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Polémica silueta

Demi Moore, Cannes y el regreso del fantasma de la delgadez extrema

La actriz y jurado del festival deslumbra en la alfombra roja con maravillosos vestidos de alta costura pero su imagen parece atrapada en el papel que interpretó en 'La sustancia'. En los últimos días el cambio físico de Olivia Wilde también ha encendido el debate

Demi Moore, en la alfombra roja de Cannes.

Demi Moore, en la alfombra roja de Cannes. / VALERY HACHE / AFP

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Laura Estirado

Barcelona

Demi Moore ha llegado a Cannes vestida de manera impecable, pero no ha podido evitar que la conversación vire hacia otro lugar: a sus brazos, a su clavícula, a esa delgadez extrema que empieza a ocupar otra vez el centro de la alfombra roja. Ya pasó en los últimos Oscars, no solo Moore, también Nicole Kidman y Emma Stone despertaron el fantasma del 'heroin chic' de los 90. Y lo mismo acaba de ocurrir hace tan solo unos días con Olivia Wilde, obligada a responder con un "I'm not dead" ("no estoy muerta"), después de que una aparición en el Festival de San Francisco se volviera viral por su aspecto casi en los huesos y con los ojos desencajados.

No son casos aislados: de los Oscar a la Met, de Cannes a los BAFTA, Hollywood parece estar ensayando el regreso de una silueta que juramos haber enterrado, que juramos que no volveríamos a aplaudir.

La diferencia es que esta vez no vuelve con ojeras grunge ni con el descaro nihilista de aquella Kate Moss de los 90. Vuelve perfumada, enjoyada, con firmas de lujo, entrenador personal y palabras como "inflamación", "limpieza", "disciplina", "proteína", "longevidad"... Antes se llamaba dieta. Ahora se llama optimización, Ozempic, Wegovy o Mounjaro.

CANNES (France), 14/05/2026.- Feature Films Jury Member Demi Moore attends the premiere of 'Fatherland' during the 79th annual Cannes Film Festival, in Cannes, France, 14 May 2026. The film festival runs from 12 to 23 May 2026. (Cine, Francia) EFE/EPA/CLEMENS BILAN

Demi Moore, en Cannes, con un espectacular diseño escultórico de Gucci firmado por Demna. / CLEMENS BILAN / EFE

Modelos de infarto

Demi Moore, jurado en Cannes, sabe vestir. Eso no admite discusión. En el 'photocall' ha brillado con un vestido blanco de lunares multicolor de Jacquemus, de la colección otoño-invierno 2026, con bolso a juego, gafas 'cat-eye' y zapatos blancos. Para la inauguración eligió otro Jacquemus plateado de lentejuelas, palabra de honor, acompañado de diamantes de Chopard. Después llegó el Gucci malva, de chifón drapeado, escote 'off shoulder', manga larga, abertura lateral y cola vaporosa; y más tarde un Gucci rojo escultórico, con cuello dramático y efecto papel arrugado. También ha lucido un vestido 'halter' azul noche con bordados florales, lentejuelas y pedrería para la gala 'Women in Cinema'. Moore elige bien: teatralidad justa, lujo reconocible, punto de riesgo, ningún volantazo, salvo el de esa melena que mueve como nadie. Pero esa precisión estética no tapa lo evidente: la moda vuelve a parecer más cara cuanto menos cuerpo contiene.

TOPSHOT - US actress and producer Demi Moore poses during a photocall of the members of the jury at the 79th edition of the Cannes Film Festival in Cannes, southern France on May 12, 2026. (Photo by Valery HACHE / AFP)

Moore, con un 'look' de Jacquemus, en la apertura de Cannes. / VALERY HACHE / AFP

No se trata de diagnosticar a Demi Moore, ni de convertir el cuerpo de una actriz de 63 años en una tertulia. Esa es la trampa. Si se comenta, parece crueldad. Si se calla, se deja que la rueda siga girando y se dé por bueno lo que no está bien, ni es sano, ni es ejemplo de bienestar. La cuestión no es si Demi está demasiado delgada, sino por qué la industria vuelve a iluminar como ideal cuerpos cada vez más estrechos, más angulosos, más cercanos a la desaparición.

Member of the jury US actress and producer Demi Moore arrives for the screening of the film "La Vie d'une femme" (A Woman's Life) at the 79th edition of the Cannes Film Festival in Cannes, southern France on May 13, 2026. (Photo by Valery HACHE / AFP)

La actriz Demi Moore, sobre la alfombra roja de Cannes, con el Gucci malva, de chifón drapeado, escote 'off shoulder'. / VALERY HACHE / AFP

Demi Moore, además, encarna una ironía perfecta. Viene de protagonizar 'La sustancia', una película sobre la violencia estética contra las mujeres y el terror a envejecer. Y ahora la vemos en Cannes convertida en una imagen fascinante e inquietante a la vez.

Era Ozempic

Revistas como 'Vogue' ya hablan de que la era Ozempic está cambiando 'el look' de la moda; las pasarelas vuelven a estar dominadas casi por completo por tallas mínimas.

El caso de Olivia Wilde es revelador por otro motivo. Ella ha dicho que la pillaron en un mal ángulo, con una lente deformante, durante una entrevista en vídeo. Luego, trató de desactivarlo con humor: en un vídeo publicado en las redes sociales, el hermano de Wilde, Charlie Cockburn, preguntó en tono de broma: "Olivia Wilde, ¿te gustaría abordar los recientes rumores de que eres un cadáver resucitado?". "Era un objetivo ojo de pez. No sé por qué estaba tan cerca de la cámara. No tenía por qué estarlo. Eso no es cierto", dijo ella, antes de decir entre risas: "No estoy muerta".

Restricciones, dinero y tiempo

El abdomen imposible es el nuevo fetiche. La prensa británica ha hablado del 'ab-shred' tras los BAFTA: vientres ultradefinidos, grasa corporal al mínimo, una estética que se vende como fortaleza pero que a menudo exige restricciones, dinero, tiempo y una vigilancia casi militar del propio cuerpo. No es exactamente delgadez noventera; es su versión 'boutique'. El 'heroin chic' pasado por Pilates, suplementos y medicina metabólica.

US actress and producer Demi Moore arrives for the Opening Ceremony and the screening of the film "La Venus electrique" (The Electric Kiss) at the 79th edition of the Cannes Film Festival in Cannes, southern France, on May 12, 2026. (Photo by Valery HACHE / AFP)

Moore, con un Jacquemus plateado de lentejuelas, palabra de honor. / VALERY HACHE / AFP

La moda siempre ha tenido una relación problemática con la carne; la de las mujeres. Durante unos años, la industria hizo penitencia: diversidad corporal, campañas inclusivas, discursos de aceptación. Pero aquello, visto ahora, parece más una pausa que una revolución.

Lo inquietante de este regreso es su buena educación. Nadie dice "quiero estar esquelética". Se dice "quiero estar deshinchada". Nadie dice "quiero desaparecer". Se dice "quiero estar limpia". La extrema delgadez ha aprendido a hablar el idioma del bienestar, y por eso resulta más difícil discutirla sin parecer antigua, histérica o moralista.

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