Santa Cruz de Tenerife

La angustia de los republicanos

El mediodía del Viernes Santo saldrá de la iglesia de El Pilar la procesión de la Virgen de las Angustias, talla realizada hace 200 años. Este culto fue punto de encuentro del otro Santa Cruz por motivos menos religiosos y más políticos.
HUMBERTO GONAR, Tenerife
4/abr/04 11:25 AM
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La iglesia de El Pilar custodia una de las imágenes de mayor calidad artística de cuantas salen a las calles chicharreras cada Semana Santa desde el siglo XIX. La cita con la Virgen de las Angustias tiene lugar el mediodía del Viernes Santo y en su historia se descubre la otra cara, más política y menos religiosa, que motivó que su recorrido se conociera como la Procesión de los Republicanos. Paradójicamente, la misma advocación mariana es la patrona en Granada de los Alféreces Provisionales, dijo Juan del Castillo en su pregón cuaresmal de 1999.

El sobrenombre de la Procesión de los Republicanos tiene su origen en la anécdota que protagonizara en la segunda década del siglo XX el que fuera alcalde accidental de Santa Cruz entre 1913 y 1915, Emilio Calzadilla, abogado que ejerció como notario en La Gomera y conocido republicano. Los concejales se negaron entonces a pagar a la banda de música para que participara en la procesión y el alcalde resolvió el entuerto con su ofrecimiento personal a abonar los honorarios.

En años sucesivos, coincidiendo con la Segunda República (1931-1936), la procesión ya incluía tres paradas singulares: la desaparecida librería Delgado Yumar, en la calle San Francisco, sede de los republicanos y donde la banda interpretaba el "Adiós a la vida", de Tosca; y frente a los domicilios del alcalde Andrés Orozco, en la calle del Castillo, y del abogado Ramón Gil Roldán, en Teobaldo Power.

Incluso en plena dictadura, un testigo que prefiere guardar el anonimato recuerda cómo "se reunía un grupo de republicanos a la altura de la librería Delgado Yumar y, al paso de la Virgen, enarbolaban las banderas republicanas que sacaban de sus bolsillos, donde las llevaban escondidas, provocando una revuelta al contravenir la ideología del régimen de aquella época".

Años después, los feligreses que participaron en la procesión del año 2002, cuando se recuperó parte del recorrido original, al bajar por la calle Emilio Calzadilla vieron cómo una bandera republicana asomaba en la fachada de la Escuela Montessori.

El autor.- Gerardo Fuentes, en su estudio "Canarias: el clasicismo en la escultura", cuenta que "Miguel (Arroyo) vino al mundo en 1770 y fue bautizado en la parroquia matriz de la Concepción de Santa Cruz el 26 de octubre del mismo año".

Miguel era el mayor de tres hermanos del matrimonio formado por José Arroyo, marinero de Zaragoza, y la arafera Rosalía, que desde niña se trasladó con sus padres a Santa Cruz debido al auge de la empresa familiar, dedicada a la cera. Los padres del autor de Las Angustias fijaron su residencia en el número 34 de la calle de San Felipe Neri, que fue renombrada el 5 de abril de 1916 en honor de Emilio Calzadilla, fallecido el 12 de marzo de ese año.

De haber sido coetáneos Arroyo y Calzadilla, entre los que existe un desfase de décadas, hubieran vivido puerta con puerta.

En la casa de la familia Arroyo, Miguel tenía un pequeño taller en donde se cree que realizó en los meses de 1803 la talla de la Virgen de Las Angustias, que donara en marzo del año siguiente a la parroquia de El Pilar.

Emilio Calzadilla, por su parte, residió en el número 32 y falleció inesperadamente. Curiosamente, el destino ha permitido que ambos inmuebles sean hoy propiedad de la Escuela Montessori.

La imagen.- En busca del origen de la talla, el catedrático de instituto José María Mesa Martín recupera en un artículo publicado en el programa de la Semana Santa de Santa Cruz de Tenerife 2001 los datos de un inventario de la iglesia de El Pilar del siglo XIX, en el que reza que "Miguel Arroyo donó la imagen en 1793". Sin embargo, la inscripción que él mismo realizó en la talla contradice este dato. En ella se lee textualmente: "Miguel Arroyo la hizo y dio a la Iglesia de N.S. del Pilar, siendo su Beneficiado don Carlos Benavides Rodríguez. Año de 1804".

La talla es casi tan antigua como la iglesia en la que se custodia, que fue instituida como "ayuda parroquial, sin pila bautismal y sin poder celebrar matrimonios" el 2 de noviembre de 1797. El 18 de mayo de 1848 se trasladó el Santísimo Sacramento desde San Francisco hasta El Pilar "por ofrecer más comodidad a los fieles". Es más, fue "heredada" para su custodia por los Padres Claretianos, cuando en 1898 asumieron la gestión pastoral de este templo.

La imagen de Nuestra Señora de las Angustias es una talla de candelero, de estilo clasicista, que mide 1,50 metros, obra de Miguel Arroyo, acreditado artista dentro de la plástica barroca al que se le atribuye también el Crucificado (venerado en San Juan Degollado, de Arafo) y la Virgen de Candelaria, de la parroquia matriz de Nuestra Señora de La Concepción, según el estudioso Gerardo Fuentes.

Sin embargo, se considera una escultura excepcional realizada por un vecino de Santa Cruz que se inició en este arte en el taller de cera que regentaba su familia y que abastecía los conventos y principales iglesias. Esta actividad la ejercía en los ratos libres que le permitía su formación sacerdotal, que culminó con su ordenación, en 1793, cuando contaba con veintitrés años, después de que el 14 de noviembre de 1790 tomara los hábitos de la Orden Tercera de San Francisco.

Ya fuera por sus inquietudes sociales y políticas o porque se refugió en la iglesia para su formación cultural, Miguel Arroyo abandona el ministerio sacerdotal para, el 10 de mayo de 1806, el mismo año de la muerte de su padre, contraer matrimonio con Manuela Castellano, de 32 años, estableciéndose la pareja en el domicilio paterno.

La noche de aquel 5 de febrero de 1819, con 49 años, fallece, dejando viuda y tres hijas: Ramona, de 12 años; Margarita, de 10, y una tercera, a la que curiosamente bautizó como María de las Angustias, de un año, que también falleció en 1820.

Esta cronología cuestiona la veracidad de la tradición oral que cuenta que Arroyo dio a la imagen de la Virgen los rasgos fisionómicos de su hija Angustias, salvo que el parecido sólo fuera fruto de una mera inspiración divina.