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Salud mental

Tenerife amplía su red de viviendas supervisadas: 12 hogares para cuidar a 65 isleños con trastornos mentales graves

Entidades como AFES Salud Mental se alejan de las grandes residencias y comienzan a apostar por la atención más personalizada, una nueva formar de cuidar que permite a los usuarios alcanzar una mayor autonomía

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Claudia Morín

Claudia Morín

Los Realejos

Las grandes residencias sociosanitarias han pasado de moda. España, animada por la Unión Europea (UE), está avanzando hacia un nuevo modelo de cuidados, más personalizado y con mejores resultados. Tenerife no ha querido quedarse atrás y ha comenzado a transformar su red de recursos sociales. En materia de salud mental, la Isla cuenta ya con 12 viviendas supervisadas en las que residen 65 personas con trastornos mentales graves, una alternativa habitacional que no solo facilita su atención, sino que también les permite vivir en comunidad y tener una mayor autonomía.

En julio, hace apenas un mes, se abrieron por primera vez las puertas de La Magnolia, la última de estas viviendas sociales. En esta casa, ubicada en Los Realejos, ya residen seis mujeres con problemas de salud mental que están "encantadas" con su nuevo hogar. "Aquí se vive de lujo", resaltó Dácil, la primera usuaria que llegó a este espacio y, por tanto, la que se hizo con la habitación más amplia.

En estos meses estivales, su rutina, como la de muchos otros vecinos de la zona, transcurre entre su casa, la piscina municipal y el centro histórico de Los Realejos. Este jueves, en cambio, tuvieron que interrumpir sus planes porque recibieron una visita especial. La consejera insular de Acción Social del Cabildo de Tenerife, Águeda Fumero, acompañada por el alcalde de Los Realejos, Adolfo González, y la concejala de Discapacidad, Macarena Hernández, se acercaron hasta esta vivienda para conocer de primera mano el trabajo que la entidad desarrolla cada día con estas seis mujeres. "Todavía huele a nuevo", destacó la representante de la Corporación insular nada más entrar al edificio.

'House tour' con el alcalde y la consejera insular

Dácil fue la encargada de recibirlos y de hacerles un house tour o, lo que es lo mismo, una visita por la casa de esas que están tan de moda en redes sociales cuando una influencer estrena piso. Una vez dentro, de la cocina fueron directos al salón y del salón, a "la joya de la casa": la terraza. "Aquí incluso podrían poner una piscina o un jacuzzi", bromeó el alcalde.

Tanto él como la concejala estaban "alucinando" con cómo había quedado la reforma, ya que esa casa estuvo cerrada durante casi una década. "La obra se ejecutó con bastante rapidez, para los plazos a los que estamos acostumbrados en el tercer sector", apuntó la directora general de la asociación AFES Salud Mental, Alicia Silva.

Dácil, usuaria de AFES, enseñando su nuevo hogar en Los Realejos

Dácil, usuaria de AFES, enseñando su nuevo hogar en Los Realejos / Arturo Jiménez

En el interior, nada recuerda a una residencia. La vivienda, además, está en un enclave accesible, bien conectado con el transporte público y "lleno de vida", tres requisitos indispensables para la construcción de estos recursos alojativos. Para Fumero, hay un único inconveniente: "Vivir en un municipio donde solo hay fiestas". Aunque que para Dácil y sus compañeras es más bien una ventaja: "Desde aquí podremos ver los Fuegos de Mayo".

¿Cómo es la convivencia?

En pocas semanas, las usuarias no solo han conseguido adaptarse al ritmo del municipio, sino que también han aprendido a convivir e incluso han entablado amistades entre compañeras de piso. Cada una se encarga de una tarea distinta. Cada semana van rotando para que el sistema sea lo más justo posible y todas aporten lo mismo. En la nevera, junto al menú semanal, también tienen un listado con teléfonos a los que acudir en caso de emergencia. "Aunque pueden estar aquí el tiempo que necesiten, la idea es que sea un recurso de transición, es decir, un paso previo a independizarse", argumentó la directora general.

En España, 32.000 personas con discapacidad viven institucionalizadas, obligadas a vivir en residencias o centros porque no cuentan con apoyos para hacerlo en la comunidad. La entidad social AFES gestiona en la Isla una docena de viviendas supervisadas, una red que ha crecido de manera considerable en los últimos años, pero que se queda lejos de cubrir toda la demanda. "Solo en este año hemos sumado quince nuevas plazas alojativas, pero seguimos teniendo lista de espera", advirtió Silva.

Acompañamiento y vida autónoma

El modelo de atención que se desarrolla en estos hogares está basado en el acompañamiento, la convivencia y el desarrollo de habilidades para la vida autónoma. Su principal ventaja son las ratios; mientras las residencias suelen albergar a veinte o más personas, en estos espacios suele haber entre cuatro y seis usuarios. Esta asociación no es la única en la Isla que ha apostado por que los cuidados sean cada vez más personalizados. Probosco, una organización que atiende a personas con grandes discapacidades, también cuenta con varias viviendas inclusivas que no solo han integrado en una comunidad a sus usuarios, sino que han devuelto la vida a barrios como San Antonio, en La Orotava.

Para la consejera insular, recursos como La Magnolia representan "muy bien" hacia dónde está avanzando la política social en Tenerife. "No solo atienden las necesidades básicas de los usuarios, también les permiten desarrollar su propio proyecto de vida, ganar autonomía y participar plenamente en comunidad; la salud mental requiere una atención especializada, cercana y sostenida en el tiempo", detalló.

La red de atención a la salud mental vinculada al convenio de cooperación entre Gobierno autonómico, Cabildo insular y entidades del tercer sector cuenta actualmente con 1.095 plazas, frente a las 990 de 2023.

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