limitó a escuchar a las partes y no aportó co-mentarios. Debido a los desajustes observados -ese día no se fa-cilitaron las placas de ningún policía-, se ordenó abrir investigación.
Fuentes oficiales aseguran que la Unipol actuó con esta contundencia porque uno de sus miembros había recibido un botellazo en la cabeza, pero ése no es el relato que aparece en estas diligencias.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD