Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Refuerzo de la vigilancia de la joya de la naturaleza canaria

El Parque Nacional del Teide redobla su vigilancia con 32 agentes y 1.300 actuaciones en tres meses

La nueva plantilla de agentes de medio ambiente y guardas rurales supera el centenar de actas de sanción en el inicio de una nueva etapa con seguridad reforzada en la joya de la naturaleza canaria

Así trabajan los nuevos equipos de vigilancia del Parque Nacional del Teide

Andrés Gutiérrez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Daniel Millet

Daniel Millet

La Orotava

Ver un agente de medio ambiente en el Teide era hasta hace poco más difícil que toparse con un muflón, la especie más huidiza del parque nacional. Pero la situación ha dado un vuelco. «Perdone, aquí no se puede fumar», recuerda una de las nuevas vigilantes, con su pantalón marrón arena y su camisa de color rojo tinto, a una turista nacional en los aparcamientos recién reformados de los Roques de García. La mujer tira el cigarrillo al suelo, lo apaga y hace ademán de dejarlo ahí. «Recójalo, si es tan amable». Entonces obedece y busca una papelera para depositar la colilla.

Desde el pasado mes de mayo, el equipo de protectores del paraje Patrimonio de la Humanidad ha pasado de dos a 32. Y se nota. La incorporación de 14 agentes de medio ambiente al parque nacional y de 16 guardas rurales, más la intensificación de la presencia de otros cuerpos de seguridad, han acabado con la sensación de caos que imperaba en el paraje protegido más concurrido de España, con 5,1 millones de visitantes en 2025.

Apostadas en el punto más transitado de este museo volcánico al aire libre, Yésica Concepción, de 45 años, y Sara Cabello, de 35, vigilan que nadie de salga de los senderos, meta una piedra en la mochila, deje restos de basura o encienda un pitillo. «Esta es la mejor oficina en la que se puede estar», asegura Yésica mientras echa una mirada panorámica al paraje más fotografiado de la Isla, con el famoso dedo de Dios –como se conoce al Roque Cinchado– en primer plano y el Teide majestuoso al fondo.

Más agentes, nuevas normas

Yésica Concepción y Sara Cabello son dos de las agentes medioambientales recién incorporadas. Son la autoridad en el Teide, con competencias para denunciar y pedir las multas correspondientes en base al nuevo Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del parque, que entró en vigor el 4 de diciembre de 2025. De hecho, la plantilla ya ha superado el primer centenar de actas de sanción desde su puesta en marcha. En concreto, han realizado en tres meses 1.300 actuaciones, que han desencadenado 120 denuncias. La función coercitiva no es, sin embargo, la prioridad. Su esmero pasa por «la prevención y la educación ambiental», coinciden las agentes.

La mayoría de las 120 multas impuestas desde mayo tiene que ver con fumar, llevarse piedras y plantas, y aparcar mal

Las infracciones más repetidas de las últimas semanas, cuentan Yésica y Sara, tienen que ver con el veto más reciente. Desde el pasado 19 de junio, está prohibido fumar en todo el espacio natural. Pero a pesar de la colocación de carteles que lo indican en puntos estratégicos, todavía hay mucha gente que no se ha enterado. También se repiten otros incumplimientos, como salirse de los caminos, estacionar mal el coche, llevarse elementos geológicos y biológicos –piedras, arena, plantas– y hasta pernoctar, sobre todo en vehículos camperizados.

Muy cerca de allí, en el acceso al aparcamiento de los Roques de García, con el Parador Nacional al otro lado de la carretera, es evidente que se acerca la hora punta: las 13:00. Para evitar el colapso de tráfico, el guardia rural Daniel Padilla y un compañero, vestidos con el equipaje marrón rematado por un chaleco verde reflectante, tratan de poner orden en una fila de coches –la mayoría de alquiler– y guaguas que se acumula de repente.

Una turista se alonga al precipicio en los Roques de García para posar para una foto. | A. G.

La agente de medio ambiente Sara Cabello habla con un conductor. / Andrés Gutiérrez

«¿Dónde aparco?», pregunta un conductor sofocado por el calor. «Ahora mismo no hay sitio», replica Padilla. «Mire en el aparcamiento de enfrente pero aquí no se puede parar». Los guardas rurales, expertos en moverse por la naturaleza, han sido contratados como refuerzo de los agentes medioambientales, sobre todo para los controles en los principales accesos.

Atrás quedan las imágenes de vehículos aparcados en plena carretera, de quads que invaden los estacionamientos y se saltan la prohibición de meterse en los senderos, de coches que dañan especies protegidas, hasta incluso de botellones en los miradores de la cara noroeste –con vistas a Arona, Adeje, Vilaflor, Guía de Isora, Santiago del Teide o La Gomera–, donde se sigue acumulando gente para ver la puesta de sol, pero ahora con un mínimo de orden y control.

Al refuerzo de los medios de vigilancia y la renovación del PRUG le siguió la asunción completa por parte del Cabildo de Tenerife de las competencias en la gestión del Parque Nacional del Teide. El 7 de mayo de 2026, el Gobierno de Canarias completaba la transferencia efectiva a la corporación insular de la conservación de la joya de la naturaleza canaria.

La sola presencia del nuevo equipo, más el refuerzo de los cuerpos de seguridad, espanta los incumplimientos

Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2007, sobresale por su extraordinario paisaje, siendo uno de los más espectaculares del mundo. Es un monumento geológico en el que los conos volcánicos y las coladas de lava forman un conjunto único de colores y formas. Además, cuenta con una gran riqueza biológica, debido al alto porcentaje de especies vegetales endémicas y la importancia en cuanto al número y exclusividad de su fauna invertebrada. En el Teide hay 168 de especies de plantas. De las 50 especies vegetales endémicas, 15 son prácticamente exclusivas. Pero por encima de todo brilla el volcán principal, el punto más alto de Canarias y de España con sus 3.715 metros. Se trata del tercer volcán más grande del mundo desde su base y la cumbre más alta de cualquier tierra emergida del océano Atlántico.

Una cobertura las 24 horas

Blanca Pérez, consejera de Medio Natural del Cabildo, es categórica: «Ya no hay impunidad en el Teide». Lo asegura mientras supervisa el funcionamiento de los diferentes equipos de control junto a Pedro Millán, director insular del área. Pérez matiza que no son solo los nuevos agentes de medio ambiente y los guardas rurales los que ofrecen una cobertura las 24 horas, los 365 días del año. Apunta que otros cuerpos también han incrementado su presencia en este paisaje de alta montaña. De hecho, durante la visita de estos responsables insulares aparecieron en diferentes miradores y estacionamientos unidades de la Policía Canaria, la Guardia Civil y la Brifor (Brigada de Refuerzo en Incendios Forestales).

Blanca Pérez y Pedro Millán junto a Sara Cabello y Yésica Concepción. | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Una turista se alonga al precipicio en los Roques de García para posar para una foto. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

La responsable de las políticas medioambientales coincide con Yésica Concepción y Sara Cabello en que el reto «no es ni mucho menos recaudatorio o restrictivo». «La simple presencia de los agentes tiene un efecto preventivo y disuasorio, y no tiene que convertirse necesariamente en un mayor número de sanciones», explica la consejera de Medio Natural. «Menos infracciones no significa necesariamente menos vigilancia, sino que la vigilancia evita que se produzcan determinadas infracciones». La propia responsable pone como ejemplo el estacionamiento: «Cuando tú tienes vigilancia policial, la gente evita aparca mal».

Hay muchas más tareas, aparte de las ya nombradas. El día en que se realizó este reportaje –el pasado jueves– había, de hecho, una que acaparó una parte importante de la atención de estos centinelas de la morada de Guayota, el demonio que los guanches pensaban que habitaba el interior de Echeyde, como llamaban al Teide los primeros pobladores de la Isla.

El pasado 2 de agosto se inició la temporada de caza en Tenerife y el jueves es uno de los días autorizados. De ahí que se encontraran numerosos todoterrenos y camionetas con jaulas para perros desperdigadas por todo el paraje. Hay espacios donde está permitida la práctica cinegética en el Teide. Yésica y Sara piden la licencia a los que se encuentran, las autorizaciones o revisan si las capturas de conejos con perros –en la Isla no se permite la caza con escopeta de conejos– son las permitidas.

Los vigilantes del Teide ponen orden donde antes había caos e impunidad | A. G.

Blanca Pérez y Pedro Millán junto a Sara Cabello y Yésica Concepción. / Andrés Gutiérrez

Es una actividad necesaria. Y en el parque no solo se permite con los conejos, sino también con otro invasor: el muflón. Esta especie emparentada con la oveja, introducida por el franquismo en 1971 para abrir la cumbre de la Isla a la caza mayor, se ha convertido junto con los conejos en una grave amenaza para el frágil equilibrio natural del Teide.

El nuevo Plan Rector de Uso y Gestión se ha marcado como objetivo eliminar los alrededor de 200 muflones que quedan en cinco años. Pérez es consciente de que el reto es complicado. «Pero se va a intentar». Recuerda que hay muchos más desafíos por delante después del refuerzo de la seguridad, la aprobación del nuevo PRUG y otras medidas que han cambiado la cara a este mundo esculpido por la lava.

Desde noviembre de 2024, solo se puede acceder al pico del Teide con permiso, los no residentes deben pagar una ecotasa que llega a los 25 euros y se ha fijado un tope de visitantes por día: 300. Además, el pasado mes de julio se reabría –tras seis años cerrado– el refugio de Altavista, sometido a una profunda rehabilitación. Ahora también se puede hacer noche a más de 3.200 metros de altura en una instalación renovada para, todavía de madrugada, afrontar el último tramo de ascensión a la cima de España.

El control sobre los cazadores tras el inicio de la temporada obliga a doblegarse a estos vigías de la cima de España

El Cabildo trabaja ahora en redactar el nuevo plan de movilidad sostenible del Parque Nacional, que dará prioridad al transporte colectivo –con guaguas lanzadera de pago para los no residentes que recorrerán los principales puntos– frente al vehículo particular. Busca reducir la excesiva presión que ha venido soportando el paraje, con el consiguiente riesgo para su riqueza geológica y botánica.

«Lo tendremos en unos meses», remarca Blanca Pérez. Deja claro eso sí que la intención es que «la mayoría de la gente que suba al Teide, a partir de la aprobación del plan de movilidad, lo haga en transporte colectivo, disfrutando de un servicio cómodo, ágil y sostenible, que suponga una experiencia única». Otro de los objetivos es mantener y mejorar los operativos especiales en jornadas de afluencia masiva de personas, como los organizados durante las nevadas o el reciente del eclipse solar y la lluvia de estrellas de las perseidas.

La visitante que cogía la basura

Después de explicar a un visitante por fuera del Parador por qué se prohíbe fumar –peligro de incendio, necesidad de extremar las medidas ante el difícil equilibrio natural–, Sara responde cuando se le pregunta por situaciones curiosas que haya observado en estos primeros tres meses de batidas por el parque: «Recuerdo una positiva: una mujer que durante su recorrido recogió toda la basura que se encontró por el camino».

Tanto ella como Yésica Concepción, con una amplia experiencia en el cuidado del medio ambiente cuando residió en La Palma, tienen claro que «la educación hace muchísimo más que mil multas». Por eso no pierden la oportunidad, cuando ven a alguien fumando o arrancando una planta, de explicarle que las especies del Teide –por ejemplo una tan característica como la retama– no resisten al fuego. Muchos de esos arbustos que se ven por todos lados juegan un papel fundamental en este espacio y no se ven en otro lugar del mundo. Por eso hay que cuidar cada ejemplar, por muy mustio que parezca.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents