Una investigadora de Tenerife utiliza el arte para divulgar sobre violencia machista: "La ciencia tiene que llegar de una forma más comprensible"
La tinerfeña Jessica Martín, con su tesis doctoral, ha demostrado que la transferencia de conocimiento científico no siempre tiene que producirse a través de artículos académicos o informes técnicos; el saber también llega a la ciudadanía por medio de un cortometraje, un cómic o una canción

Emilio Sanz, Jessica Martín y Vinita Mahtani tras la lectura de la tesis. / Emeterio Suárez

El arte es capaz de transmitir, emocionar, cuestionar e, incluso, incomodar. Una imagen puede quedarse grabada mucho más tiempo que una cifra y una buena historia puede ayudar a reconocer ciertos comportamientos que quizá pasarían desapercibidos en una explicación académica. Por ello, para asegurarse de que el conocimiento científico llega a toda la sociedad, la investigadora tinerfeña Jessica Martín ha transformado en arte los resultados obtenidos en su tesis doctoral sobre violencia de género. «Estamos acostumbradas a hacer ciencia que acaba en artículos o informes técnicos, pero hay ocasiones en las que es necesario que todas esas conclusiones lleguen a la ciudadanía de una forma más comprensible», señala.
Bajo esta premisa y con el apoyo de un equipo multidisciplinar, creó La tela de araña, un cortometraje de animación basado en el estudio Violencia de género en el ámbito doméstico: desde la experiencia al desarrollo de recursos basados en la evidencia para mujeres, profesionales y sociedad que concentra los testimonios de 16 mujeres que han sufrido malos tratos en algún momento de su vida.
Esta pieza audiovisual no fue el único producto artístico, también diseñaron un cómic y materiales didácticos para que niños y adolescentes aprendan a identificar comportamientos machistas y otros patrones de amor no saludable. «Los artículos científicos pueden caducar, pero la experiencia humana no; lo mismo ocurre con el arte, que es universal y atemporal», defiende su directora de tesis, Vinita Mahtani.
Proyectos similares
Esta especialista en Medicina Familiar y Comunitaria lleva ya varios años apostando por el arte como una vía para transferir conocimiento científico. Ni mucho menos es una idea demasiado ambiciosa o descabellada; se trata de un modelo consolidado bajo un paraguas internacional. «Somos 16 países que llevamos muchos años trabajando con esta metodología para ofrecer información fiable en Internet, basada en experiencias de pacientes», añade. Este último proyecto, en concreto, se enmarca en la línea de DIPEX España y MUSA Experience, dos iniciativas que utilizan el arte para divulgar sobre problemáticas sociales y de salud.
Al hablar de violencia de género, los datos cuantitativos suelen pasar a un segundo plano, ya que lo realmente importante es escuchar a las víctimas. No todo el mundo está preparado para meterse de lleno en un proyecto «tan duro», por lo que al inicio de la investigación Mahtani, como directora de tesis, intentó preparar a Martín para lo que se le venía: «Nosotros trabajamos temas muy duros como los cuidados paliativos, la muerte, el machismo o los efectos del covid persistente; recuerdo varias ocasiones en las que he estado analizando datos y no he podido evitar llorar, es algo que a un científico le cuesta entender, pero yo creo que permite que no perdamos la humanización en las Ciencias de la Salud», señala.
El equipo que lo hace posible
La investigadora, que también es filóloga inglesa y periodista, venía de una rama prácticamente opuesta. «En esa primera entrevista no sabía a lo que me enfrentaba, siempre había estado vinculada al ámbito de la salud por mera curiosidad y, cuando se me presentó el reto, pensé que había una necesidad de aunar todas estas perspectivas en una única investigación y eso precisamente ha sido lo más bonito de mi trabajo, que no habría llegado hasta aquí sin el equipo que está detrás», detalla.
Desde médicos a antropólogos o sociólogos, pasando por productores. Para transformar el conocimiento en arte todo el engranaje debe estar bien engrasado, pero también se necesita algo de suerte. El Ministerio de Igualdad lanzó una convocatoria para subvencionar proyectos que divulgaran sobre las distintas señales de violencia de género, justo lo que quería plasmar en su tesis.
Plasmar 16 testimonios en una historia
El gran reto, en su caso, era plasmar 16 testimonios diferentes en una sola historia que, además, debía llegar a un público muy variado y exigente, ya que se utilizaría en colegios e institutos. «Si consigues aunar todo esto, el impacto puede ir mucho más allá del que lograrías con cualquier método tradicional, en especial, cuando te diriges a jóvenes», defiende.
Hablar del machismo en las aulas es cada vez más necesario. El 23% de los chicos y el 13% de las chicas creen que la violencia de género no existe, un porcentaje que ha ido en aumento en los últimos años.«Se puede y se debe hablar de la violencia a edades tempranas, hay micromachismos que aceptamos sin darnos cuenta; si un docente los normaliza, ¿cómo le va a enseñar a sus alumnos que eso no está bien?», plantean ambas. Por ello, en el cortometraje cada palabra, cada fragmento de imagen y cada acción está estudiada y tiene un motivo. «El personaje principal es un animal porque no queríamos encasillar, no hay un único estereotipo de mujer víctima de violencia, cualquiera de nosotras puede sufrirla; hay un capítulo que trata de todas las cosas que ellas nos dijeron que hubieran necesitado en ese momento de sus vidas», argumenta la autora de la tesis.
Reacciones
Entre las respuestas recogidas al término de la investigación aparecieron sentimientos como pena, vulnerabilidad, impotencia, miedo, ira, empatía, compasión, tristeza y también alegría ante la evolución del personaje principal. Esta dimensión afectiva, según las conclusiones, refuerza el potencial del arte para generar reflexión y sensibilización cuando se integra en un marco educativo adecuado. «Los lenguajes artísticos abren nuevas posibilidades de acercar la ciencia a la ciudadanía, generando una reflexión sin renunciar al rigor científico», destaca.
Durante la realización de la tesis, Martín apenas tuvo tiempo para darse cuenta de su impacto. Sin embargo, tras presentarla, hubo un momento que cambió todo. «Por fuera de mi casa siempre me encontraba a la misma chica y un día hablando le comenté que estaba agotada porque por fin había entregado el trabajo. Ella se interesó por el resultado y le envié el corto y, tras verlo, me empezó a contar su historia, me dijo que había sufrido maltrato en una relación pasada y que era urgentemente necesario seguir trabajando en esta temática porque ella no había sido capaz de volver a tener una relación; me pasé años ensimismada en el trabajo y hasta que la gente no empezó a darme su feedback no fui consciente del alcance que estaba teniendo», relata.
Más financiación
La investigación, por tanto, concluye que los lenguajes artísticos abren nuevas posibilidades para acercar la ciencia a la ciudadanía de una manera no solo efectiva, sino también afectiva. Aun así, la autora de la tesis advierte de que el impacto real no se podrá evaluar en cuestión de meses, sino que se necesita un periodo mucho más largo. Lo ideal, propone, es que hubiera una mayor continuidad, una cuestión que no siempre es posible por la falta de recursos económicos. «Sin financiación estable es muy difícil», critica.
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