24 de junio de 2020
24.06.2020
Madrid | Naturaleza

Sierra de Guadarrama: Secretos del último parque nacional

Crisol del turismo activo y deportivo, la cordillera madrileña y segoviana acoge al último parque nacional declarado en nuestro país

24.06.2020 | 09:14
Puente de la Angostura, construido por Felipe II para el paso de carruajes.

"¡Vamos a la sierra!". En Madrid o Segovia no hay que decir nada más para saber cuál será el destino: la sierra de Guadarrama, prodigiosa cordillera que se extiende a caballo de ambas provincias y que desde hace siglos ha aportado a la capital de España mucho más que su norte geográfico. Espacio de primer orden, es referencia natural, cultural, histórica y científica desde la noche de los tiempos. Entre todas las montañas del mundo, solo los Alpes han tenido una influencia semejante en la cultura y formas de vida de los pueblos de su entorno.

Mérito que se acrecienta al saber que, a pesar de la vecindad de seis millones de personas, no ha perdido su esencia natural y los modos de vida ancestrales de sus habitantes, siendo un destino amable y cercano cuyo retorno acompañará siempre al viajero. Fue en la sierra de Guadarrama donde hace 137 años se inauguró en nuestro país eso hoy tan de moda que es el turismo y los viajes al aire libre. Sucedió una tarde del mes de julio de 1883, cuando Francisco Giner de los Ríos, fundador de la mítica Institución Libre de Enseñanza, agarró a un puñado de alumnos y junto con varios profesores realizó a lo largo de tres jornadas inolvidables la que está considerada como la primera excursión que se ha hecho en España.

Solo en la parte declarada Parque Nacional, apenas un quinto de su superficie, fue visitada el año pasado por más de dos millones y medio de personas, convirtiéndose en el segundo Parque Nacional más visitado de los quince españoles, solo por detrás del Teide. No era así en tiempos de Giner y compañía. Hasta entonces, el hombre solo se aproximaba a estas montañas de puntillas, para obtener algún beneficio en forma de madera, caza y alimento para sus animales. Territorio prohibido, en sus vericuetos solo se aventuraban cabreros, leñadores y cazadores, y era guarida de bandoleros. Algo que no impidió que su influencia entre nosotros se remontase a los tiempos de los romanos, de Juan Ruiz Arcipreste de Hita y del marqués de Santillana.

En un tiempo en el que en poco más de media hora te plantas en estas montañas, cuesta creer que hace tan poco para alcanzarlas se tardase un par de jornadas de extenuante viaje en tren y carreta de bueyes. Así hicieron Giner y los suyos, quienes recorrieron la sierra como nunca antes se había hecho, inventando de paso el guadarramismo. Casi siglo y medio después, Guadarrama es destino inexcusable para todo aquel que quiera disfrutar de la naturaleza en estado puro.

Vista de Peñalara, el techo del Parque (2.428 metros), desde el embalse Pontón Alto. Javier Sánchez

Para todos los públicos

Origen del excursionismo en la zona centro, pocos lugares hay tan favorables para la caminata como la sierra de Guadarrama. Acoge esta cordillera no menos de 500 rutas pedestres aptas para todos los públicos. Sea por el lado madrileño o por la vertiente segoviana, hay mil maneras de acercarse a la sierra de Guadarrama. La porción central es la que atesora más atractivos. Después de un siglo desde las primeras propuestas, en el 2013 fue declarada Parque Nacional, el más reciente de nuestro país, con una extensión de unas 30.000 hectáreas. Aquí viven un total de 135 especies de aves, 60 de mamíferos, 23 de reptiles y 5 de anfibios, entre las que destacan el águila imperial, los buitres negro y leonado, el alimoche, el halcón peregrino, la cabra montés, el topillo, el desmán y la graellsia, la mariposa más bella de Europa.

En la sierra de Guadarrama solamente están protegidas las cumbres, pero sería un error no destacar el pie de sierra. En la vertiente sur, la madrileña, los accesos más sobresalientes están en los términos de las localidades de Cercedilla, Rascafría y Manzanares el Real. En el lado norte destaca La Granja de San Ildefonso. Justo en su fondo los ingenieros romanos trazaron una de las más reconocidas y mejor conservadas calzadas que han llegado hasta nuestros días, la Vía Antonina, que unía Emérita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaragoza) pasando por Segovia. Cada fin de semana, decenas de excursionistas y montañeros pisan las ancestrales losas para adentrarse en el corazón de la montaña en busca de parajes íntimos en un recorrido coincidente con el Camino de Santiago madrileño.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook