Eran las ocho y cuarto de la tarde, cuando un camión de gran tonelaje arrolla a una multitud en el centro de Berlín. Un reguero de sangre tiñe el suelo de la calle peatonal, que a esa hora, como es tradición en estas fechas, estaba abarrotada. Caos, desolación... La gente deambulaba en estado de shock. La zona atacada es una de las más comerciales y transitadas de la capital alemana. El camión circulaba por la calle Hardenber, el lugar donde se instala el mercadillo navideño, frente a la famosa Iglesia del Recuerdo. El conductor hizo un giro brusco para subirse a la acera y arrollar las primeras casetas. Recorrió unos 80 metros hasta que se estrelló contra una abeto gigante, lo que impidió que la tragedia fuera aún mayor.