Un gesto resume a qué ha quedado reducida la imagen del exvicepresidente del Gobierno, Rodrigo Rato. La mano, entre protectora y conminatoria, del agente de Aduanas sobre la cabeza de Rato cuando salía detenido de su domicilio, como un bautismo de incriminación. Era toda una puesta en escena de la caída del que fue uno de los hombres más poderosos de España.