Santa Cruz de Tenerife

El Sobradillo en dos generaciones

Hilario Díaz, ya fallecido, y su sobrino, Modesto Díaz, son dos exponentes de la tradición oral del barrio del Sobradillo. Ambos participaron en un proyecto científico para explicar cómo era el lugar.
J. D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
26/dic/04 0:08 AM
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Hilario Díaz Torres nació en 1915 y falleció el año pasado, mientras que su sobrino, Modesto Díaz Martín, vino al mundo en 1940 y, por lo tanto, ha cumplido 64 años. Ellos forman parte de dos generaciones que representan la historia de su barrio, El Sobradillo. Ambos fueron objeto de un estudio antropológico por parte de la Universidad de La Laguna, en concreto del profesor de Geografía Fernando Sabaté, que ahora reproduce en parte EL DÍA .

De la conversación con ambos se deduce que la mayor parte de las relaciones comerciales y laborales se establecían con Santa Cruz. Prácticamente desde principios de siglo, muchos vecinos de El Sobradillo acudían a trabajar a la capital tinerfeña. Primero y principalmente, en el muelle. Luego ya también en obras de construcción. Iban y venían caminando, bajando por la finca La Multa, en la carretera de El Rosario. Cuentan como anécdota que cuando ya había una línea de guaguas, "que valía 6 perras", la cogían sólo los sábados.

En la zona de El Sobradillo la propiedad estaba bastante repartida y pertenecía a vecinos de la localidad. Existían unos pocos agricultores, con mayor cantidad de terrenos y no mucho más ricos que la mayoría. También algunos medianeros o arrendatarios. Normalmente se trataba de familias con insuficientes terrenos, que arrendaban a los que tenían más, o a agricultores ya mayores sin descendencia que no podían trabajar los suyos. Algunas tierras se compraron en la generación de Hilario Díaz o en las anteriores con dinero ganado en la emigración a Cuba, y también del obtenido a partir de la venta de productos en la capital, consiguiendo ahorrar a base de limitar mucho los gastos.

Hilario Díaz recordaba que uno de sus bisabuelos por parte materna procedía de Fuerteventura, "el granel de Canarias", a donde acudían campesinos de otras islas que se casaban allí.

Mujeres y ventas.- Las mujeres de El Sobradillo trabajaban el campo, pero muchas acudían también como vendedoras a Santa Cruz de leche, huevos (las gallinas de la casa se tenían principalmente para esta finalidad) o higos picos (se vendían en la recova), entre otros productos. Si se sacrificaba un cochino, se podía dejar el tocino para la casa y llevar a vender la carne blanca a Santa Cruz.

Las mismas mujeres que se desplazaban a la ciudad recogían allí de sus clientas desperdicios orgánicos para la comida del cochino. La transportaban en cacharros de latón, cilíndricos y con una tapa especial, que confeccionaban latoneros de Santa Cruz. Los recipientes se solían cargar en burros, aunque lecheras y comerciantes vinieran también con carga en la cabeza y las manos.

Otro artículo que llevaban a vender a Santa Cruz era la hierba, con varios destinatarios: por una parte, los vecinos de barrios como El Perú o La Salud, que tenían cabras y otros animales menores en las casas pero no disponían de hierba y se la vendían en brazadas; de otra, las vaquerías que existían en la periferia urbana, donde la compraban al peso. La venta de hierba es antigua, tanto que la madre de Hilario Díaz "la llevaba a la plaza de toros para los animales que participaban en las corridas".

La leche de burra también se vendía en la ciudad como alimento especial para niños enfermos. Al parecer, la madre de Hilario logró comprar una finca con las ganancias obtenidas a base de vender leche de burra. Tenía que cuidarse de que el burrito no mamara de su madre antes de ordeñarla para no perder el producto.

A La Laguna, además de a por agua, se desplazaban para moler el gofio, por ejemplo al molino de Los Gatos. El nombre (gentilicio) de los vecinos de El Sobradillo debería ser sobradilleros, pero no se utiliza mucho; el vecindario, desde luego, no lo emplea. Los de La Esperanza los solían llamar geneteros, como un apelativo más bien "de pique".

En la zona se recuerda vagamente que la sede del Ayuntamiento de El Rosario estuvo un tiempo en El Sobradillo, que de allí pasó a El Chorrillo, de donde se trasladó ya definitivamente a La Esperanza. Un personaje local importante en esa historia fue cho José Rosa, agricultor rico de El Sobradillo que tenía muchos terrenos y fue alcalde del municipio a finales del siglo XIX y principios del XX. El Sobradillo cuenta con cementerio propio, dedicado a Santa Catalina, desde antes de la Guerra Civil.

Los contertulios rememoraron algunos remedios medicinales populares: hoja de col con manteca de ganado, calentada, para fomentos en catarros y pulmonías; el agua de ruda para el aire; una bolsita de arena caliente aplicada en el vientre le servía a Hilario para calmar fuertes dolores intestinales que padeció.

Hilario conocía un hongo "con una forma que recuerda a la papa", y sabía que es comestible, pero no lo comió. Sabía de la existencia de las papas crías porque vecinos de la zona que proceden de Fuerteventura las han traído de aquella isla, donde son muy populares.

La ganadería.- El modelo de vida agrícola y ganadero propiciaba que "prácticamente todas las casas" tuvieran cuadras con vacas: dos, tres y hasta cuatro animales. La leche la llevaban las lecheras a vender a Santa Cruz, primero caminando y más tarde ya en camiones. Mantener el ganado exigía mucho sacrificio.

Hilario recordó "el año que explotaron los polvorines, cuando llovió mucho y salió bastante rosquilla", un alimento excelente para todo animal, mejor que la paja. Las piteras constituían un complemento en la alimentación del ganado, aunque si se había acabado la paja y la hierba, podía llegar a ser la comida principal, lo mismo que las pencas de tunera. Las laderas estaban llenas de piteras; algunas veces venían campesinos de Tegueste, Las Mercedes o Las Canteras, buscándolas para añadirlas a la ración de sus vacas.

Los chochos constituían un alimento adicional. Se tostaban, se endulzaban, dejándolos en remojo con agua dulce, para volverse a secar. Podían suministrarse al ganado enteros o molidos en forma de harina. Además del ganado mayor, casi todas las familias tenían cabras o cochinos.

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El viento, un compañero fiel

El viento es algo consustancial a El Sobradillo, que no es ni sur ni norte. El alisio acelerado es uno de los factores de este pueblo y de la comarca donde se inserta. Sopla fijo y con fuerza en los meses de abril, mayo y junio; también en julio y agosto, aunque más variable. Al alisio se le llama simplemente viento, o en todo caso viento del norte, para diferenciarlo del sur, mucho menos frecuente y que trae algunas lluvias, pero destroza. El Sobradillo celebra sus fiestas en honor de la Virgen del Carmen el primer domingo de septiembre porque tradicionalmente en esas fechas ya había remitido el viento. En Llano del Moro hacen la fiesta de La Cruz, cuyo día oficial es el 3 de mayo, pero la han cambiado muchas veces de fecha por el excesivo viento. Se empleaban los bardos de tuneras como cortavientos y también se confeccionaban enramadas de retama amarilla, abundante en barrancos y laderas. Junto a las eras se plantaban eucaliptos y las enramadas se apoyaban en ellos para poder aventar sin perder toda la paja. Las construcciones siempre están bien orientadas: "Se construía con la espalda hacia el sur". Otra evidencia del fuerte viento son los antiguos molinos que existían en la zona.