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Entrevista | Anne Striewe Directora general de la fundación Canarina

Anne Striewe, directora general de la fundación Canarina: "Tenerife no puede ser una barra libre donde todo el mundo pueda hacer lo que quiera"

Bióloga de formación, propone diversificar la economía de la Isla para centrarse también en la sostenibilidad social y ambiental

Anne Striewe, directora general de la fundación Canarina

Anne Striewe, directora general de la fundación Canarina / María Pisaca

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Santa Cruz de Tenerife

La fundación Canarina tiene como objetivo y misión proteger la naturaleza y el medio ambiente en todo el ámbito de Canarias, aunque se centra principalmente en Tenerife, donde para Striewe se concentran la mayor parte de los problemas. Critica que la sostenibilidad está olvidada en el ámbito ecosocial y que algunos términos ambientales están pervertidos por parte de las instituciones.

-¿Cuál es la principal diferencia entre fundación Canarina y un colectivo ecologista?

Nuestro tono es intermedio. Participamos y apoyamos todas las reivindicaciones y protestas que se están desarrollando en el Archipiélago en los últimos años. Estamos alineados con eso, pero es verdad que nuestro tono es un poco diferente. Intentamos ser una entidad bisagra, que puede dialogar tanto con unos como con otros. Y no quedarnos solo en la protesta, sino también en las propuestas. Tenemos, por suerte, fondos que nos permiten desarrollar proyectos que plantean alternativas a ese modelo que criticamos. No queremos quedarnos solo en la crítica, sino también pasar a la alternativa. Tenemos recursos económicos, una finca, la posibilidad de contratar personal y de desarrollar proyectos.

-¿Cuáles son para usted los principales problemas ambientales a identificar en Tenerife?

Lo primero sería la pérdida de biodiversidad, el retroceso tan brutal que estamos teniendo en los ecosistemas y en la vida que los habita. Tiene que ver con la urbanización, con la expansión del cemento y con el acorralamiento que están sufriendo los espacios naturales protegidos, que se están convirtiendo básicamente en parques urbanos. Pretendemos construir hasta el borde. También está la superpoblación y la masificación. Cada vez somos más, tanto turistas como residentes. Eso tiene consecuencias a nivel de consumo de suelo y recursos. Hablo tanto de la tierra, con vertederos saturadísimos, como de la contaminación atmosférica y, principalmente, la contaminación marina con todos esos vertidos y emisarios que están provocando problemas de salud. En resumen, la saturación. El exceso de personas y toda la cadena que trae eso: consumo de recursos y presión sobre el territorio y la naturaleza.

-El discurso político actual usa mucho la palabra sostenibilidad. ¿Cree que existe una contradicción entre lo que se dice y el modelo que se aplica?

Por supuesto. Las instituciones han asumido como propios ciertos términos y los están vaciando completamente de contenido. Hablan de sostenibilidad o de muchas de las exigencias que han estado en la calle, como por ejemplo la ecotasa. Implantan una ecotasa, pero no es una ecotasa realmente. Hablan de sostenibilidad cuando no es sostenible. La sostenibilidad que nosotros entendemos tiene tres patas: la económica, la social y la ambiental. Y ahora mismo está claro que el foco se está poniendo solo en la parte económica. Además, se está haciendo a través de una sola estrategia, que es el turismo. No se está diversificando la economía. Y diversificar podría revertir también en reforzar la pata ambiental y la social.

-¿Cómo se podría diversificar la economía?

Por ejemplo, con la soberanía alimentaria del territorio. Estamos hablando de una dependencia extrema de la alimentación del exterior. Básicamente, como venga otra pandemia, nos quedemos sin suministros o estalle una tercera guerra mundial, nos vamos a quedar sin nada. Por eso hablo de sostenibilidad ambiental y social, pero también de soberanía del territorio. Ser un poco autónomos y capaces de abastecernos de lo básico: alimentación, agua y energía. Y podríamos hacerlo. También hablamos de transición energética mientras llenamos suelo potencialmente cultivable de placas solares que están en manos de grandes empresas. Lo que podríamos hacer es un modelo descentralizado, con placas solares en cubiertas, donde cada uno produjera su propia electricidad. Hablamos de que hacemos muchas cosas, pero en realidad estamos haciendo todo lo contrario. Y como pasa con la sostenibilidad, la transición energética o la ecotasa, hay muchos términos que se están prostituyendo y pervirtiendo.

-Hablando de la ecotasa, ¿cómo le explicaría a alguien que regular no es prohibir, sino conservar?

Hay una especie de rechazo a poner límites a los turistas. Todo eso de restringir está muy mal visto porque tenemos integrado que ellos son dioses y que tienen que poder hacer lo que quieran, por miedo a que dejen de venir. Nadie va a dejar de venir por eso. Poner límites, restringir y regular significa dar valor. Tenerife no puede ser una barra libre donde todo el mundo pueda hacer lo que quiera. Por otro lado, también es interpretado por la gente de aquí como que no va a poder ir libremente. A lo mejor hace un año o dos que no voy al Teide, pero en cuanto me digan que no voy a poder ir me fastidia y me levanto en contra. Creo que debe haber una regulación que diferencie entre residentes y visitantes. Somos muchos y, si todos hacemos lo que queremos, al final destrozamos el recurso. Aunque eso sea impopular y aunque nos arriesguemos a que haya turistas que dejen de venir. A esos, si dejan de visitarnos por eso, no los queremos. Poner límites y restringir es darle valor a lo que tenemos y cuidarlo.

-¿Qué decisiones urgentes tomaría para que Tenerife no siga perdiendo suelo, costa y biodiversidad?

Una moratoria turística y vacacional ya. Eso es lo primero. Parar para repensar un poco qué modelo seguir. Después, soberanía alimentaria ya. Y soberanía energética. La soberanía alimentaria y energética me parecen absolutamente básicas. Esas tres cosas: parar, redirigir y diversificar la economía hacia la soberanía alimentaria y energética. Esas serían las tres decisiones más importantes que tomaría.

Striewe en el parque García Sanabria de Santa Cruz

Striewe en el parque García Sanabria de Santa Cruz / María Pisaca

-¿Qué Tenerife imagina dentro de 20 años si no cambia el modelo actual?

Si no paramos, vamos a tener una Isla donde los espacios naturales sean parques machacados, con un uso superintensivo. La única naturaleza que nos va a quedar serán espacios naturales superdegradados. También creo que va a haber un desplazamiento de la población local. Si el tema de la vivienda continúa así, Tenerife será un lugar donde solo puedan vivir unos pocos. Y cada vez será menos gente canaria, desgraciadamente. Me parece bastante distópico el escenario que estoy imaginando, una distopía que no me está gustando imaginar.

-¿La ciudadanía de Tenerife conoce el valor natural del territorio en el que vive?

Nosotros trabajamos la educación ambiental con colegios en zonas de la periferia del área metropolitana o en donde a veces no tienen recursos. Te das cuenta de que hay muchos niños que no conocen su Isla, que no han salido de excursión al Parque Rural de Anaga. Estamos hablando de centros educativos de La Laguna o Santa Cruz. Estamos absolutamente convencidas de que para amar algo hay que conocerlo. Defender este territorio pasa por conocerlo. En cuanto lo conoces, lo puedes valorar, lo puedes amar y entonces lo puedes defender. Tenemos muchísimas especies y ecosistemas que no existen en ningún otro lugar del planeta y los estamos perdiendo. El ideal de naturaleza con el que hemos crecido o que nos han vendido es diferente, pero tenemos que saber apreciar lo que tenemos aquí, que es completamente único y que no tiene menos valor por eso.

-¿Las nuevas generaciones están más concienciadas de los problemas ambientales de Tenerife?

Tienen muchísima más información de la que teníamos nosotros en nuestra generación. Hace diez años, no recuerdo que hubiera influencers que hablaran de medio ambiente. Hoy en día los hay y tienen un montón de seguidores. Creo que el discurso ambiental está más presente y que sí hay más conciencia. Los problemas ya estaban hace treinta años, pero quizá no eran tan visibles como ahora. El desborde de gravedad que tenemos en este momento hace que haya más conciencia, porque ya no puedes hacer la vista gorda. Ya no es el discurso de cuatro personas sensibles que ven algo que la mayoría todavía no ve. Es que está a la vista de todos. Hay más conciencia, pero también hay más desmotivación, quizá frustración.

-¿Qué proyectos de restauración o de renaturalización le parecen más urgentes en Tenerife?

Primero, proteger lo poco que queda. Hay muchos espacios naturales donde se pueden llevar a cabo restauraciones. El bosque termófilo es un ecosistema que prácticamente ha desaparecido. Solo nos quedan unas pocas manchas. Y no nos podemos ni llegar a imaginar cómo era. Es el ecosistema más castigado porque coincide con todas esas medianías que fueron roturadas y taladas en el pasado para crear zonas agrícolas. Y ahora mismo, con el abandono del campo, creo que es urgente recuperar la medianía y enlazarlo también con la soberanía alimentaria. Hay que volver al campo mediante técnicas nuevas que impliquen restauración ecológica de los ecosistemas originales y que esa rehabilitación sirva como marco para plantar de otra manera, sin químicos ni fertilizantes, utilizando el ecosistema como marco. Para mí, la restauración de ese cinturón de medianía, con la recuperación en la medida de lo posible del bosque termófilo y usarlo como marco para practicar una agricultura regenerativa, sería superimportante.

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