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Fuente Nueva en Arico: custodiar el territorio

Las medianías del municipio guardan uno de los mayores tesoros patrimoniales y ambientales de la Isla. Su decena de vecinos aseguran que el abandono institucional y la falta de servicios lastran su futuro

Tenerife Vaciada: Fuente Nueva, Arico

Andrés Gutiérrez

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

Cuando el abandono institucional es permanente, los vecinos del lugar se convierten en los únicos guardianes que custodian el territorio. Es el caso de Fuente Nueva, en Arico. Un caserío de medianías, fronterizo con Fasnia, que cuenta con una decena de habitantes y que carece de todos los servicios: no tienen agua, tampoco luz, no tienen recogida de residuos y sus carreteras son transitables con un 4x4. El mimo y el cariño por este emblemático trozo de tierra lo ponen los vecinos y los que en algún momento vivieron allí, pero la incomodidad los terminó por expulsar. Ahora es territorio de cazadores, quienes a veces superan los límites de la propiedad privada.

María Jesús Flores Pérez custodia con añoranza la que un día fue su casa hasta los 14 años. Ahora, casi 50 años después sigue yendo al lugar en el que tuvo "una infancia muy feliz. Mis recuerdos de aquí son alegres a pesar de que la vida era dura", dice a la vez que abre la puerta de su casa. Cada una de las estancias guarda una reliquia: pisos de cemento, techos de madera, las maletas de su padre cuando emigró a Venezuela, una sulfatadora antigua o la cocina a leña donde su madre hacía de comer. Quiere luchar por mantener el patrimonio tangible e intagible que le legaron sus padres y junto a su prima, que tiene la casa al lado, arreglan caminos para llegar a sus propiedades y sostienen el enclave donde se criaron.

Guía turística improvisada

De pelo cano, Flores no para de subirse las gafas de sol -a modo de diadema-. Es pizpireta y divertida. Una guía turística improvisada que habla desde el corazón y desde la pena por el estado en el que se encuentra Fuente Nueva. "Antes todo esto estaba cultivado. Viña, papas, cereal... había de todo. Ahora, apenas hay agricultura. Hay una empresa privada que está cultivando justo al lado de casa, pero poco más", asegura. Lo que antes era el suministro de las familias, ahora es un erial del que solo se guardan recuerdos. "Mis padres lo tenían todo aquí. Tenían animales de los que nos alimentábamos, tenían fruta y verdura plantada, mi padre era un auténtico enólogo, vendía papas y luego trabajaba en la galería. Lo teníamos todo aquí", recuerda.

Pero la vida evoluciona y cambia. Flores comenzaba el instituto y ese fue uno de los motivos por los que sus padres decidieron que el esfuerzo tiene un límite. Ya hicieron bastante para ir al colegio: "Íbamos caminando hasta La Zarza, que pertenece a Fasnia. Teníamos turno partido y para que no tuviéramos que ir y volver, mis padres y mis tíos alquilaron un cuarto allí para darnos la comida. Se turnaban para llevarnos y alcanzarnos la comida", rememora pero no llega al detalle de cuánto se tardaba. El tiempo apenas era importante en aquel momento de poca velocidad. Añade un episodio en el que enfermó y su padre la llevó al hombre hasta allí para que la atendiera el médico.

Se duplica el fin de semana

El color ocre inunda Fuente Nueva, una gama cromática que se acentúa con el atardecer. La tosca se vuelve monumento porque la gran parte de las viviendas están vacías o son de fin de semana. Momento en el que la población se duplica y los 4x4 suben a la labor de custodia. Hay una pista en construcción muy transitable -que tardó unos 14 años en construirse- y otra que deja bastante que desear. Esa vía lleva hasta Casa Gaspara, que pertenece a Yoli García González, presidenta de las dos asociaciones que velan por Fuente Nueva. Es prima segunda de Flores, quien al preguntarle si antes la gente se ayudaba exclama: "¡Pues claro! Si casi todos éramos familia".

García González guarda un fondo documental envidiable sobre el carácter emblemático del núcleo de sus abuelos. Enriquece el relato pretérito de Fuente Nueva en cuestión de 15 minutos, algo que habla de su labor como guardiana y conocedora del lugar. El patrimonio cultural de Fuente Nueva es grandioso: caminos reales de mar a cumbre, hornos, eras, cuevas, fuentes, galerías, ejemplos de la arquitectura vernácula, pasiles y vestigios agrícolas. Todo ello, era aún más rico con la presencia de unos 400 habitantes en torno a la década de los 40 del siglo XX. Pero la gente se fue marchando, no demasiado lejos, por la falta de servicios. "Nosotros pagamos nuestros impuestos, como la contribución por ejemplo, pero no tenemos lo básico: agua y luz. Para tirar la basura, tenemos que cargar nuestros coches e ir hasta otro municipio. Cuidamos las carreteras y limpiamos las calles", apostilla Yoli.

Una sorpresa

Lo más sorprendente es que cruzando un simple barranco, los vecinos de esa vertiente sí que tienen todos los suministros. Es inevitable preguntarse por qué. "He visto pasar muchos gobiernos por el Ayuntamiento de Arico y ninguno ha tenido la sensibilidad de solucionarnos la falta de luz y de agua", declara indignada. En este sentido está totalmente de acuerdo con Flores, quien piensa que el consistorio ariquero se olvida de que Fuente Nueva le pertenece y que es uno de sus mayores tesoros. Es su oasis.

Porque mires por donde mires, el caserío es una joya ambiental y patrimonial del que tanto Flores como García están profundamente enamoradas. "Aunque nos mudamos, mi padre subía y bajaba todos los días. Nunca dejó de venir. Yo haré lo mismo", sostiene María Jesús como juramento de su custodia por el patrimonio familiar. La pena es que sus hijos no tienen ese apego. Por su parte, Yoli ostenta el papel de líder vecinal, de la lucha que garantice el futuro del caserío y que invite al regreso de sus habitantes.

El sol está a punto de ocultarse y María Jesús ya afirma que tiene la boca seca "de tanto alegar". La suerte de Fuente Nueva nunca será la atención de las administraciones -si se da en algún momento-. Su fortuna siempre será el sentimiento de pertenencia y de arraigo que despertó en sus vecinos para que la custodiaran de la mejor manera posible.

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