Rita Barberá se ha prsentado en el Supremo con la sonrisa puesta, sin mediar palabra y con menos estrépito que otros altos cargos a los que se ha visto pasar por el arco de seguridad de este mismo tribunal. Rita, en horas bajas, ya sin mando y apartada del PP, comparecía como senadora independiente, a petición propia, investigada por blanqueo de capitales en su etapa de alcaldesa de Valencia. Por las supuestas donaciones al partido de 1.000 euros a cambio de dos billetes de 500, el llamado "pitufeo". Tras una hora y poco de declaración se ha ido como ha llegado: sin explicaciones.