Infancia
Los exploradores más intrépidos de Tenerife: así es un día de verano en la fundación para niños con cáncer Pequeño Valiente
La Fundación Pequeño Valiente se ha propuesto que, entre tratamientos y revisiones, los menores en procesos oncológicos consigan pasárselo en grande, un reto complicado que año tras año superan con creces.

María Pisaca

Como la mayoría de abuelas canarias, Josefa Toral haría lo que fuera por sus nietos, Talía y Néstor. De septiembre a junio no suelen salirse mucho de la rutina, pues entre que los lleva al colegio, les cocina y sale con ellos a dar un paseo no queda tiempo para mucho más. Durante el verano, en cambio, no hay un plan que se les resista: piscina, playa, cine, parque o cualquier otra actividad que implique algo de movimiento. ¿Su última aventura? Una visita al Parque Etnográfico y Jardín Botánico Pirámides de Güímar junto a otras familias de la asociación para niños con cáncer Pequeño Valiente.
Un total de 14 peques y 12 familiares se unieron a esta actividad, una de las tantas que la entidad organiza a lo largo del año para que los niños puedan tener momentos de respiro entre quimioterapias, revisiones médicas, analíticas e ingresos hospitalarios. Algunos como Néstor, de 10 años, ya han superado la enfermedad, pero siguen vinculados a la asociación porque se lo pasan pipa. «Nos apuntamos a todas, mi excursión favorita fue la que hicimos el otro día al Parque Marítimo, en Santa Cruz de Tenerife», destacó.
Aunque durante estos meses apetecen más los planes que impliquen un baño en el mar o en la piscina, en Güímar tampoco lo han pasado mal. «Es una actividad muy bonita, este tipo de planes, más culturales, siempre son interesantes; los niños se lo pasan genial mientras aprenden», aseguró su abuela.
Adentrarse en la historia del Parque
Gracias a Pequeño Valiente, este grupo de familias tuvo la oportunidad de visitar un museo al aire libre de manera gratuita. A las 11:00 horas, la guía del parque Isabelle Schmitt, ya les estaba esperando en la puerta. Tras una breve presentación, el batallón se fue directo a la terraza, donde comenzaron la excursión guiada. Apenas habían tenido tiempo para apreciar las vistas cuando escucharon por primera vez –segunda, para quienes ya habían visitado las instalaciones– uno de los nombres propios que más se repetiría a lo largo de la visita: Thor Heyerdahl. Este explorador y antropólogo noruego, apodado el gran aventurero del siglo XX, fundó el Parque Etnográfico en 1998. También jugó un papel crucial en la preservación de las pirámides y promovió su estudio científico.
Un siglo más tarde, los aventureros son otros, algo más pequeños, pero con el mismo espíritu. Uno de ellos es Sebastián, un niño de cinco años que escuchaba muy atento a las explicaciones sin separarse de la mano de su madre, Laura Dau. Ambos descubrieron la entidad en 2024, tras recibir el peor de los diagnósticos. Ahora, dos años más tarde y ya en remisión –sin rastro del cáncer–, siguen participando en las distintas actividades. «Todo el equipo es maravilloso, son muy sensibles y nos hacen sentir muy bien», añadió la progenitora.
Uno de ellos es Tomás González, un joven que trabaja como animador en la sede tinerfeña y que apenas deja descansar a las familias. «Es muy gratificante, yo al final llevo la parte más bonita de todo este proceso y por eso intento que, tanto los niños como los padres, le dediquen tiempo al ocio, para que se olviden un poco de todo lo que están pasando», resaltó.
Planes para todos
Lisa Chacón es una de esas madres que se apunta a un bombardeo. «A esta actividad vengo con mi marido y las dos niñas, pero hace pocos días Tomás organizó una tarde en un hotel solo para las mamis y lo pasamos de maravilla», señaló. A su hija le diagnosticaron leucemia cuando apenas había cumplido su primer mes de vida. Tras 15 días de pruebas y tratamientos en la Isla la trasladaron al Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona. Entonces, sus padres se vieron obligados a dejar a un lado su vida para centrarse en lo más importante: la salud de su bebé recién nacido. Un año y cuatro meses después pudieron regresar a La Orotava, municipio donde ahora residen.
Por el camino conocieron la labor de Pequeño Valiente, decidieron probar un día y ya llevan casi una década con ellos. «Estamos muy agradecidos con todo el equipo porque, incluso en los momentos más difíciles de la enfermedad, logran crear un espacio de desconexión total», apuntó.
"Exprimir el tiempo al máximo"
Para Vanessa Ruiz, madre de Liam, estas excursiones son una forma de exprimir al máximo el tiempo con su hijo: «Nosotros, como padres, lo que queremos es darle lo mejor y él, además, los quiere mucho a todos porque le han ayudado un montón durante estos últimos años».
A Liam, de once años, no hay nada que lo frene ni que le impide disfrutar junto a sus amigos. Cuando llegó el momento de atravesar el Sendero de las Aves, la actividad más esperada y también la más divertida, este pequeño valiente no se quedó atrás. Con la ayuda incondicional de sus padres, encargados de empujar con fuerzas su silla de rueda, pudo localizar todos y cada uno de los animales que se escondían entre los árboles.
El Sendero de Aves
El Sendero de Aves, una de las últimas iniciativas de Pirámides de Güímar, es un espacio pensado para que los niños pueden descubrir la biodiversidad canaria. Al inicio de este recorrido les esperaba Federico, un curioso explorador que les invitó a encontrar a sus amigos, las aves del parque. Al ser un jardín botánico, cada vez son más las especies que vuelan y corretean por la zona. La misión de estos peques, por tanto, era bastante compleja: encontrar quince pájaros que estaban escondidos entre las ramas. Para ello, no solo había que levantar la cabeza, sino que también había que afinar la vista.
Aunque la guía explicó la actividad con detalle, hubo quien se quedó con alguna duda. En el turno de preguntas, uno de los más pequeños cuestionó si los animales eran de mentira y la respuesta fue sí, ya que eran reproducciones de aves que se habían encontrado en la zona. También quisieron saber si era una competición y, en este caso, la respuesta fue no, pues no hubiera sido posible completar la misión si el trabajo en equipo.
Una importante misión
Una vez en el terreno, al primero que tuvieron que localizar fue a Federico, un muñeco que servía de punto de partida. A pocos metros de distancia encontrar a la primera especie. «Aquí está el serín canario», gritaron con emoción tras avistarlo en una rama. Con el segundo hubo más dudas: «¿Es el búho chico o el busardo ratonero?». Acertaron aquellos que se decantaron por la segunda opción. Después identificaron a la abubilla o, como alguno quiso llamarlo, el pájaro loco. Unos pasos más allá apareció el pinzón azul de Tenerife, uno de los favoritos por su color.
Tras localizar a todas las especies escondidas, pudieron por fin sentarse en las mesas del parque. Eso sí, aún no era momento de relajarse, al menos para los niños. Esta última tarea fue algo más sencilla: pintar una caseta para pájaros. Pincel entre los deditos, todos se pusieron manos a la obra, cada uno fiel a su estilo. Néstor, por ejemplo, eligió el azul porque así quedaría «muy colorida». Su compañero en la mesa, en cambio, prefirió el blanco. Sin importar el color elegido, todos se llevaron a casa un recuerdo de esta aventura que, de seguro, no será la última del verano.
El cáncer infantil es considerado una enfermedad poco frecuente, aunque representa un importante problema de salud pública. En España se diagnostican cada año alrededor de 1.000 casos en niños y adolescentes de hasta 15 años, lo que equivale a aproximadamente 14 nuevos casos por cada 100.000 niños en ese grupo de edad. En Canarias, la media anual se sitúa en unos 50 nuevos casos, siendo las leucemias y los tumores del sistema nervioso los más frecuentes.
Una larga lista de actividades
Cuando el diagnóstico llega, el objetivo principal siempre es sobrevivir y, en muchas ocasiones, los afectados ni siquiera pueden salir a jugar como cualquier otro niño. Por este motivo, Pequeño Valiente no solo acompaña a los menores con cáncer en los hospitales de las Islas, también organiza actividades como estas para que tengan momentos de respiro. En ellas pueden participar familias que estén en tratamiento y otras que ya hayan superado la enfermedad. El año pasado, por ejemplo, quince chicos, con edades entre los 11 y los 14 años, viajaron a Cantabria para participar en un campamento multiaventuras.
Durante el periodo estival también organizan campamentos en distintas islas –el de este año en Fuerteventura–, convivencias en las que incluso hacen concursos entre familias, excursiones a zonas de baño, visitas a museos y otras actividades exclusivas para padres. Una de las favoritas suele ser Pequeño Camino, un proyecto de superación y apoyo en el que jóvenes, madres y padres recorren el Camino de Santiago para fomentar la resiliencia, la convivencia y la sanación emocional fuera del entorno hospitalario.
El 20% no supera el cáncer
Toda esta actividad es fundamental para despejar la mente, pero también ayuda a lograr un mejor pronóstico. Casi ocho de cada diez pacientes oncológicos infantiles superan la enfermedad. Sin embargo, hay un 20% restante que suele fallecer, sobre todo, tras una recaída. El deporte juega un papel fundamental durante todo el proceso y numerosos estudios han probado que el ejercicio físico es seguro y beneficioso en todas las etapas del tratamiento.
Para combatir los síntomas derivados de la quimioterapia o la radioterapia es fundamental que se mantengan activos. En especial, con aquellos entrenamientos que involucren la fuerza y el cardio. La pérdida de musculatura es habitual en estos niños, por lo que hacer ejercicio ayuda durante y después de la enfermedad.
El deporte como aliado
En 2025, la entidad atendió a 325 personas solo en el área de Deporte, a través de proyectos como Valientes en Movimiento –también conocido como Valientes en Forma en Tenerife–. De ellos, 135 eran menores de 14 años afectados o hermanos, 65, adolescentes y 125, padres u otros familiares.
En esta línea, otra de sus iniciativas más consolidadas es la Animación Sociocultural. Los profesionales que desarrollan actividades lúdicas dentro y fuera del hospital –como, por ejemplo, la visita al Parque Etnográfico– hicieron que 220 personas se lo pasaran en grande el año pasado. La fundación también tiene otros proyectos que ilusionan y motivan a las familias. Uno de los más especiales es Cumplir un Deseo, una iniciativa que nace con el objetivo de hacer realidad los sueños de estos pequeños y que en 2025 llevó a uno de los usuarios a conocer el Santiago Bernabéu, el estadio del Real Madrid.
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