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La ermita de San Diego, entre la historia y la leyenda

El Cabildo tinerfeño ha aprobado un proyecto que devolverá a la histórica construcción religiosa el aspecto perdido, lo que supondrá una inversión de 500.000 euros. El inmueble se remonta al siglo XVII y presenta una situación interior desoladora debido a la acción de agentes naturales como la lluvia.
D. BARBUZANO, La Laguna
19/oct/03 14:31 PM
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La ermita de San Diego del Monte y su entorno es uno de los lugares más bellos de La Laguna, y en ella confluyen los caminos de la historia del convento en el que se integra y la leyenda que gira en torno al muro del diablo, que, según el pueblo, construyen los vecinos y aparece misteriosamente cada día en el suelo. Además, en la espesura del monte se encuentra la cueva de Satanás y el lugar donde antaño bailaban las brujas, siendo notorio que las curanderas hacían sus prácticas un poco más abajo, en el lugar conocido como Los Cuatro Caminos.

En el año 1615, Juan de Ayala, que fundó el monasterio, dispuso que sus bienes y derechos fueran heredados por los franciscanos descalzos de San Diego. El convento sufrió a lo largo de su historia muchos problemas en forma de pleitos, litigios y clausuras. Su primer vicario fue el padre Gonzalo Temudo, quien, con doce religiosos, formó la comunidad monacal en 1648, aunque la construcción definitiva del edificio no tuvo lugar hasta 1672.

El espacio que ocupó el antiguo convento y las tierras que lo rodean es propiedad privada. La ermita pertenece a la Iglesia y fue objeto de ataques por parte de aquellos estudiantes que nunca comprendieron el componente romántico de la fuga de San Diego. La ermita fue cerrada al público y, fruto del abandono y de la acción de los agentes naturales como la lluvia, hoy presenta un aspecto muy desolador en su interior.

Bien de Interés Cultural

Ahora, el Cabildo Insular de Tenerife acaba de aprobar el proyecto de restauración de la ermita, cuyo coste superará los 500.000 euros, obra que se incluye dentro del Plan Insular de Patrimonio Histórico. El consejero insular de Cultura, Miguel Delgado, ha destacado que la ermita de San Diego se encuentra en trámites de declaración como Bien de Interés Cultural, cuyo deterioro ha llevado a restaurar y rehabilitar íntegramente su nave principal.

La primera fase del proyecto contempla la estabilización de la estructura del edificio, la recuperación de los elementos originales y la reposición de las partes irrecuperables por otras nuevas, así como la instalación de la iluminación y aparatos de detección y protección de incendios.

La fuga de los estudiantes

El próximo mes de noviembre se celebra la fuga de San Diego, ahora mismo un mero un recuerdo porque los estudiantes no acuden ni a la ermita ni al monte en busca de alegría y de alguna historia de amor. Ahora prefieren divertirse en fiestas privadas, aunque algunos de los jóvenes del ayer, hombres de hoy, aún recorren el paseo tradicional, trayendo al pensamiento recuerdos de una época pasada.

Noviembre es el mes idóneo para recordar a Fray Juan de Jesús, más popularmente conocido como el Siervo de Dios que fue asesor religioso de Sor María de Jesús, la monja incorrupta del convento de Santa Catalina. Un religioso de rara humildad y pobreza, según los historiadores.

La fuga de San Diego se re-monta a 1919, cuando llegó a La Laguna el catedrático Diego Jiménez de Cisneros. Como un año impidió que los alumnos acudieran a la romería de San Diego, no asistieron a clase, lo que se repitió anualmente.

Los estudiantes acostumbraban a contar los botones de la estatua del fundador del convento, Juan de Ayala, que hoy está en la iglesia de la Concepción, que según la tradición servía para aprobar el curso.