La roseta canaria, declarada Bien de Interés Cultural: un hito para la artesanía de Tenerife
La roseta canaria, un símbolo de identidad del sur de Tenerife, ahora protegida como BIC, se integra en programas educativos y turísticos para promover un turismo respetuoso con la cultura local

La roseta canaria ya es BIC: el encaje que protege la memoria artesanal de Tenerife / El Día
La roseta canaria ya forma parte del catálogo oficial de bienes protegidos del Archipiélago. El 14 de octubre de 2025 fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC), un reconocimiento que supone un antes y un después para la preservación de esta delicada técnica de artesanía tradicional que ha pasado de madres a hijas —y también a hijos— durante generaciones, especialmente en el sur de Tenerife. La medida no solo pone en valor el trabajo minucioso de las roseteras, sino que refuerza la protección institucional de una de las expresiones más singulares del patrimonio cultural de Canarias.
La declaración de BIC es la máxima figura de protección del patrimonio cultural en el ámbito autonómico y está regulada por la legislación canaria en la materia. Con ella, la roseta canaria queda amparada como manifestación de carácter inmaterial vinculada a saberes y técnicas tradicionales. El reconocimiento implica medidas de salvaguarda, documentación, difusión y transmisión, fundamentales para garantizar que este conocimiento no se diluya en un contexto marcado por la globalización y la producción industrial.
Una técnica artesanal con siglos de historia en Tenerife
La roseta canaria es una modalidad de encaje que se elabora a partir de pequeñas piezas circulares tejidas con hilo —generalmente de algodón— que, una vez unidas, conforman composiciones mayores: tapetes, manteles, pañuelos o elementos decorativos. Cada roseta se realiza sobre un pequeño molde, tradicionalmente de cartón, donde se tensan los hilos antes de tejerlos con aguja. El resultado es una pieza geométrica, simétrica y de gran delicadeza.
En Tenerife, y de forma especial en municipios del sur como Vilaflor o Granadilla de Abona, esta técnica ha tenido un arraigo notable. Durante décadas, la elaboración de rosetas formó parte de la economía doméstica de muchas familias, complementando los ingresos agrícolas en zonas rurales. Las mujeres desempeñaron un papel esencial en la conservación y transmisión de esta labor, convirtiendo la artesanía textil en un elemento identitario del territorio.

La roseta canaria es una modalidad de encaje que se elabora a partir de pequeñas piezas circularesLa roseta canaria es una modalidad de encaje que se elabora a partir de pequeñas piezas circulares / El Día
Aunque no existe una fecha exacta que marque el origen de la roseta en Canarias, diversos estudios sobre el encaje y las labores textiles en el Archipiélago sitúan su desarrollo entre los siglos XIX y XX, en un contexto de intercambios comerciales y culturales. La técnica presenta similitudes con otros tipos de encaje, pero ha evolucionado con rasgos propios que la distinguen como manifestación singular canaria.
Qué implica ser Bien de Interés Cultural
La declaración como BIC no es un mero título honorífico. Supone el reconocimiento oficial de que la roseta canaria forma parte del patrimonio cultural que merece una protección específica por su valor histórico, etnográfico y social. En el caso de los bienes inmateriales, la legislación contempla acciones orientadas a la documentación de la técnica, el apoyo a su enseñanza y la promoción pública de su relevancia.

Maestros artesanos que se dedican a elaborar rosetas en Tenerife / Andrés Gutiérrez Taberne / ELD
Esto se traduce en una mayor visibilidad institucional, en la posibilidad de impulsar proyectos de formación y en la incorporación de la roseta a estrategias de difusión cultural y turística vinculadas a la identidad local. También implica que cualquier actuación que afecte a su transmisión o autenticidad deberá tener en cuenta su condición de bien protegido.
La protección del patrimonio inmaterial es una tendencia creciente a nivel internacional, alineada con los principios promovidos por organismos como la UNESCO, que subrayan la importancia de salvaguardar conocimientos y prácticas tradicionales. En el contexto canario, la inclusión de la roseta en el listado de BIC refuerza el compromiso con la diversidad cultural del Archipiélago.
El sur de Tenerife, corazón de las roseteras
Hablar de roseta canaria es hablar del sur de Tenerife. En municipios como Arona, San Miguel de Abona, Granadilla de Abona o Vilaflor, la práctica ha estado profundamente vinculada a la vida cotidiana. Las reuniones para tejer rosetas eran también espacios de encuentro social, donde se compartían historias, consejos y técnicas.
Con el paso del tiempo y los cambios socioeconómicos, el número de artesanas activas ha disminuido, aunque todavía existen colectivos, talleres y asociaciones que trabajan para mantener viva la tradición. La declaración como Bien de Interés Cultural llega en un momento clave, cuando la continuidad generacional se enfrenta a retos evidentes: la falta de relevo, la competencia de productos industriales y la menor presencia de las labores tradicionales en la vida diaria.
La artesanía en Canarias constituye un sector reconocido institucionalmente, con registros oficiales de artesanos y programas de apoyo. La roseta, como especialidad textil, se integra en este marco, pero su reconocimiento como BIC le otorga un nivel adicional de protección y prestigio.
Más que encaje: identidad, economía y cultura
Más allá de su dimensión estética, la roseta canaria es un símbolo de identidad. Cada pieza encierra horas de trabajo paciente y una técnica depurada que requiere precisión y destreza. La elaboración manual contrasta con los ritmos acelerados de la producción contemporánea, convirtiendo cada roseta en un objeto único.
Históricamente, la venta de rosetas y de piezas confeccionadas con ellas contribuyó a la economía familiar en distintos puntos del sur de Tenerife. En mercados locales y ferias de artesanía, estos trabajos encontraron salida comercial, reforzando el vínculo entre tradición y sustento económico.
En la actualidad, la puesta en valor de la artesanía tradicional se relaciona también con el turismo cultural. Los visitantes que recorren la isla buscan cada vez más experiencias auténticas y productos ligados al territorio. En ese contexto, la roseta puede convertirse en un elemento clave para promover un modelo de turismo respetuoso con la identidad local.
Un paso decisivo para el futuro
La declaración del 14 de octubre de 2025 supone, en términos prácticos, un impulso decisivo para la salvaguarda de la roseta canaria. El reconocimiento oficial contribuye a reforzar su presencia en programas educativos, exposiciones y actividades culturales. También facilita que se desarrollen iniciativas de investigación y documentación que permitan registrar patrones, técnicas y testimonios de las artesanas.
El reto ahora es transformar la protección legal en una protección real y efectiva. Para ello, será fundamental el trabajo coordinado entre administraciones públicas, colectivos artesanos y la comunidad local. La transmisión a las nuevas generaciones será la clave para que la roseta no quede reducida a una pieza de museo, sino que continúe viva en manos de quienes deseen aprenderla.

En un mundo donde lo efímero domina, la roseta canaria representa la paciencia, la memoria y la identidad. / La Provincia
El reconocimiento como Bien de Interés Cultural en Canarias no garantiza por sí solo la continuidad, pero sí crea un marco favorable para impulsar su revitalización. La roseta deja de ser vista únicamente como una labor doméstica para ocupar el lugar que le corresponde en el relato cultural de la isla.
En un mundo donde lo efímero domina, la roseta canaria representa la paciencia, la memoria y la identidad compartida. Su declaración como BIC es, en definitiva, un gesto de respeto hacia quienes la han mantenido viva durante generaciones y una invitación a mirar el patrimonio no como algo estático, sino como un legado dinámico que se construye día a día. Tenerife, y especialmente su sur, celebran así un reconocimiento que no solo protege una técnica artesanal, sino también una forma de entender la cultura y la comunidad.
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