Les ponemos en antecedentes. Una mujer limpiando en su casa encuentra -esto es una reproducción- tres fotografías de abusos sexuales hechas a su hija de 11 años. La imagen de los dedos era lo único que tenían. Se sospecha de su pareja sentimental, por decirlo así, el padrastro, pero había demostrarlo. Con orden judicial, repitieron las fotos de las manos con la misma posición. Y las revelaron, algo que la Guardia Civil no hacía desde hace 15 años, como nos reconoce el capitán Herrero, director técnino del Área de Identificación Lofoscópica: "Lo mejor es el positivo fotográfico, da más definición que una pantalla, que a veces se refleja la luz". El presunto pederasta, de 57 años, administraba fármacos a la niña y abusaba de ella. Ahora ha podido ser imputado gracias a la concienzuda labor científica de los agentes, que han logrado todo un hito en la criminalística: la identificación por primera vez de una persona por el dorso de los dedos.