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Juanjo Ramos, naturalista y fotógrafo de naturaleza: "Tenerife tiene en su biodiversidad un motor económico que no sabe aprovechar"

En diciembre visitará su país número 50 fotografiando ecosistemas, una condición que le da otra perspectiva acerca de la situación medioambiental de la Isla

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Vietnam es el próximo destino de Juanjo Ramos. Observador de aves, fotógrafo de naturaleza y naturalista, el de Los Silos está convencido de que se puede situar al medio ambiente en el centro del motor económico y aprovechar los recursos de Tenerife de otro modo. Ahora no busca la mejor imagen, sino que disfruta del proceso a modo de terapia porque en este momento vital, según él, los números son lo de menos.

-¿Cuál fue el viaje o la especie que le hizo comprender que esta dedicación no sería pasajera?

No creo que fuera un viaje o una especie concreta, sino el conjunto de ambas cosas. Las especies son el motivo del viaje, pero probablemente no empezó en un lugar lejano. Creo que surgió viajando entre las Islas Canarias. Al principio ya me sentía atraído por la fotografía de naturaleza mientras recorría el Archipiélago. Tuve la suerte de que mis padres me permitieron hacer bastante lo que quería y viajé desde muy joven. Primero comencé a viajar para observar aves y después me enganché a la fotografía de naturaleza. Llegué a ella precisamente a través de la observación de aves.

-¿La cámara se convirtió en una manera de dejar constancia de las especies que observaba?

Es otra forma de mirar. No creo que sea necesario tener una fotografía para demostrar que viste una especie. A mí me basta con verla y disfrutar del momento; no tengo que demostrarle a nadie lo que he observado. Quizá cuando era más joven era más competitivo. Ahora soy más hedonista: me interesa más el placer de estar en ese lugar que alcanzar una cifra determinada de especies.

-La observación de aves exige paciencia, conocimiento del territorio y silencio. ¿Qué le ha enseñado sobre la espera?

Las aves son mi yoga personal. La observación de aves es una terapia y existen estudios que lo demuestran. Ayuda a conectar con la naturaleza, relajarse y reducir el estrés y la tensión. Es un ejercicio de paciencia, pero también una búsqueda de la belleza.

-Cuando fotografía, ¿busca primero una buena imagen, un comportamiento concreto del animal o contar algo sobre el ecosistema?

Cada vez me interesa más lo último. Me atrae una fotografía más minimalista, en la que la especie ocupe menos del diez por ciento de la imagen y aparezca dentro de un gran paisaje. Quiero mostrar algo del hábitat, del lugar donde vive, de cómo se relaciona con el entorno y de la belleza de ese espacio. Lo que más me interesa es crear un relato a través de la imagen.

-Después de recorrer casi 50 países, ¿ha observado diferencias claras entre los lugares donde la conservación funciona y aquellos donde la fauna está más amenazada?

Hay lugares a los que llevo viajando mucho tiempo. Visito el oeste de África desde hace más de 25 años y, cuando regresas para fotografiar, compruebas cómo desaparecen algunas especies, aparecen otras y se transforma el paisaje. También ves cómo llega el desarrollo. Sus habitantes tienen derecho a acceder al bienestar y a una mayor calidad de vida, al menos desde nuestra perspectiva, pero al mismo tiempo observas cómo se pierden especies. La fotografía es una manera excelente de acercar la naturaleza a la gente porque informa y sensibiliza. Creo que es más eficaz intentar cambiar actitudes a través de la belleza que puede transmitir una imagen que recurriendo siempre al mensaje negativo que a veces empleamos los ambientalistas. Es verdad que muchas cosas van mal, pero quizá funciona mejor explicar que algo tan bello, especial, importante o majestuoso puede desaparecer debido a nuestro estilo de vida.

-¿Qué lugares le han sorprendido por su gestión de la conservación?

Los parques nacionales de Estados Unidos tienen mucho que enseñarnos. También se trabaja muy bien en el Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica, y hay experiencias interesantes en Chile y en varios países europeos. España tampoco tiene nada que envidiar en algunos aspectos. Nos encanta fustigarnos y, evidentemente, queda muchísimo por hacer, pero, si nos comparamos con otros lugares, también hemos hecho bastantes cosas bien.

-Después de tanta experiencia fuera, ¿cómo valora la situación ambiental de Tenerife?

Desde una perspectiva ambiental hay dos Tenerifes. En los ambientes forestales, sobre todo en el pinar, la laurisilva y buena parte de la alta montaña se ha realizado un trabajo muy bueno. Han aumentado la superficie forestal y las poblaciones de especies asociadas a esos ecosistemas. Sin embargo, la situación es muy deficiente en la franja costera y en los territorios situados por debajo de los 500 metros. Hemos despreciado y castigado especialmente los ambientes desérticos y los paisajes más áridos. Los hemos destruido y, en algunos casos, los hemos hecho desaparecer.

-¿Tenerife puede considerarse un destino para la fotografía de naturaleza?

Sí. Cada vez viaja más gente con el objetivo de fotografiar y existen más agencias y destinos especializados en distintas disciplinas. Tenerife es un destino fotográfico para la astrofotografía, el paisaje, la fotografía submarina, la macrofotografía y la fotografía de aves. En realidad, Canarias en su conjunto tiene un enorme potencial.

-¿Qué espacios o ecosistemas de Tenerife merecen más atención y cuidado?

Los bosques termófilos. Son ambientes de gran diversidad y enorme interés fotográfico que no hemos sabido conservar o para los que no hemos aplicado suficientes políticas de recuperación. Hablo de sabinares, dragos, palmerales y otras formaciones. Estéticamente son muy interesantes para fotografiar flora; albergan numerosas especies de invertebrados y también resultan relevantes para las aves. Probablemente es uno de los ámbitos en los que menos hemos trabajado para recuperar la superficie perdida desde la conquista.

-¿Viajar ha cambiado su manera de mirar Tenerife?

Totalmente. A veces regreso enfadado porque pienso en cómo podríamos haber hecho las cosas y en cómo las hicimos. Ves decisiones adoptadas en otros lugares, donde la naturaleza se ha situado en el centro, y aquí hemos priorizado otros intereses, generalmente condicionados por la economía. Sin embargo, la actividad económica vinculada a la naturaleza ha demostrado que puede ser un motor mundial. Basta con observar Costa Rica, Colombia, Galápagos o Sudáfrica, donde mucha gente viaja para contemplar fauna y paisajes. A Tenerife también se viene por la naturaleza, pero nosotros mismos la destruimos y a veces creemos que quienes vienen de fuera son los únicos responsables.

-¿Cuál ha sido la situación más difícil que ha afrontado en el campo?

La frustración siempre está presente, pero forma parte del viaje y del trabajo fotográfico. No siempre consigues la imagen que buscas. A veces llegas a un lugar y llueve, pero la lluvia también forma parte del paisaje. No encontrar una especie puede convertirse en el motivo para regresar a buscarla. Me ha sucedido muchas veces y, en cierto modo, me gusta que no sea fácil porque así vuelvo. He estado más de 50 veces en Marruecos e incluso viví allí una temporada; también he regresado varias veces a Mauritania y Senegal. La peor frustración sería llegar y que no funcionara la cámara, aunque siempre viajo con dos o tres equipos. El viaje a Yellowstone para fotografiar bisontes en la nieve fue especialmente duro y no debería haberlo hecho solo. Trabajé a catorce grados bajo cero. No sé fotografiar con guantes y las manos apenas aguantaban cinco minutos fuera: tenía que entrar en el coche, calentarme y volver a salir. Aun así, conseguí imágenes muy buenas.

-Uno de sus encuentros más especiales fue con el leopardo de las nieves. ¿Cómo lo vivió?

Fue en agosto del año pasado, en el Tíbet, al sur de China. Resultó muy emocionante, sobre todo porque fue un momento compartido con buenos amigos, en un lugar especial y ante una especie mítica. No pude obtener una gran fotografía. El animal aparece muy pequeño, pero están el contexto, el lugar y todo lo que acompaña a la imagen. La fotografía no consiste únicamente en publicar una imagen, sino también en la experiencia que genera. Ante todo soy naturalista. No hay un fotón, pero sí una historia y un relato alrededor de la búsqueda. Para un grupo de naturalistas, un encuentro así es muy emocionante: hubo abrazos y lágrimas. A veces hasta te olvidas de fotografiar para disfrutar de lo que está sucediendo y compartir el momento.

-¿Qué significa alcanzar en Vietnam la cifra de 50 países fotografiando naturaleza?

La cifra es lo de menos. Lo que me atrae es conocer mejor las selvas del sudeste asiático. Vietnam es uno de los países de referencia para la biodiversidad de Asia y uno de los que posee más especies de aves. También tengo mucho interés en fotografiar dos especies de primates, entre ellas un langur con un gran atractivo estético.

-Tiene un proyecto específico para fotografía de primates.

Es un proyecto personal que me lleva a distintos lugares con el objetivo de fotografiar una especie concreta de primate. No tiene que ser una especie muy amenazada ni uno de los grandes primates, también puede tratarse de una especie común o de una pequeña. El propósito es conocer al animal, su hábitat y algún problema ambiental relacionado con nuestro estilo de vida. En Borneo, por ejemplo, fotografié al orangután y al mono narigudo, conocí la selva primigenia y relacioné ese ecosistema con el cultivo de palma. El aceite de palma está presente en muchos productos que consumimos a diario. Ya he visitado alrededor de 20 países para fotografiar primates. Todavía no sé cómo se materializará el proyecto. Puede terminar en un libro, una exposición, una web u otro formato. Por ahora es un motivo para viajar, conocer lugares y seguir informándome sobre los primates. La idea es situar cara a cara al público y a una especie sobre la que repercuten sus decisiones como consumidor.

-¿Cómo equilibra la divulgación con el riesgo de generar presión o un efecto llamada sobre las especies?

Hay muchas cosas que no publico porque no me apetece compartirlas. Las conservo, las enseño a mis amigos o quizá las utilice algún día en otro proyecto. Cuando haces fotografía de naturaleza desde la mirada de un naturalista, lo primero es garantizar la seguridad de la especie. Por eso cada vez me interesa más fotografiar desde lejos y molestar lo menos posible. Evidentemente, el simple hecho de estar allí ya genera un impacto. Es una cuestión sobre la que reflexiono mucho: detrás del viaje hay un desplazamiento, emisiones de dióxido de carbono y una huella asociada a mi visita. Precisamente por eso también considero importante compartir algunas imágenes, para que la gente conozca lo que estamos poniendo en peligro con nuestras decisiones.

-¿Qué imagen le queda aún por conseguir?

Muchas. En Vietnam me gustaría obtener buenas fotografías de uno de los langures que busco. También quisiera ir a la Antártida y fotografiar pingüinos o un albatros volando en medio de una tormenta. Últimamente pienso mucho en los bueyes almizcleros de Noruega. Me atrae cada vez más la fotografía de invierno: especies emblemáticas dentro de paisajes blancos. Quizá se deba a que en Canarias no estamos acostumbrados a esos escenarios. Además, fotografiar en la nieve plantea un reto completamente distinto al de la fotografía luminosa que hacemos aquí.

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