Cestos y bollos de Santa Bárbara en Icod de los Vinos: el progreso también es sinónimo de fiesta y tradición
El barrio icodense vive uno de los días más especiales del año con la ofrenda de frutas, verduras y promesas a la santa

El Día
La evolución no está reñida con la tradición a pesar de que el imaginario colectivo las sitúe en lados opuestos. El progreso puede ir de la mano de la costumbre y prueba de ello son los cestos y bollos de Santa Bárbara, en Icod de los Vinos. A finales de agosto, desde 1945, uno de los barrios icodenses con mayor densidad poblacional vive sus días grandes. Uno de los más especiales es el de la subida y ofrenda de los cestos y los bollos que se celebró este sábado 29 de agosto. Los cestos son elaborados con frutas y verduras, cargados a hombros hasta la iglesia, para pedirle a la santa una buena cosecha. Los cestos son llevados a la cabeza por 12 jóvenes solteras -una por cada letra del barrio- en una estructura de la que cuelgan cintas de colores y sobresalen cañas coronadas por alfeñiques de distintas formas. Están acompañadas por sus pretendientes. El deseo que las chicas le piden a la santa es que les consiga un buen marido. Esta petición se ha transformado acorde a los nuevos tiempos.
En la actualidad, la docena de proveedoras -tal y como se les llama a las portadoras de los bollos- no piden un buen marido y tampoco van a acompañadas por sus parejas o novios. Renovarse o morir podría ser el lema que resuma esta tradición autóctona de Icod de los Vinos en su vertiente más femenina. Costumbre, herencia, arraigo o hábito empujan a las jóvenes a portar un bollo y no el deseo de casarse.
Descanso en el pino del barrio
El recorrido de los cestos y los bollos parte desde Lomo Blanco. Las nubes se encargan de suavizar el ambiente y hasta una pequeña posma cae en las medianías de Icod de los Vinos cuando ya está bien entrada la tarde. La primera parada es en el pino del barrio de Santa Bárbara. Allí se descargan los cestos de los camiones y las chicas descansan sus cabezas: cada bollo, elaborado por la artesana Cande Alonso, puede pesar entre diez y 15 kilos y lo agarran con los brazos durante todo el recorrido. La principal función del acompañante es la de ayudarlas a la hora de descargarlo o subirlo. Tras los cestos y los bollos, llegan los carritos con el punto romero de la fiesta.

Subida de los cestos y bollos de Santa Bárbara (Icod de los Vinos) / Andrés Gutiérrez
"Llevo un bollo por tradición. Mi madre lo llevó, mi hermana también y ahora me toca a mí", explica Lucía Socas Fuentes, una de las proveedoras de esta edición de las fiestas. Está acompañada por su novio, Mauro Lemus Méndez, y su padre, José Francisco Socas Palenzuela. El deseo de Socas Fuentes es claro y no tiene que ver con su pareja: "Antiguamente, se pedía un buen marido, pero yo pido salud y que cuide de mis abuelas, especialmente", dice la joven bajo la atenta mirada de sus acompañantes. Para ella el día de los cestos y los bollos es, sobre todo, "un día para estar en familia. Preparamos la casa y nos reunimos todos. Viene la familia completa". El padre de la proveedora recuerda que antes "se vinculaba llevar un bollo a pedir a la santa un buen marido. Hoy las jóvenes participan más por conservar la tradición y vivir la fiesta que por formular ese deseo", confirma.
De lo más bonito
Esta postura es la que comparte Sara Méndez Delgado. La joven de Santa Bárbara es proveedora este 2026 y también es miembro de la comisión de fiestas. "Esta es una de las tradiciones más bonitas que tiene Icod de los Vinos. No se puede perder", afirma. Desde pequeña vio cómo las jóvenes de su barrio llevaban los bollos. "Siempre me gustó la historia que hay detrás y creo que llevar un bollo a la santa es un honor", califica. Reconoce que el sentido de las proveedoras ha cambiado: "Se mantiene la participación de las chicas solteras, aunque el objetivo ha cambiado". Ella va acompañada por un amigo porque actualmente no tiene pareja, pero "cada una puede elegir quien la acompaña", sentencia. Conoce muy bien el desarrollo de su fiesta, la de su barrio. "Las tres primeras proveedoras, normalmente, son integrantes de la comisión y llevan los primeros bollos porque portan la bandera. En las pelanas ya hicieron su brindis en honor a Santa Bárbara", cuenta en torno a los códigos costumbristas que son totalmente desconocidos para los de fuera del núcleo icodense. Cuando piensa en qué le pide a Santa Bárbara parece brotar un pequeño brillo de sus ojos marrones y verbaliza: "Salud para mi familia y para mí".
La herencia familiar y el compromiso con el lugar es el motor de una tradición de más de ocho décadas. "Esto forma parte de nosotros y nos corre por las venas. Lo vivimos con intensidad", reconoce uno de los colaboradores de las fiestas de Santa Bárbara, David Luis. El paso del tiempo no debe ser una condena para esta tradición que "se ha adaptado sin perder su esencia". Los artesanos han ido modificando los diseños de los cestos, que actualmente son auténticas obras de arte efímeras. "Son piezas más elaboradas y visualmente impresionantes, aunque se conserva el trabajo tradicional. Por otro lado, las proveedoras siguen siendo solteras solo para recordar la costumbre", advierte.
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