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La Orotava, un museo al aire libre en Tenerife: arquitectura, historia y el encanto de sus plazas y jardines

La Orotava conserva uno de los cascos históricos más singulares de Canarias, con balcones de madera, casas señoriales, jardines y curiosos elementos que cuentan la historia de la Villa

Panorámica del  casco histórico de La Orotava

Panorámica del casco histórico de La Orotava / Arturo Jiménez

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Elena Morales

Elena Morales

Santa Cruz de Tenerife

No hace falta buscar una playa para encontrar uno de los rincones más especiales de Tenerife. Hay un municipio en el norte de la Isla donde las calles empedradas, los balcones de madera, las casas señoriales y los jardines históricos convierten cualquier paseo en un viaje al pasado.

Ese lugar es La Orotava, una de las grandes joyas patrimoniales de Tenerife y un destino perfecto para una escapada este verano. Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1976, conserva una trama urbana y un patrimonio arquitectónico que permiten entender cómo evolucionó la Villa durante siglos.

Pero La Orotava esconde mucho más que sus conocidas casas tradicionales. El agua fue uno de los elementos que condicionó su crecimiento, mientras que las diferencias sociales dejaron su huella en la división entre Villa Arriba y Villa Abajo.

Un pueblo que creció siguiendo el agua

A diferencia de otros cascos históricos, La Orotava no se desarrolló siguiendo un trazado perfectamente ordenado. Sus calles suben, bajan y se adaptan a la pendiente del terreno, en buena medida condicionadas por la topografía y por la presencia del agua.

El agua que descendía desde las medianías de la Isla alimentaba una extensa red de canales y acequias que durante siglos permitió abastecer a la población, regar los cultivos y poner en funcionamiento molinos.

Uno de los lavaderos de antaño, ahora como museo

Uno de los lavaderos de antaño, ahora como museo / Arturo Jiménez

De los 13 molinos de gofio que llegó a tener la Villa, todavía se conservan diez. También hubo pequeñas centrales eléctricas y tres lavaderos públicos, de los que únicamente permanece uno.

El agua fue además fundamental para la agricultura. Permitió desarrollar cultivos como la vid y la malvasía y contribuyó al crecimiento de diferentes actividades artesanales y económicas.

Villa Arriba y Villa Abajo: dos caras de La Orotava

La historia también se puede leer en la propia distribución del municipio.

La llamada Villa Arriba estuvo tradicionalmente vinculada a las clases populares, con casas terreras, pequeños terrenos agrícolas y una arquitectura relacionada con artesanos y pequeños propietarios.

La fachada de la iglesia de La Concepción

La fachada de la iglesia de La Concepción / Arturo Jiménez

En la Villa Abajo, en cambio, se instalaron buena parte de la nobleza, los conventos y las grandes casas señoriales. Allí proliferaron las construcciones de inspiración mudéjar, los balcones, los graneros y las bodegas.

Dos realidades diferentes que terminaron formando uno de los conjuntos históricos mejor conservados de Canarias.

La Casa de los Balcones, una de las imágenes más reconocibles

Una de las paradas imprescindibles es la Casa de los Balcones, probablemente uno de los edificios más fotografiados de La Orotava.

Sus galerías de madera tallada y sus balcones tradicionales representan uno de los ejemplos más reconocibles de la arquitectura canaria. En sus inmediaciones también se encuentra el Museo de las Alfombras, dedicado a una de las tradiciones más singulares de la Villa.

Cada año, durante el Corpus Christi, las calles de La Orotava se transforman con enormes alfombras elaboradas con flores y arenas volcánicas.

Los Jardines Victoria esconden un mausoleo

Otro de los rincones que merece una visita son los Jardines Victoria, un conjunto de terrazas ajardinadas desde las que se puede contemplar el Valle de La Orotava.

El mausoleo masónico de los Jardines Victoria

El mausoleo masónico de los Jardines Victoria / Arturo Jiménez

Pero el lugar guarda además una historia mucho menos conocida. En su interior se encuentra un mausoleo de mármol traído desde Lyon, diseñado por el arquitecto francés Adolphe Coquet por encargo del marqués de la Quinta Roja.

El monumento está relacionado con la historia de la masonería y fue concebido como homenaje al hijo del marqués.

La iglesia que esconde diez gárgolas

Si hay un edificio que domina el perfil del casco histórico es la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción.

El templo es considerado una de las grandes muestras de arquitectura barroca de Canarias y combina diferentes lenguajes arquitectónicos. Su cúpula destaca sobre los tejados de la Villa y constituye una de las imágenes más reconocibles del municipio.

Una de las gárgolas de la iglesia de La Concepción

Una de las gárgolas de la iglesia de La Concepción / Arturo Jiménez

Pero hay un detalle que muchos visitantes pasan por alto: sus diez gárgolas. Estas figuras, algunas con aspecto monstruoso y caricaturesco, cumplen una función práctica: evacuar el agua de lluvia.

Talladas en piedra, llevan casi tres siglos formando parte de la fachada del templo. En los días de lluvia, el agua sale por las fauces de estas pequeñas criaturas.

El curioso patrimonio que hay que mirar hacia abajo

En La Orotava también conviene mirar hacia el suelo. En algunas esquinas todavía sobreviven los llamados guardaesquinas, unas piezas de madera que protegían los salientes de las fachadas de los golpes provocados por los carros que transportaban productos agrícolas por las calles.

El guardaesquinas de la calle Ascanio

El guardaesquinas de la calle Ascanio / Arturo Jiménez

La actividad agrícola y la circulación de carruajes hicieron necesario instalar estas protecciones. Hoy apenas quedan cuatro, lo que las convierte en uno de los elementos patrimoniales más singulares y desconocidos de la Villa.

Un museo al aire libre en Tenerife

Recorrer La Orotava permite descubrir casas señoriales, patios, balcones, conventos, plazas y edificios religiosos prácticamente en cada esquina.

La plaza de la Constitución, conocida popularmente como la plaza del Kiosco, es otro de los puntos imprescindibles, con su templete y sus zonas ajardinadas. Muy cerca se encuentra el Ayuntamiento, uno de los edificios institucionales más reconocibles de la localidad.

Todo ello forma parte de un casco histórico que conserva buena parte de la trama urbana consolidada durante el siglo XVII.

Por eso, más que limitarse a visitar algunos monumentos concretos, recorrer La Orotava es una forma de descubrir la historia de Tenerife a través de sus calles.

Y quizá ahí esté uno de sus mayores atractivos para este verano: mientras otros destinos de la Isla se descubren frente al mar, en La Orotava el viaje comienza al levantar la mirada hacia un balcón, al seguir el recorrido de una antigua acequia o al fijarse en una pequeña pieza de madera que lleva siglos protegiendo una esquina.

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