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El Tablado en Güímar: un sueño marinero

La pérdida de la actividad pesquera y el éxodo de la población han transformado en un pueblo con más memoria que presente. Aún resisten en torno a 250 personas

Tenerife Vaciada - El Tablado

Arturo Jiménez

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Leticia Dorta Lemus

Leticia Dorta Lemus

Vivir en El Tablado, en la costa de Agache (Güímar), es un sueño. La sal se pega a la piel y se respira. Las casas tradicionales de un barrio pesquero se mezclan con algunos edificios en altura. Se apiñan en un entramado urbano casi simétrico y la salida del laberinto es el mar, que está acompañado del habitual viento. Una plataforma artificial, construida por los propios vecinos, reina en medio de una pequeña caleta. Este rincón, con las casas a escasos metros, podría ser la protagonista de esa ensoñación costera que habla de la calidad de vida de los 250 vecinos del núcleo.

Obviamente, esta es la perspectiva de un foráneo y mero espectador que se encanta con la estampa más veraniega. Gerardo de la Rosa es uno de los vecinos con un vínculo especial con El Tablado. Pinta pelo cano, pero su actitud ante la vida le resta algunos años. También lo hace su atuendo, que habla de la tranquilidad que otorga la jubilación y el retiro eventual en un lugar como este. Aunque vive actualmente en El Sauzal, sus padres procedían de El Escobonal y tenían una casa en el barrio del litoral güimarero. Vuelve todas las semanas para no perder la relación con un sitio lleno de memoria y una de sus principales preocupaciones es, precisamente, que no se olviden los tiempos en los que El Tablado fue algo más que un sueño de verano. "Aquí había una conexión muy clara entre la cumbre y el mar. Entonces, la gente de El Escobonal venía para abajo y se cambiaba el pescado por las papas o el aceite", narra. Entonces, enseña todas las fotos que cuelgan de la pared de su casa y que demuestran que la actividad pesquera fue el principal recurso económico y el sustento de las familias.

Parte del pasado

La pesca es parte del pasado de El Tablado. La actividad se perdió a medida que los pescadores fueron falleciendo. "No ha habido jóvenes que retomaran la profesión", lamenta De la Rosa, quien asegura que de la gente de la mar se aprendían cosas importantes. "Recuerdo ir a ayudar a que los barcos subieran por la orilla. Había una forma de reparto del pescado que habían cogido. Ellos te decían lo que había para cada vecino o si no había. Era una manera de entender la vida y la comunidad", explica. También cuenta cómo era de sencillo comer pescado en tiempos pasados: "Mi madre me decía que saliera y cogiera algo en el mar. Volvía con cuatro o cinco sargos y hacía una cazuela. Ya tenía las papas y con eso comíamos. Y si no, un pulpo que cogía ahí debajo mismo", señala el pequeño entrante de mar que tiene a escasos 100 metros de la casa. "Cogía el pulpo y lo metíamos dentro del agua hirviendo con un bloque encima del caldero. Los estampidos que metía para intentar salir eran bastantes", bromea.

La pesadilla

La otra cara de la moneda de El Tablado, la pesadilla, es la falta de servicios. Solo cuenta con un bar. No hay nada para comprar lo básico, por lo que cualquier necesidad supone salir del barrio. La TF-1 está justo encima, se divisa desde la caleta destinada al baño incluso. "Antes había muchísima más vida. Había al menos seis o siete bares-venta, con el mostrador de madera, como los de antes. Si una persona quiere pan, tiene que esperar a que sus hijos se lo traigan", argumenta y comienza a recordar y a nombrar a Esteban, Nené, Capitán, el Sordo, Yanes, Federico o Juan Caña. La cuestión es obvia: por qué ha desaparecido toda esa vida. Y la respuesta también es de un razonamiento aplastante: "Se ha ido vaciando todo. La gente mayor se muere, los jóvenes no se quedan, no hay actividad económica y los negocios no aguantan". Para el vecino de El Tablado, ahora hay gente, pero se vive de otra manera. Además, establece una clara diferencia entre el verano y el invierno, estación en la que el enclave se queda mucho más solitario. Tampoco hay consultorio médico y para ello tienen que desplazarse a El Escobonal. Requieren de un coche para absolutamente todo.

La falta de servicios en El Tablado ha sido una reivindicación histórica. Gerardo estuvo en la asociación de vecinos del barrio durante muchos años y una de las principales demandas de entonces era "declarar a todo el litoral de Agache como zona sensible. No puedes cobrarle los mismos impuestos a una venta pequeña de El Tablado que a un negocio en otro lugar con mucha más actividad. Aquí cierran porque no llegan", advierte. La declaración no llegó nunca y el vecino está convencido de que era "una forma de reconocer que este tipo de núcleos tienen unas condiciones especiales y que necesitan de otro trato. Si se les trata igual que al resto, al final desaparecen".

Aunque el colectivo vecinal existe aún, están más dirigidos a la dinamización del barrio desde otro punto de vista. "El entretenimiento y la celebración de las fiestas también es algo necesario, pero en la etapa en la que estuve en la asociación de vecinos había un grupo que quería realizar una labor más política en el sentido social de la palabra. Nos metimos con todos los que había que meterse: el Ayuntamiento, el Obispado o el Cabildo", recuerda con una media sonrisa. De la Rosa considera que todo el litoral de Agache, donde se enmarca El Tablado, "ha estado marginado durante mucho tiempo".

Calidad de vida

A pesar de las carencias en servicios, Gerardo tiene claro que vivir en El Tablado "es calidad de vida. Te marca. Es un pueblo dormitorio, pero en el buen sentido de esta definición. Aquí no te enteras de nada", sostiene. "Hay tranquilidad, hay silencio y hay una relación con el lugar que no se encuentra en cualquier sitio", añade. No obstante, reconoce que esa tranquilidad se esfuma los fines de semana. "Se masifica todo y no hay costa para tanta gente. Aunque pasa en todo Tenerife. La Isla se ha llenado muchísimo y hay momentos en los que no puedes ir a ningún lado", declara.

Una de las mayores batallas del núcleo es la recuperación de la ermita en honor a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre y San Carlos Borromeo. De la Rosa cuenta, con cierta indignación, que el Obispado derrumbó el templo sin consultarlo con los vecinos. "Rompieron el sueño de mucha gente. Muchos vecinos que emigraron a Cuba y Venezuela pusieron el material para construir la plaza donde estaba la ermita. Tenía una carga emocional muy fuerte para el barrio", justifica. Es un símbolo perdido que Gerardo guarda a modo de imágenes. "Esta foto es de la primera misa que se hizo en la iglesia. No solo era una obra o piedras, es memoria colectiva", sentencia.

Es hora de despertar del sueño. Con sabor a mar, se antoja el recuerdo, el tiempo y la leyenda marinera de El Tablado. Si se le puede poner música a este barrio, habría que rescatar ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón, inspirado en los versos de Lorca. Porque en El Tablado, también, "el sueño va sobre el tiempo flotando como un velero".

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