Todo conduce una vez más a Mollenbeck, el barrio de Bruselas donde el yihadismo ha construido un santuario. Fue aquí donde por fin, la semana pasada, fue capturado Salah Abdeslam. 125 días después de participar en los atentados de Paris el único de 10 que no se quitó la vida. No tuvo ningún problema en llamar a unos amigos subirse a un coche y regresar a Mollenbeck. En su entorno directo que se sepa al menos dos importantes yihadistas, los dos huidos oficialmente aunque lo que se investiga ahora mismo es si son los que han atentado hoy. Uno de ellos era ya conocido, Mohamid Abrini grabado por una cámara en una gasolinera junto a Salah Abdeslam antes de los atentados de París. El otro, identificado ayer, es Nayim Lachrí, combatiente en Siria, su ADN se ha encontrado en los explosivos usados en los atentados de París. ¿Cómo es posible que vivan prácticamente a plena luz del día en el corazón de Europa? Se explica por el apoyo de familiares y amigos, una red de ayuda y una ley del silencio parecida a la que utiliza la mafia y que los mantiene blindados de la policía.