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Ir al índice de GenteMiércoles, 24
octubre 2001


Pasión por lo típico

Luciano lleva desde 1958 dedicado a la fabricación de chácaras y tambores en La Gomera, concretamente en La Palmita, en el municipio de Agulo, donde convive con su mujer y se dedica a la agricultura.

Luciano quiere recuperar un viejo tambor al que tenía mucho cariño y que perdió, como dice, por confiado. La historia es la siguiente: "Vino un hombre un día y dijo que era profesor en el Sur de Tenerife, y que quería un tambor para regalar a su esposa embarazada. Como no me quedaban le ofrecí mi viejo tambor, con la condición de que le haría otro para cambiárselo más adelante. De eso hace ya meses y todavía lo estoy esperando".

MARISOL BARROSO, S/C Tenerife Aunque en La Palmita todos lo conocen por Luciano, el verdadero nombre de este artesano gomero es Abraham Conrado Cordobés, acreditado constructor de chácaras y tambores y uno de los pocos que aún quedan en la Isla dedicados a este quehacer.

Encontrarlo no es tarea fácil. El caserío de La Palmita, situado en el municipio gomero de Agulo, parece alejado del resto del mundo. Tras recorrer varios kilómetros sin un alma, por fin, a lo lejos, en un barranco damos con este popular personaje.

Nacido en el año 1926, Luciano dedica todo el tiempo libre que le dejan las duras faenas agrícolas a confeccionar estos instrumentos, que vende sin tener que moverse de casa.

Sus clientes son de lo más variado: músicos, estudiantes, jubilados, comerciantes y personas de todo tipo que se sienten interesadas en el folclore y en las tradiciones isleñas en general.

"Hay gente que viene desde Las Palmas o peninsulares que han llegado hasta aquí expresamente para comprar porque se han enterado, a su vez, por amigos de cómo localizarme. También me ha pasado que el mismo día que se celebra una fiesta popular aquí en La Gomera muchos vienen a por un par de chácaras o un tambor que llevarse a la procesión. Así ocurrió hace unas semanas con motivo de la que tuvo lugar en El Paso, en Alajeró".

Al volver la vista atrás, Luciano reconoce no haber tenido una vida fácil ni mucho menos cómoda.

En los años cincuenta emigró a Venezuela, y es que como recuerda, "los tiempos no eran buenos, y aunque hubiera habido dinero, no había ni zapatos que poder comprar".

Estuvo cinco años en aquel país trabajando en el sector de la construcción, hasta que, desencantado y con enorme añoranza de su tierra, decidió volver en 1958. Desde entonces construye chácaras y tambores.

Al preguntarle por los mejores recuerdos que conserva de su juventud, se le ilumina el rostro, y rememora una época en la que, con la mercancía al hombro, recorría a pie la distancia de varios kilómetros que separa su pueblo, La Palmita, del monte del Cedro, para venderla allí aprovechando la fiesta de Lourdes que hace unos años se celebraba en la zona norte de la Isla. "Además de ser un buen punto de venta, yo también participaba en la celebración y me lo pasaba fenomenal. Es una pena que no se pueda disfrutar de una fiesta igual hoy en día, ya sabe usted, por lo del peligro de incendio y todo eso...".
En su pequeño taller, situado junto al lagar, Luciano era capaz de elaborar un par de chácaras en un solo día. "Ahora, la artrosis me impide tener la misma agilidad de hace unos años", nos dice con triste resignación.
Para su fabricación emplea distintos tipos de madera, dependiendo de su disponibilidad, aunque su preferida es la del moral: "Es más dura para trabajar en ella, pero es de mucho mayor calidad".
Otras a las que también recurre son la caoba y el castaño.
Por otra parte, para los tambores usa madera de caoba, mimbre y cuero de vaca.
Para la confección completa de uno de estos instrumentos, Luciano insiste en que sólo necesita "unas cuantas horas libres y bastante tranquilidad. Tengo una cabra y varias gallinas que atender y, además he estado los últimos días con mis hijos en lo de la vendimia y no he tenido tiempo de sentarme un momento. Espero que las cosas cambien y pueda volver a mis asuntos, porque mi paga y la de mi mujer son pequeñas y el dinero que gano con los instrumentos nos ayuda a salir adelante".
Luciano se jacta de haber conocido en la vida a mucha gente: buena, mala, generosa y ruín; pero en lo que todos coinciden es en su interés por las tradiciones isleñas. Al contrario de lo que muchos pudieran pensar, la entrada del nuevo siglo ha supuesto un renacer del interés que había por lo tradicional y por el folclore. "A casa viene mucha juventud que quiere ver cómo trabajo y hace muchas preguntas. La televisión también vino hace un tiempo y me grabó para echarlo otro día por la tele, aunque yo me lo perdí. Me alegro de que no se olviden de La Gomera, que es lo más importante de todo".
Luciano se tiene que despedir a toda prisa de nosotros y es que ¡quien lo diría!, a su modo, la vida en La Palmita también tiene su ajetreo y debe atender a las gallinas.
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