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LA NECEDAD DEL VULGO FLORILÁN ALGUIEN se lamentaba hace pocos días en una reunión particular de lo bajo que ha caído el idioma y el vocabulario en las conversaciones protagonizadas por los responsables de programas de la televisión. Aparte de que en muchos temas se ha llegado a la ñoñería, expresaba, lo que es lo mismo que decir a la tontería o a la imbecilidad, el diálogo se ha degradado y el vocabulario se ha ganado el calificativo de cutre o deleznable. Sobre esto, como se sabe, se ha hablado mucho, por lo que la cuestión no es nueva. La primera vez, que yo sepa, que se puso el asunto sobre el tapete, se remonta al siglo XVI, cuando todavía ni los más futuristas soñaban conque algún día existiera la televisión. Fue nada menos que el Fénix de los Ingenios y «Monstruo de la Naturaleza», como lo calificó Cervantes, Félix Lope de Vega y Carpio, el que nos dio su punto de vista sobre la cuestión. Aunque nacido en Madrid, Lope de Vega era de una familia humilde procedente de la Montaña de Santander. Se hizo clérigo en 1614, sin que por ello - eran otros tiempos - dejara de llevar una vida galante. Vivió 73 años, lo que era mucho para entonces, y su extraordinaria actividad y su fabuloso ingenio hicieron de él una de las personas más doctas y experimentadas de su época, mereciendo, como digo, el calificativo de «monstruo» que le dio el manco de Lepanto. Llegó a escribir más de 1.500 comedias, pero sin dejar de sobresalir por ello en otros géneros. Pero lo mismo que hacía comedias tuvo muchos hijos de distintas mujeres, pero sin embargo no fue nunca feliz. Vio cómo sus hijos morían y una que sobrevivió, Antoñita Clara, de 17 años y de gran belleza, fue raptada por un galán de la corte, lo que fue motivo de que muriera con esa gran pena. Pero volviendo al tema, del que nos hemos apartado un poco, o un mucho, Lope de Vega hizo una afirmación en verso sobre ese estilo vulgar que no le compromete mucho, la verdad; es decir, si es bueno o malo. El sólo dejó constancia de una realidad simplemente: de los gustos de la gente popular. Manifestó: «El vulgo es necio, y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto». Parece ser que eso lo había dicho a viva voz, pero luego, en el «Arte nuevo de hacer comedias», ratificó lo que había expresado: «Escribo por el arte que inventaron/ los que el vulgar aplauso pretendieron,/ porque como lo paga el vulgo, es justo,/ hablar en necio para darle gusto». Como digo, Lope de Vega no entró en decir si la misión del que escribe o habla por un medio es educar y entretener, por lo que debería tender más hacia arriba, que hacia abajo, es decir, a enseñar más que a confundir y convertir en carreteros del lenguaje a los oyentes o lectores, que es lo que piensa la mayoría de la sociedad burguesa de nuestro país. Lo que vino a decir Lope de Vega escuetamente, traduciéndolo a nuestro panorama actual, es que si no hubiera tantos lectores de las revistas del corazón, éstas no existirían, y si no tuvieran tantos clientes «Crónicas marcianas» y «Tómbola», dichos programas hubieran dejado de existir hace mucho tiempo. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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