Una silla sobre otra y el acróbata noruego con el cuerpo hacia arriba con sólo un punto de sujección, sus manos. Sin red de protección y vestido con una mallot, así trabaja Eskil, un noruego de apellido impronunciable que se juega la vida en la provincia de Hunan en China. Sobre un puente colgante a 330 metros de altura y con la belleza de cañón al fondo, realiza su performance.