Con solo dieciocho años Antonio Ajeitos abandonó España para embarcarse en la flota noruega. “Estábamos trabajando codo con codo con otros tripulantes noruegos”, recuerda. Tras cuarenta y cuatro años de trabajo, ahora el estado nórdico le niega el derecho a percibir una pensión. “Nos sentimos completamente defraudados“, afirma el marinero jubilado.