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Patrimonio arqueológico

El yacimiento de Los Llanos de Ifara revela que los guanches no eran solo pastores ni vivían únicamente en cuevas

El enclave de Granadilla conserva viviendas, grabados, espacios de producción y evidencias de agricultura

Los planos de una de una de las estructuras habitacionales del yacimiento de los Llanos de Ifara

Los planos de una de una de las estructuras habitacionales del yacimiento de los Llanos de Ifara / PRORED

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Alexis Vella

Alexis Vella

Granadilla de Abona

No hay calles, ni muros en pie, ni techos que indiquen que allí vivió alguien. Entre las laderas volcánicas de Ifara y Los Riscos, en el sur de Achinet —nombre con el que los antiguos habitantes se referían a Tenerife—, solo quedan chozas semienterradas, paneles de grabados sobre la roca y el rastro de antiguos caminos. A primera vista, el silencio y la piedra parecen haber borrado cualquier rastro de vida. Pero ese paisaje, aparentemente vacío y protegido como Bien de Interés Cultural (BIC), está reescribiendo parte de la historia de los primeros habitantes de la Isla. Las investigaciones en el yacimiento arqueológico de Los Llanos de Ifara demuestran que los guanches no fueron únicamente pastores que habitaban cuevas, también levantaron poblados en superficie, fabricaron molinos y cultivaron cereal.

"Ni solo pastores ni vivían únicamente en cuevas". Esa fue, durante décadas, la imagen más extendida sobre los antiguos pobladores de Canarias. Sin embargo, para Efraín Marrero, uno de los arqueólogos que trabaja en este enclave de Granadilla de Abona, Los Llanos de Ifara es "un gran espacio habitacional en plena superficie que nos ayuda a entender cómo era la vida cotidiana del mundo guanche".

Otros arqueólogos trabajando en el yacimiento de Granadilla de Abona

Otros arqueólogos trabajando en el yacimiento de Granadilla de Abona / PRORED

Un poblado a ras de suelo

Diseminadas entre morras, lomos y afloramientos de roca, las huellas de aquel asentamiento apenas sobresalen hoy del terreno. Hasta el momento, las prospecciones realizadas en el yacimiento han identificado 17 estructuras habitacionales repartidas por el enclave. Son construcciones de planta, por lo general, circular, oval o elíptica, levantadas con muros de piedra seca y adosadas, en muchos casos, a los propios afloramientos rocosos, que pasaban así a formar parte de la vivienda.

De ellas, el equipo ha comenzado a excavar una situada junto a la estación de grabados más importante del yacimiento, donde la tierra empieza a devolver pequeñas piezas de aquella vida cotidiana, como restos de obsidiana, fauna consumida y fragmentos cerámicos. "Lo curioso" explica Marrero, "es que esta estación de grabados está completamente integrada en el contexto habitacional". El hallazgo supone un cambio de paradigma. "Siempre se ha imaginado que los yacimientos rupestres estaban alejados de las zonas de habitación. Pero aquí no. Aquí hablamos de una organización del espacio donde conviven cabañas, grabados e incluso cuevas funerarias", afirma el arqueólogo.

Modelo 3d de una de las estructuras habitacionales al completo

Modelo 3d de una de las estructuras habitacionales al completo / PRORED

Viviendas junto a los grabados

Esa relación entre las viviendas y los petroglifos constituye uno de los aspectos más singulares de Los Llanos de Ifara. El enclave alberga 12 estaciones de grabados rupestres, entre ellas la conocida como Casa del Samarín o Tagoro del Rey, una estructura semicircular adosada a un afloramiento rocoso que reúne 21 paneles con motivos geométricos ejecutados mediante incisión, abrasión y piqueteado. El propio término 'tagoro', asociado a espacios de reunión en el mundo indígena, añade otra capa a un enclave donde vivienda, encuentro y expresión simbólica aparecen estrechamente ligados.

Los estudios realizados mediante fotogrametría han permitido identificar, además, una segunda estructura prácticamente anexa, lo que apunta a un conjunto habitacional más complejo de lo que aparentaba a simple vista. Para los investigadores, estas manifestaciones "no eran elementos aislados", sino también "parte de un mismo paisaje social, donde los espacios de habitación, los lugares de reunión y los símbolos compartidos por la comunidad convivían en un mismo territorio".

La composición de grabados rupestres de Samarín

La composición de grabados rupestres de la Casa del Samarín / PRORED

Una cantera para fabricar molinos

Y es que por si fuera poco, las propias investigaciones han permitido identificar, por primera vez fuera de Las Cañadas del Teide, una cantera-taller destinada a la fabricación de molinos rotatorios, una herramienta esencial para la molienda del cereal. "Esto nos vuelve a demostrar", sostiene Marrero, "que no solo vivían del pastoreo del ganado, como comúnmente se conoce por esa visión idílica de la trashumancia, también cultivaban cereal para procesarlo y eran, por tanto, agricultores". Una relación con el ganado que, por si fuera poco, no se reducía a los rebaños controlados, como se suele interpretar, también se plantea el aprovechamiento de guaniles, cabras que vivían en libertad y que eran explotadas de forma distinta a los rebaños controlados.

Arqueólogos trabajando en el yacimiento de los Llanos de Ifara

Arqueólogos trabajando en el yacimiento de los Llanos de Ifara / PRORED

Ahora bien, si existía un espacio dedicado exclusivamente a fabricar molinos de mano, también debía existir una producción agrícola capaz de justificar esa actividad. "Con el hallazgo de esta cantera en Granadilla, cerca del yacimiento de Ifara, estamos viendo que había una importante producción de molinos, lo que nos explica que también existían áreas de cultivo y cultivos de cereal para procesarlo", explica. Ahora bien, aunque las condiciones del sur de Tenerife dificultan la conservación de restos vegetales, otros yacimientos próximos, como Los Morritos, en Arona, han proporcionado semillas de cebada carbonizada, una evidencia que refuerza la importancia de la agricultura en esta parte de la Isla.

Concretamente en este espacio, situado en la Montaña de los Riscos, los arqueólogos han localizado 13 elementos de molturación que quedaron a medio camino entre la piedra bruta y el molino terminado, abandonados en distintas fases de fabricación. El conjunto permite reconstruir, paso a paso, el proceso técnico que seguían los guanches para elaborar estas piezas, desde la extracción de los bloques de basalto vacuolar hasta convertir la roca volcánica en una herramienta capaz de transformar el cereal en alimento. Además, el hallazgo de picos de gran formato empleados para trabajar la roca evidencia un grado de especialización artesanal mucho mayor del que se había documentado hasta ahora en Tenerife. El paisaje guarda otros vestigios de la ocupación aborigen, como estaciones de cazoletas y canales, zonas de aprovisionamiento y talla de obsidiana, cuevas funerarias y pequeños escondrijos con materiales arqueológicos.

La vida entre las piedras

Pero entre piedras, molinos y grabados también asoman pequeñas escenas de aquella vida que apenas ha dejado huella. Las diminutas vasijas de cerámica, interpretadas en otros yacimientos como posibles juguetes, acercan la mirada a la infancia; y el fruto del mocán, convertido según las fuentes en chacerquen, una especie de miel o arrope, que recuerdan que el paisaje también hacía de despensa. Son detalles mínimos frente a la dimensión del poblado, pero permiten imaginar a quienes caminaron, trabajaron y vivieron entre estas piedras mucho antes de que el paisaje quedara en silencio.

Y la conquista no borró de un día para otro las costumbres de quienes habían habitado este territorio. La excavación de una de sus cabañas ha permitido detectar indicios de una pervivencia del modo de vida aborigen después del siglo XV, cuando la nueva sociedad ya se había asentado en la Isla. Los investigadores estudian ahora hasta cuándo se mantuvieron estas prácticas y si la fabricación de herramientas y otras costumbres continuaron durante el siglo XVI. Las dataciones obtenidas en otros puntos de Tenerife, como Buenavista y Las Cañadas, apuntan también a una continuidad que todavía no tiene una fecha de finalización precisa.

Un yacimiento que pide protección

Lo excepcional de Los Llanos de Ifara está, por tanto, en que permite observar el poblado guanche como un conjunto y no como restos aislados. En un mismo paisaje confluyen espacios de habitación, áreas de producción, lugares de enterramiento y estaciones rupestres, una huella que ayuda a reconstruir cómo se organizaba el territorio. Por ello, aquel paisaje que durante siglos pareció guardar silencio ahora necesita protección para seguir hablando. Marrero considera necesario ampliar la delimitación del BIC de Los Llanos de Ifara para incluir todo el contexto de ocupación que se extiende hacia los riscos y elaborar un plan específico de protección.

También plantean crear itinerarios patrimoniales sobre las pistas agrícolas colindantes ya existentes, con señalización que permita ordenar las visitas y evitar el tránsito fuera de los caminos, una de las principales amenazas para los restos. Tras la consolidación de la principal estación de grabados en 2024, los arqueólogos quieren analizar ahora los suelos y materiales del entorno para seguir reconstruyendo la historia de este poblado. Porque bajo la piedra de Ifara todavía quedan historias que esperan ser desenterradas.

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