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Una finlandesa deja atrás a su familia a los 65 años y llega a Tenerife con solo dos maletas

Tua Sjöblom vendió su vivienda antes de trasladarse sola a Costa del Silencio, donde tuvo que abandonar su primer alquiler al descubrir que tenía moho

Tua Sjöblom disfruta de su nueva vida en Tenerife.

Tua Sjöblom disfruta de su nueva vida en Tenerife. / EL DÍA

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Aarón Cabrera Artiles

Aarón Cabrera Artiles

Tua Sjöblom llevaba gran parte de su vida soñando con abandonar los fríos inviernos de Finlandia y establecerse en un lugar más cálido. Sin embargo, esperó hasta alcanzar la jubilación para convertir aquella idea en realidad. A los 65 años vendió su casa, se despidió de sus hijos y nietos y llegó sola a Tenerife con únicamente dos maletas.

No tenía una vivienda definitiva ni la certeza de que su nueva vida saldría como esperaba. Se concedió un mes para encontrar un alquiler permanente y comenzar de cero en una Isla que hasta entonces conocía por los viajes que había realizado con sus hijos.

Más de seis años después, Tua continúa viviendo en Tenerife. Tiene 71 años, reside en Costa del Silencio, en el municipio de Arona, y asegura estar agradecida por haber tenido la posibilidad de cumplir un sueño que había aplazado durante décadas.

"Siempre he detestado los inviernos finlandeses", explica en una entrevista concedida a la publicación Kotona Living. El frío le provocaba diferentes dolores y hacía tiempo que se preguntaba en qué país podría instalarse sola y desenvolverse sin depender de nadie.

Una decisión que llevaba años preparando

Antes de jubilarse, Tua trabajaba como responsable de servicios en Finlandia. Su traslado no fue completamente improvisado. Durante los años anteriores había buscado información y se había unido a un grupo de Facebook formado por finlandeses residentes en Tenerife, donde estableció sus primeros contactos.

Pisos con piscina en la Costa del Silencio.

Pisos con piscina en la Costa del Silencio. / SHUTTERSTOCK

Cuando llegó el momento de retirarse, incluso su jefe la felicitó por la valentía de marcharse sola al extranjero. España y Turquía habían sido sus dos opciones finales, pero terminó decantándose por Tenerife por el clima, la seguridad y la experiencia de sus anteriores vacaciones en la Isla.

También estudió detenidamente qué parte de Tenerife se adaptaba mejor a lo que necesitaba. Buscaba una zona tranquila, con servicios próximos, alejada del ruido de los principales núcleos turísticos y sin demasiadas pendientes. Finalmente escogió Costa del Silencio.

Dejar Finlandia suponía, no obstante, alejarse de sus dos hijos adultos y de sus nietos. Su hija Anni fue precisamente una de las personas que más la animó a cumplir su sueño. Entendía que podrían visitarla durante las vacaciones y convertir la vivienda de su madre en una especie de residencia familiar para disfrutar de algunas temporadas en Tenerife.

Su primera casa tenía moho

El comienzo de la nueva vida de Tua no estuvo libre de problemas. Después de vender su vivienda en Finlandia, aterrizó en Tenerife con dos maletas y el propósito de encontrar un hogar estable en cuatro semanas.

Su primer alquiler apenas duró unos días. Poco después de instalarse descubrió que la casa tenía moho y tuvo que marcharse. Encontró entonces otra vivienda en el complejo en el que continúa residiendo, aunque resultaba demasiado cara y tenía una terraza tan sombría que tanto ella como sus plantas sufrían el frío.

Paseo Marítimo de Costa del Silencio.

Paseo Marítimo de Costa del Silencio. / E.D.

La solución llegó a través de sus nuevos vecinos, quienes le hablaron de otro piso disponible en el mismo recinto. Se trataba de una vivienda con dos dormitorios, cocina, salón y una amplia terraza soleada.

El inmueble no se encontraba inicialmente en buenas condiciones, pero Tua decidió reformarlo. Pintó personalmente las paredes y contrató a profesionales para realizar los trabajos eléctricos. También reparó puertas y armarios, sustituyó las luces del baño y renovó los grifos y la encimera de la cocina.

La terraza se ha convertido desde entonces en una de sus estancias favoritas. Allí cultiva chiles, frambuesas, papayas, flores y diferentes plantas trepadoras. Por las tardes también suele bañarse en la piscina de la urbanización.

Una nueva vida sin perder a su familia

La distancia no ha roto la relación con sus hijos y nietos. Tua viaja a Finlandia cuando encuentra billetes asequibles y mantiene el contacto mediante videollamadas. Cuando su hija decidió ser madre nuevamente, la finlandesa regresó a su país para acompañarla durante el parto.

La familia también pasa temporadas en Costa del Silencio. Su hija y sus dos nietos han llegado a permanecer varios meses con ella, aprovechando el permiso de maternidad y la posibilidad de que la mayor continuara temporalmente sus estudios a distancia.

Cuando está sola, Tua comparte su casa con Calvin, un perro adoptado en un refugio de Las Chafiras, y con un gato callejero que apareció un día en su vivienda y decidió quedarse. Los paseos con sus animales y las conversaciones con los vecinos le han permitido conocer gente y construir un nuevo círculo social.

Su rutina comienza cada mañana con un paseo junto a Calvin. Después desayuna, lee novelas que intercambia con otros finlandeses residentes en Tenerife, cuida sus plantas y teje prendas para sus familiares. Por la tarde vuelve a salir con el perro y, en ocasiones, se encuentra con amigos o se baña en la piscina.

Tua reconoce que vivir en otro país también le ha permitido apreciar de manera diferente algunos aspectos de Finlandia. En Tenerife ha encontrado dificultades, desde los problemas con los alquileres hasta una desigualdad social que considera más visible. Pese a ello, no se arrepiente de haber vendido su casa y llegado sola a la Isla con dos maletas.

Su explicación es sencilla: "Solo se vive una vez".

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