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Viticultura

Tenerife recupera su viñedo: prevén un gran volumen y calidad en la vendimia de 2026

La mejora de la cosecha se prevé más pronunciada en las variedades blancas y en la vertiente Sur, mientras que algunas tintas advierten de caídas significativas

Un momento de la vendimia en una bodega de Tenerife

Un momento de la vendimia en una bodega de Tenerife / Arturo Jiménez

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Tenerife afronta la vendimia con un optimismo generalizado por las lluvias del último invierno. Tras siete años de sequía, el sector vitivinícola insular comparte buenas sensaciones en cuanto a volumen de recogida y calidad de la uva y algunos se muestran optimistas más allá de este año. Auguran que la cosecha será aún mejor en 2027 por la fortaleza que tiene la planta gracias al agua caída. La mejora se traduce en cifras y para muestra, dos botones de la vertiente Sur: la Denominación de Origen Valle de Güímar prevé pasar de 125.000 en 2025 a unos 180.000 kilos de uva y en Abona subirá entre un 50 y un 60% respecto a la última vendimia. En el Norte, bodegas como Viñátigo prevén duplicar la producción y, en el caso de Tajinaste, destaca más la calidad que la cantidad de uva, que ya se está recogiendo y que presenta buenos parámetros de acidez y graduación. No obstante, hay algunas sombras. Bodegas como El Lomo, en la D.O. Tacoronte-Acentejo, advierten de caídas importantes en las variedades tintas.

En la vertiente sur de Tenerife, las cotas bajas y las uvas blancas, como el marmajuelo, arrancan la vendimia con previsiones positivas. Algunas denominaciones y productores comenzaron a recoger la uva a principios de este mes de agosto y la prolongarán hasta octubre, dependiendo de la altitud, zona y varietal. Esta es una de las mayores singularidades del sector del vino en Tenerife: no es un procedimiento homogéneo, uniforme y de una duración determinada, como puede ocurrir en otras zonas del país. La Isla cuenta con una gran diversidad de microclimas, alturas, orientaciones y variedades de uva que necesitan de tiempos diferentes.

Un eco lejano

Por otro lado, la filoxera aparece como un eco en la campaña de 2026. El insecto apareció el verano pasado en la D.O. Tacoronte-Acentejo y aunque se mantienen vigentes protocolos y medidas, sobre todo en esta denominación, los productores reconocen que la vigilancia se ha relajado. Los focos identificados siguen con zonas tampón -un perímetro de seguridad de unos dos kilómetros- y persiste el control del movimiento de uva o material vegetal. El gerente de bodega El Lomo, Borja de Mesa, explica que "ahora mismo tenemos medidas asumibles y fáciles para los productores". El presidente de la Sociedad Cooperativa Cumbres de Abona, Manuel Marrero, presume de que "la filoxera parece que aquí no quiere vivir".

Positividad sureña

La positividad se inclina hacia la vertiente sur de Tenerife. Tajinaste, que tiene su origen en La Perdoma (La Orotava), comenzó la vendimia el pasado 4 de agosto en una finca que está en Bebederos, en el entorno del Malpaís de Rasca (Arona), con la variedad de marmajuelo. "Ya tenemos mosto en fermentación, pero prolongaremos el proceso hasta finales de octubre porque hay muchas zonas que van en fechas más habituales. Ahora, cruzamos los dedos para que el verano acompañe y la climatología siga ayudando como hasta ahora", declara el propietario de la bodega, Agustín García Farráis.

Bodegas Monje, en la D.O. Tacoronte-Acentejo, lleva vendimiando 15 días, pero "la época fuerte será la clásica: todo el mes de septiembre y algo de octubre", identifica su propietario, Felipe Monje. "La planta está bastante fuerte. Incluso diría que, quizás el próximo año debería ser todavía mejor. Las viñas han cogido bastante agua y el campo ha podido recuperarse algo después de la sequía prolongada", sostiene y coincide en este aspecto premonitorio con Marrero, de la D.O. Abona. "Las varas están de cuatro o cinco metros. Había viñas que estaban prácticamente perdidas y este año ya incluso tienen racimos", afirma entusiasmado.

En Cumbres de Abona ha entrado poca uva, "pero la próxima semana ya habrá bastante en bodega. Comenzamos a vendimiar en Granadilla de Abona", señala Marrero. Aunque el optimismo es el tono generalizado, el presidente de la cooperativa comarcal se lamenta por "todo el agua que perdemos en Tenerife. La mandamos al mar. Reclamamos que no se desperdicie y que se arreglen infraestructuras como la presa de El Río. Se podrían almacenar muchas pipas de agua", sentencia.

El presidente de la D.O. Valle de Güímar, José Bruno Albertos Pérez, sitúa en agosto y septiembre los meses ideales para realizar la vendimia. "Siempre la iniciamos en fincas situadas a unos 500 metros de altitud sobre el nivel del mar. Subimos a medida que madura la uva y terminamos con las últimas cosechas a 1.200 o 1.300 metros, en zonas como Los Pelados", aclara. El motivo de comenzar a esa altura es porque la primera uva es «para las referencias de nuestro cava, espumosos y el frizzante. Es una graduación de entre nueve y diez grados", comenta.

El propietario de la bodega Viñátigo (D.O. Ycoden-Daute-Isora), Juan Jesús Siverio, comenzó la vendimia hace un mes en islas como Lanzarote y Fuerteventura. "En Tenerife iniciamos hace algo más de una semana en las cotas más próximas al mar y con las variedades más tempranas de uva blanca como el marmajuelo», afirma. Su previsión es duplicar la producción con respecto al año pasado "con parámetros muy buenos en acidez y graduación". Reconoce que los viñedos "venían muy afectados después de siete años seguidos de sequía".

Más allá de la vendimia

La vendimia es uno de los momentos cruciales para el sector del vino en cualquier punto de la geografía de Canarias. Pero a algunos productores les preocupa un factor que atraviesa el tiempo y el espacio: el abandono del campo y el relevo generacional. Esto merma cualquier esperanza para el futuro y recrudece el optimismo por las lluvias caídas en Tenerife este año. El gerente de bodega El Lomo, Borja de Mesa, destaca todo el trabajo que hay detrás del mantenimiento del viñedo durante todo el año. "Cada vez es más difícil encontrar personal que sepa enfrentarse a una vendimia. Acaba recayendo en el personal de la bodega y en las familias que están al frente. Hay que poner en valor la parte humana porque es un proceso totalmente manual y que se parece, perfectamente, a las que se hacían hace 200 años", reflexiona. Por su parte, Felipe Monje, de Bodegas Moje, está preocupado por "el abandono del campo. Hay un problema de relevo generacional que hace que cada año se pierda más superficie de cultivo de la viña porque no hay quien continúe trabajándola".

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