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Los guardianes invisibles del monte de Tenerife: un proyecto del Cabildo protege con cajas refugio a los murciélagos más vulnerables

Los murciélagos de Tenerife viven en el anonimato, pero su papel en los ecosistemas es esencial. El gran incendio de 2023 golpeó especialmente a estas especies. El Cabildo trata ahora de apoyar su conservación y de paso evaluar a través de estos seres de la noche el estado de la Corona Forestal, arrasada hace tres años por el fuego.

Una caja refugio en un pinar de la Corona Forestal de Tenerife afectado por el incendio de 2023 con la imagen de un murciélago.

Una caja refugio en un pinar de la Corona Forestal de Tenerife afectado por el incendio de 2023 con la imagen de un murciélago. / E. D.

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Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

Cuando el bosque se apaga, empieza su jornada. Los murciélagos de Tenerife viven en el ostracismo de la fauna isleña, escondidos durante el día y activos cuando la mayoría de los vecinos duerme. Pero bajo esa discreción se esconde una de las piezas más interesantes del engranaje natural de la Isla.

Ahora, mientras la Corona Forestal se recupera del gran incendio de 2023, científicos miran hacia el cielo nocturno para saber cómo está cicatrizando el bosque. El Cabildo de Tenerife desarrolla desde hace dos años un programa para proteger a los murciélagos más vulnerables. El incendio afectó a 14.751 hectáreas de monte y dejó, entre otras consecuencias menos visibles, una escasez temporal de refugios para estos pequeños mamíferos voladores.

La respuesta combina ciencia y algo tan sencillo como ofrecerles un lugar donde esconderse. El objetivo no es solo protegerlos, sino acompañar la recuperación del ecosistema y comprobar, noche a noche, cómo responden al nuevo paisaje. El programa ha instalado 108 cajas refugio en distintos puntos de la Corona Forestal para compensar esa pérdida y favorecer la recolonización de los murciélagos de los pinares.

Uno de los técnicos.

Uno de los técnicos del proyecto en el monte tinerfeño. / E. D.

Los datos preliminares, tras dos años de seguimiento, confirman la importancia de los pinares para dos de los murciélagos más amenazados de Canarias: el orejudo canario y la barbastela canaria. En algunos sectores de la Corona Forestal, su presencia y actividad alcanzan niveles superiores a los registrados en otros ecosistemas estudiados. Es una señal relevante: el pinar no es solo un paisaje que debe volver a reverdecer, sino un hogar que debe recuperar sus habitantes y sus relaciones naturales.

Un proyecto coloca refugios para proteger a los murciélagos de los pinares arrasados por el incendio de 2023

Rosa Dávila, presidenta del Cabildo de Tenerife, asegura que «los murciélagos son un ejemplo de esa riqueza que muchas veces permanece invisible, pero que resulta esencial para la salud del monte». Tenerife cuenta con seis especies y subespecies de quirópteros. Entre ellas están el murciélago de Madeira, endémico de la Macaronesia; el orejudo canario, exclusivo de Canarias; la barbastela canaria, propia del Archipiélago; el murciélago montañero, el nóctulo pequeño y el murciélago rabudo.

El orejudo canario

El orejudo canario ocupa un lugar especialmente delicado. Está catalogado en la categoría de especie en peligro crítico por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza debido a su distribución restringida y al declive de sus poblaciones. Allí donde había refugios, alimento y continuidad forestal, las llamas transformaron el paisaje. Las cajas funcionan como solución temporal para una fauna que no puede esperar a que el bosque recupere su esplendor.

Porque los murciélagos no son habitantes secundarios del monte. Son trabajadores nocturnos del ecosistema. Al alimentarse en los pinares, contribuyen al control natural de las poblaciones de insectos y ayudan a mantener el equilibrio medioambiental.

Un ejemplar de murciélago orejudo canario. | E. D.

Un ejemplar de murciélago orejudo canario. / E. D.

Blanca Pérez, consejera insular de Medio Natural, subraya que los murciélagos «no solo forman parte de nuestro valioso patrimonio natural, sino que actúan como verdaderos indicadores de la salud de nuestros montes». Su sensibilidad ante los cambios ambientales permite evaluar el estado de conservación de los pinares y su evolución después de perturbaciones tan graves como los incendios forestales.

Un diagnóstico del monte

Por eso el proyecto no consiste únicamente en proteger especies. También trata de leer el monte a través de ellas. El seguimiento científico convierte cada registro en una pieza del mapa de recuperación forestal. Cada murciélago que encuentra una caja refugio aporta una pequeña señal de que el bosque vuelve a ofrecer condiciones para la vida. La recuperación de un pinar no termina cuando reaparecen los árboles: necesita también que regresen quienes viven entre sus ramas y forman parte de sus equilibrios invisibles.

Hay algo paradójico en todo esto. Los animales más ignorados durante el día pueden convertirse en algunos de los mejores narradores de lo que sucede en la oscuridad del monte. Si regresan, el bosque está recuperando algo más que su color verde. Mientras la Corona Forestal cicatriza las heridas de las llamas, ellos sobrevuelan de nuevo sus pinares. No los vemos. Pero entre las copas y los claros, cuando Tenerife se queda a oscuras, los murciélagos continúan haciendo su trabajo silencioso.

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