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CRISIS CLIMÁTICA

¿En tu jet o en el mío? Los ecologistas abren fuego contra las 'emisiones de lujo' de las 'celebrities'

El 'caso Mbappé' impacienta a los activistas climáticos tras un verano en que los ‘jets’ han cosido el cielo Una hora en avión privado equivale a tres meses de emisiones de un europeo

Kylie Jenner, Taylory Swift y Kylian Mbappe.

La carcajada de Mbappé al sugerirle el tren para desplazarse de París a Nantes a disputar el encuentro del PSG con la Juventus. El pavoneo en Instagram de Kylie Jenner y su pareja, Travis Scott, que, plantados entre sus respectivos jets, se preguntan: "¿Vamos en el tuyo o en el mío?". Los 170 viajes en avioneta –en lo que va de año– de Taylor Swift, que encabeza el ránking de celebridades que más huella de carbono producen por vía aérea (8.293 toneladas de CO2), según ADS-BExchange, fuente de la activa cuenta de Twitter @CelebJets. Esta y otras ostentaciones impacientan a los activistas climáticos en un momento en que, según cálculos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), los recursos previstos para todo 2022 se agotaron el pasado 28 de julio y el planeta ya da vueltas en números rojos.

Los 'jets' no son el único lujo 'anticlimático' que exhiben ufanos los influyentes, pero, como la sangre, son los más escandalosos: por innecesarios –hay registro de trayectos de 10 minutos– y porque una hora de vuelo emite dos toneladas de CO2, cuando la media de un ciudadano de la UE es de 8,2 toneladas en todo un año, según estima Transport & Environment.

El disparatado caso de Elon Musk

Aitor Urruticoechea, uno de los coordinadores estatales de Fridays for Future, que ve problemático el caso de los futbolistas –"algunos proceden de entornos humildes y pueden ser vistos como ejemplos de superación"–, añade el disparatado caso de Elon Musk, el fundador de Tesla, que se jacta de potenciar una movilidad sostenible, pero no se despega del 'jet' (un 'bot' de Twitter, @ElonJet, detalla cada vuelo que realiza). Y Pablo Muñoz, de Ecologistas en Acción, pone el zoom en España y señala que el 'Falcon' del presidente español "consume en una hora de vuelo unos 1.300 litros de combustible, lo que equivale a dos toneladas de CO2, la huella de carbono de un ciudadano español en torno a cinco meses".

La narrativa importa

"El problema no es –solo– que desprecien el impacto energético que causan, es que están en una posición en la que la gente lo puede normalizar", alerta el activista ambiental Andreu Escrivà. "El papel de los 'jets' privados en el balance de carbono global es pequeño, pero a nivel simbólico, emocional y narrativo, si los que tienen privilegios se ríen del resto, la transición ecológica puede ser percibida como injusta, porque el esfuerzo no es compartido», puntualiza Escrivà. "Urgen cambios estructurales, pero necesitamos que los 'mbappés' del mundo no ser rían cuando les preguntan si van en tren", matiza.

"A nivel simbólico y emocional, si los que tienen privilegios se ríen del resto, la transición ecológica puede ser percibida como injusta", señala el ambientalista Andreu Escrivà

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A su juicio, son importantes las muestras de rechazo de los propios seguidores y la constelación de cuentas en redes que hacen de altaos años 90, han orientado sus políticas a privilegiar la aviación -ampliación de los aeropuertos, exenciones fiscales-, frente a la alternativa ferroviaria".

"Es un problema sistémico -coinciden desde Fridays for Future-, está en nuestra manera de vivir, de producir y de relacionarnos, pero para presionar a los gobiernos necesitamos la implicación de los referentes culturales, de su efecto contagio". "Lo hemos visto en la campaña MeToo, que inició una mujer negra y pobre, Tarana Burke, pero que dos años después estalló cuando una actriz dio el paso adelante y generó un efecto bola de nieve", anota María García.

"En un contexto de decrecimiento de recursos energéticos y materiales, la forma de darle la vuelta es presentar modelos de coherencia, con 'influencers' que hablen de su disfrute poniendo el bien común por delante", anota María García. Un ejemplo sería el del Forest Green Rovers, equipo que no tiene la estatura del Manchester ni el City, pero que es el primer club de fútbol 100% ecologista del mundo: ofrece menús veganos los días de partido, viste equipaciones confeccionadas con residuos de café molido y plástico reciclado, y juega sobre un césped libre de químicos. Unos valores que llevaron al defensa del Barça Héctor Bellerín a convertirse en el segundo mayor accionista del club.

Como Bellerín, señala Pablo Muñoz, de Ecologistas en Acción, "las celebridades deben adoptar discursos más responsables y menos frívolos". De momento, apuntala su esperanza en las reacciones inmediatas de condena de los fans a las ostentaciones de ricos e influyentes –"especialmente de los jóvenes"–, que se han expandido este verano.

Una muestra de su eficacia es que el ministro francés de Transportes, Clément Beaune, haya salido al paso asegurando que estudia limitar los vuelos en 'jet' privado de particulares y empresas ("se están convirtiendo en el símbolo de un esfuerzo a dos velocidades"). O que Xavi Hernández, el 'míster' del Barça, admitiera el jueves admitiera el jueves estar dispuesto a aceptar un cambio en los desplazamientos si lo pide el Gobierno o la Generalitat.

"Pedimos que para trayectos en avión que tengan alternativa terrestre de hasta tres horas, se eliminen esos vuelos, y desincentivar el uso de jets aplicando impuestos al combustible, porque están exentos de ellos", proponen desde Ecologistas en Acción. Sin políticas, prevé el Carbon Market Watch, las emisiones crecerán hasta un 300% para 2050.

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