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Los Realejos

Refugio Internacional para Animales: 50 años convirtiendo el abandono en una segunda oportunidad

El refugio, que atiende perros de toda la comarca del Valle, es en un lugar de paso para los animales hasta que encuentren un hogar y familia definitivo

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Alexis Vella

Alexis Vella

Los Realejos

Hay perros grandes y pequeños. Los hay marrones, negros o blancos. Incluso algunos tienen manchas por el cuerpo, por el hocico o a lo largo y ancho de las patas. Están quienes ladran con respeto desde la distancia, pero también quienes se arremolinan alrededor de los visitantes buscando una caricia, un poco de atención o, quizás, a quien pueda convertirse por sorpresa en su nueva familia. Pero lo que todos hacen, independientemente de su tamaño, color o pelaje, es mover la cola en un compás acelerado, algo así como un trémulo vivace que delata su alegría. Es la bienvenida del Refugio Internacional para Animales, un espacio muy peludo que este año cumple medio siglo de historia y que se ha convertido en el hogar ideal para estos canes.

Situado junto a la imponente balsa de La Cruz Santa, en Los Realejos, el refugio ha llegado hasta aquí después de pasar por Punta Brava, en Puerto de la Cruz, y La Orotava, hasta asentarse hace ya casi una década en su actual ubicación. Este año, de igual forma, pueden celebrar que esta es, y será, su casa definitiva, después de hacerse con la totalidad de los terrenos. Una conquista que les permite afrontar el futuro con algo más de independencia y seguir atendiendo a perros procedentes de toda la comarca del Valle hasta Santa Úrsula y La Matanza.

El refugio para perro y voluntarios

Y es que entre quienes han hecho de este lugar una segunda casa, además de los canes, está Noemí García, una de las cinco voluntarias del refugio, al que lleva vinculada 16 años. Para ella, este no es solo el lugar al que vienen a cuidar de los animales, también es el sitio al que regresan cuando necesitan desconectar del trajeteo diario. "El refugio es nuestro refugio. Nos dejamos la vida por cuidar y proteger a los perros y son los perros quienes nos cambian la vida a nosotros", relata, porque aquellos que esperan a ser elegidos terminan protegiendo también a quienes los protegen.

Noemi García muestra a uno de los cachorros del refugio.

Noemí García muestra a uno de los cachorros del refugio. / Andrés Gutiérrez

Pero el trabajo empieza mucho antes de que un perro pueda ser puesto en adopción. Cuando llega un aviso, los responsables se desplazan, como si Batman saliera de la batcueva, para recoger al animal. Una Renault Kangoo gris se convierte entonces en una especie de ambulancia improvisada que recorre los municipios en busca de perros abandonados o en situación de maltrato. Al llegar, el animal es valorado, pasa por el veterinario si lo necesita, se desparasita, se baña y entra en cuarentena durante unos diez o quince días, según su estado.

De momento, son 54 los canes que allí viven, aunque las cifras muestran el movimiento constante de un lugar que rara vez puede permitirse quedarse quieto. En julio entraron 40 perros y el mes terminó con 78 animales en el refugio, incluidos una camada de cachorros de podenco recién nacidos; mientras que 30 encontraron una nueva familia. En junio habían entrado 38 y se habían producido 24 adopciones. "La dinámica", explica Noemí, "suele mantenerse bastante equilibrada entre las entradas y las salidas".

Abandonos y maltratos

No obstante, tras una vida dedicada a los animales, García asegura que la situación "empeora con los años". Lo que más le cuesta entender es que el maltrato y el abandono no sean siempre consecuencia de la falta de recursos. Al contrario, también se ha encontrado con perros en condiciones "horrorosas" en hogares de personas con mayor nivel adquisitivo, formación y capacidad para hacerse cargo de ellos. Mientras algunas familias con pocos recursos "mueven cielo y tierra" cuando pierden a su perro, también hay quienes, pese a poder atenderlo, deciden quitárselo de encima cuando molesta, ladra o simplemente deja de encajar en sus planes. Y cada verano aparece otra escena que se repite, la de quienes dejan al animal en el refugio como si fuera "un hotel canino" para poder marcharse de vacaciones.

Algunos de los perros del Refugio Internacional que buscan una familia.

Algunos de los perros del Refugio Internacional que buscan una familia. / Andrés Gutiérrez

La vivienda se ha convertido, de hecho, en una de las principales causas de abandono que encuentran en el refugio. Un cambio de contrato que ya no permite animales, una mudanza a una casa más pequeña o el regreso al hogar familiar pueden hacer que un perro que hasta entonces formaba parte de una familia deje de tener sitio en ella. Son decisiones que terminan llevando al refugio a seres que, en muchos casos, no tenían ningún problema más allá de haber dejado de encajar en la vida de sus propietarios.

Pero hay abandonos que no siempre pasan por dejar al animal en la puerta del refugio. También existe un maltrato más silencioso, uno que, por si fuera poco, puede confundirse con una buena vida. La voluntaria lo encuentra especialmente en aquellos perros que viven en casas con jardín y cuyos dueños creen que, por tener espacio, ya tienen cubiertas todas sus necesidades. Pero, como bien cuenta, "un perro no solo necesita un lugar donde estar; necesita salir, relacionarse con otros animales, descubrir otros espacios y compartir tiempo con su familia". De lo contrario, "el aburrimiento y la falta de estímulos" pueden terminar convirtiéndose en "ladridos, destrozos o problemas de conducta" que después sirven como argumento para deshacerse del animal.

Más enfermedades y medicamentos más caros

Y mientras ellos esperan, también enferman. Pulgas, garrapatas y otros parásitos obligan a mantener una vigilancia constante, más todavía en un refugio por el que pasan decenas de animales. El propio Gobierno de Canarias advierte de que estos parásitos, además de provocar problemas en la piel, pueden transmitir otras enfermedades, algunas de ellas también a las personas. Desde el refugio aseguran que este año han notado una mayor presencia de parásitos y, al mismo tiempo, un encarecimiento de los tratamientos necesarios para combatirlos. A eso se suma el coste de las consultas y la medicación veterinaria, dentro de un marco regulatorio que desde 2023 establece nuevas condiciones para la prescripción y dispensación de estos medicamentos. Todo en un lugar donde cada perro que entra necesita prevención, vigilancia y, cuando hace falta, atención veterinaria.

Por eso, cuando alguien cruza la puerta del refugio y encuentra a los perros moviendo la cola, quizá no esté viendo toda la historia. Allí hay quienes esperan un hogar, voluntarios que se dejan la vida por ellos y un trabajo diario para que cada estancia sea lo más breve posible. Porque, al final, el refugio no pretende convertirse en el destino de ninguno, sino en ese lugar de paso entre una historia que terminó y otra que todavía está por empezar. "Esta no es su casa, es el lugar donde esperan hasta encontrarla", dice Noemí de aquellos perros que, después de tantos cuidados y paseos, ya forman parte de su "familia".

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