Jornada Deportiva

Jesús Gil murió ayer a los 71 años

El propietario del Atlético de Madrid y ex alcalde de Marbella falleció víctima del infarto cerebral que sufrió el pasado domingo, mientras descansaba en su finca abulense. Después de seis días de lucha, no pudo superar la última crisis cardíaca que le sobrevino.
COLPISA, Madrid
15/may/04 18:11 PM
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El propietario del Atlético y ex alcalde de Marbella, Jesús Gil y Gil, falleció a las 16:00 horas de ayer en la Clínica Cemtro de Madrid, a los 71 años, víctima del infarto cerebral masivo que sufrió el pasado domingo, mientras descansaba en su finca abulense de Valdeolivas. A pesar de su gran fortaleza y después de seis días de lucha, el ex presidente rojiblanco no pudo superar la última crisis cardiaca que le sobrevino.

La capilla ardiente con el cuerpo embalsamado de Gil quedará abierta a las 9:00 horas de hoy, día de San Isidro, patrón de Madrid, en el estadio Vicente Calderón, y el entierro tendrá lugar a las cinco y media de la tarde en el panteón de la familia en el cementerio de la Almudena. A petición del club, el partido contra el Zaragoza, previsto inicialmente para hoy a las 21:00 horas, se aplaza hasta las cinco de la tarde de mañana.

Los familiares de Gil, que acompañaron en todo momento a su "patriarca" e hicieron piña para tratar de superar el penoso trance, estaban preparados para lo peor ya desde el miércoles por la tarde, cuando el parte ofrecido por el doctor Mariano Malillos, director médico del centro hospitalario, anunciaba que su estado era de "extrema gravedad", tras un "empeoramiento progresivo".

Los nefastos presagios se confirmaron en el mediodía de ayer. El informe médico revelaba que Gil ya mostraba "signos de inestabilidad hemodinámica", sumados a la "inestabilidad neurológica" del día anterior, y que seguía con ventilación mecánica y sedación profunda. A media tarde, Gil entraba en "estado hipotenso", se quedaba sin pulso tras un nuevo problema coronario. Ya sólo se estaba a la espera de que certificase su fallecimiento, que se hizo oficial a las 18:45 horas aunque clínicamente se produjo casi tres horas antes.

Rezando y llorando.- Ya el jueves, quienes pudieron conversar con los allegados a Jesús Gil coincidían en que sólo un milagro podría salvar la vida de quien durante dieciséis años ejerció como presidente del Atlético y once como alcalde de Marbella. Gil había entrado en estado crítico, y sus familiares sólo rezaban para que el dueño del Atlético tuviese alguna posibilidad de sobrevivir.

La alarma aumentó ayer por la mañana después de que el equipo médico que atendía al ex presidente rojiblanco anunciase que había sufrido otra complicación. Su maltrecho corazón ya no bombeaba sangre. Tanto el entorno de Gil como las muchas personalidades que visitaron a sus allegados a lo largo del día no podían disimular su dolor mientras él se agarraba todavía a un hilo de vida. Sin embargo, ayer por la mañana, cuando Gil ya mostraba signos de "inestabilidad neurológica", el capellán del la clínica le administraba el sacramento de la Unción de los Enfermos. El fatal desenlace era cuestión de horas.

Una vida intensa.- El corazón de Jesús Gil dejó de latir después de verse sometido durante medio siglo al ineludible castigo de una vida intensa, sin pausa, repleta de excesos y siempre envuelta en polémica, en el filo de la navaja y de la ley. El Atlético de Madrid y la alcaldía de Marbella centraron en las últimas décadas la polifacética existencia de un personaje único, ególatra y ambicioso, que se hizo millonario con la especulación inmobiliaria, sufrió tres veces la cárcel, visitó en un centenar de ocasiones el juzgado y batió el récord de entrenadores, despidos de futbolistas y expedientes e inhabilitaciones por sus guerras contra la Federación, los árbitros y la UEFA.

Con un corazón inmenso para los suyos, su trayectoria vital dibujó el perfil de un hombre emprendedor, visceral, con tics fascistoides que jamás negó. Siempre tomó decisiones en función de su parecer personal, se peleó con gentes a las que luego abrazó, y vibró y sufrió como nadie las victorias y las derrotas de su equipo. Diferente a todo y a todos, nunca pasó desapercibido y llegó a ser considerado uno de los tipos más populares de España. De tanto forzar la máquina, Jesús Gil acabó por gripar el motor de sus éxitos empresariales, políticos y deportivos. Tanto poder pretendió incluso en Ceuta y Melilla que, según confesó en repetidas ocasiones, por ello inició su declive.

La tragedia de San Rafael.- Nacido en Burgo de Osma (Soria) hace 71 años, comenzó a estudiar Ciencias Económicas en Madrid, pero enseguida dejó los libros para montar su primer negocio: una tienda de repuestos de automóviles que poco después cambiaría por la compra-venta de solares. Con 36 años se convirtió en constructor y levantó de la nada la urbanización de Los Ángeles de San Rafael. Pero poco después de concluir las obras, el 15 de junio de 1969, mientras 300 comensales ocupaban el restaurante, el techo se desplomó y mató a 58 personas. Este trágico suceso marcó su vida y le condujo a prisión durante 18 meses. Fue puesto en libertad gracias a un indulto de Franco y previo pago de 400 millones de pesetas. Tras salir de la cárcel reanudó sus negocios en la zona y se hizo "cliente" habitual de los tribunales por denuncias y condenas.

Deseoso de fama, el 27 de junio de 1987, Gil, de la mano del portugués Paulo Futre, con quien luego mantendría una larga e intensa relación de amor y odio, accedió a la presidencia del Atlético de Madrid tras imponerse en las elecciones. Antes, había formado parte durante ocho meses de la directiva de Vicente Calderón.

Uno de los precursores de los ingresos atípicos en el fútbol, no necesitó someterse de nuevo el veredicto de las urnas y gobernó el club desde que en 1992 adquirió de forma presuntamente irregular el 95% del capital social de la entidad, durante su transformación en sociedad anónima deportiva. De ahí nació el "caso Atlético", todavía pendiente de resolución en el Tribunal Supremo.

Gloria e infierno.- El año pasado, la Audiencia Nacional le condenó a tres años de cárcel por delitos de apropiación indebida y estafa, y consideró probado que, con la ayuda de Enrique Cerezo, urdió una complicada maquinación para apoderarse del Atlético sin desembolsar el importe de las acciones. En febrero de este año, Gil recuperó la propiedad en toda regla del club. La Audiencia le devolvió las acciones embargadas tras pagar los 2.000 millones de pesetas exigidos en cumplimiento de la sentencia.

Hasta que oficialmente dejó la presidencia, que no el accionariado, a finales de la pasada temporada, Jesús Gil estuvo 16 años al frente del club colchonero. Conoció la mayor gloria de su historia, con el doblete Liga-Copa de 1996, y el infierno, con ese descenso del año 2000 que tuvo al Atlético dos años en Segunda. Antes, los desmanes de Gil llevaron al club a ser intervenido judicial y administrativamente.

Con sólo cuatro títulos en este período, la referida Liga y tres Copas del Rey, Gil fue un devorador de entrenadores. Conoció nada menos que a 27, desde César Luis Menotti a Gregorio Manzano, pasando, entre otros, por nombres como Maguregui, Atkinson, Addison, Clemente, Peiró, D'Alessandro, Maturana, Basile, Antic, Sacchi, Ranieri, Marcos Alonso o Luis Aragonés, con quien tuvo sus más y sus menos muchas veces.

Agresión a Caneda.- Sus relaciones con emblemas rojiblancos como Arteche, despedido sin razones jurídicas, Futre, Kiko y recientemente incluso Fernando Torres, nunca se caracterizaron por la virtud del término medio. Fichajes sobresalientes, casos del extremo portugués, Schuster, Vieri o Hasselbaink, contrastaron con salidas del club tan discutibles como las de Valerón, Baraja o Molina. Los atléticos no olvidarán que Raúl viste de blanco porque Gil decidió cargarse de un plumazo la cantera.

El historial disciplinario no pudo ser más extenso. Desde que el Comité de Competición le abriera el primer expediente, el 14 de febrero de 1990, fue inhabilitado en 12 ocasiones hasta sumar 93 meses de suspensión. La UEFA le apartó por otros 18 meses por llamar "maricón" al árbitro francés Vautrot. Gil pasará también a la historia por la bochornosa agresión al presidente del Compostela, José María Caneda, a las puertas de la Liga de Fútbol Profesional (1996).

Gracias a la popularidad del fútbol, Gil inicia la carrera política. En mayo de 1991 se presenta a las elecciones municipales por el Grupo Independiente Liberal a la alcaldía de Marbella y logra la mayoría absoluta. Comienza una gestión repleta de polémica. Algunos medios financieros calculaban hace cinco años su fortuna en más de 20.000 millones de pesetas.

Camisetas malditas.- Gil deja de ser alcalde después de once años, en cumplimiento de una sentencia del Supremo que le condenó a 28 años de inhabilitación para ejercer todo cargo público y seis meses de cárcel por la sustracción de 30 millones de euros de las arcas municipales. Tras una semana en Alcalá Meco, queda libre previa fianza de 700.000 euros.

Confiesa entonces que su gran error de "imbécil" fue considerar que Marbella era suya, pero afirma que jamás había robado. Asegura que sufre una "persecución y carnicería política" por su proyecto de gobierno en las dos ciudades españolas del norte de África.

Fue su penúltima estancia entre rejas. Antes, en enero de 1999, fue encarcelado en Málaga, imputado por tres presuntos delitos de malversación, prevaricación y falsedad en documento público referidos a los contratos de publicidad suscritos entre el Ayuntamiento y el Atlético, al "traspaso" de 450 millones de pesetas desde las arcas municipales al club en el llamado "caso de las camisetas".