Santa Cruz de Tenerife

El Sagrado Corazón: un cuarto de siglo de relación con los fieles de la capital

El complejo parroquial, el primero creado como tal en la Diócesis Nivariense, cumplió 25 años de existencia el pasado mes de diciembre. La idea de su construcción, que partió del obispo Luis Franco Cascón, tuvo su origen en el año 1963, aunque no se haría realidad hasta que el templo fue bendecido, en 1977.

EL DÍA, Santa Cruz de Tenerife
6/ene/03 21:33 PM
Edición impresa

En 1977 se produjo la bendición del recinto del Sagrado Corazón siendo su sacerdote titular Armando Montoliú, ejecutor de una idea inicial que partió del obispo Luis Franco Cascón.

Corría noviembre del año de 1963 y Montoliú Marsal era el párroco de Tacoronte. El entonces obispo de la Diócesis Nivarense le encargó construir la iglesia del Sagrado Corazón para lo que no había ni terreno adquirido.

Y así empezó la historia del, a la postre, primer complejo parroquial que hubo en la diócesis.

Antonio Montoliú se encargó de dos parroquias: la de Nuestra Señora de Fátima, en el psiquiátrico, que tenía algunas obras iniciadas, y la del Sagrado Corazón, en la que había que partir de cero. Una vez afrontada la compra de los terrenos, de unos 3.000 metros cuadrados y situados en los límites de las calles Horacio Nelson y Enrique Wolfson, parcelas que pertenecían a las familias Oramas y Adhlers, comenzaron los trabajos.

Después de un tiempo provisional en un pabellón habilitado en el Colegio Alemán y en una capilla de las Escuelas Pías, las obras se iniciaron en mayo de 1972. El 20 de diciembre de 1977 fue bendecida la parroquia.

Sin ayuda de nadie

No estaba del todo acabada, pero la mala salud del arquitecto, Enrique Romeu de Armas, que fallecería en enero, precipitó la inauguración.

Antonio Montoliú quiere expresar su agradecimiento "a las comunidades religiosas que nos ayudaron en los inicios, al Colegio Alemán y, sobre todo, al Ejército que realizó la construcción; sólo tuvimos que afrontar el pago de los materiales y la nómina del personal civil".

"No recibimos - continuó - ayuda de nadie sino que todo se costeó con las subvenciones de los fieles. Me preguntaban si dormía tranquilo y siempre dije que sí, que los que no lo debían hacer era los que tenían que cobrar", explica.

"Al final se pagó todo y cuando entregué la parroquia a mi digno sucesor, Norberto, le dejé un superávit de más de cuatro millones y medio de pesetas".