Santa Cruz de Tenerife

La ermita de San Telmo, la primera de Santa Cruz


17/mar/02 21:56 PM
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Después de permanecer cerrada durante 27 años, la ermita de San Telmo del barrio de El Cabo fue reabierta al culto en mayo de 2001, después de que fuera restaurada en 1998. Desde su clausura, la celebración en honor al santo hubo de desarrollarse en otros templos, como la ermita de Regla o en la parroquia del barrio de La Salud.

Edificada a mediados del siglo XVI, fue promovida por la cofradía de mareantes o pescadores en honor a su patrono. Hacia 1800 nadie quería hacerse cargo de su administración y en 1856, previo acuerdo del gremio, se transformó en depósito de cadáveres hasta que tres años más tarde la Marina solicitó la ermita por ser templo de devoción marinera. Para dar forma legal a la cesión, el obispo nombró mayordomo al delegado de la Comandancia, a lo que se le negó después de que se le pidiera una fianza, tal y como narra Alejandro Cioranescu en su "Historia de Santa Cruz".

A pesar de que a principios del siglo XIX tenía todavía una gran actividad, a finales de esos años se instaló en su interior una cocina económica para los pobres de la Capital.

Custodia durante años de la Cruz de Conquista, hasta su traslado a la parroquia matriz de La Concepción, el culto oficial a este símbolo hizo cobrar nuevos bríos al inmueble. De hecho, Cioranescu explica que la plaza cuadrada que se extendía delante y a la izquierda de la fachada se animaba los días de fiesta en honor al santo y a la Cruz.

El derribo de la torre

La torre, que fue construida en 1893, amenazaba ruina 20 años después. Según el historiador, el alcalde Mandillo pidió en 1918 al cura párroco que la reparase para evitar un accidente, a lo que éste contestó ni él ni los vecinos del barrio disponían del dinero necesario y que lo mejor era derribarla, un hecho que ocasionó desperfectos a una casa vecina, por lo que el Ayuntamiento tuvo que abonar 2.974 pesetas.

La necesidad de construcción de una calle obligó a recortar la superficie del templo, que quedó reducido a una extensión de 130 metros cuadrados, lo que se consideraba suficiente para las pocas necesidades de espacio que tenía.

El municipio se hizo con San Telmo gracias a una permuta de terrenos realizada entre el Ayuntamiento y el Obispado, por la que éste cedía el suelo preciso para edificar la iglesia de Santo Domingo, en la barriada de La Victoria. El Consistorio se comprometió a que, en caso de derribo, se erigiera allí un monumento en recuerdo a la primera misa que se ofició en San Telmo.