Entrevista | Wladimiro Rodríguez Brito Doctor en Geografía por la ULL y exconsejero insular de Medio Ambiente
Wladimiro Rodríguez Brito: «No se puede gestionar el campo ni combatir el fuego sin campesinos»
Wladimiro Rodríguez Brito (Barlovento, La Palma, 1942), doctor en Geografía por la Universidad de La Laguna y antiguo consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo de Tenerife, lleva décadas estudiando las transformaciones del espacio agrario de Canarias. Su paso por el gobierno insular quedó ligado, entre otras responsabilidades, a la gestión ambiental y forestal de Tenerife. Una voz autorizada

Wladimiro Rodríguez Brito, este martes en el entorno del Colegio Mayor San Fernando, en la ULL / Andrés Gutiérrez
A sus más de ochenta años, Wladimiro continúa recorriendo las medianías, los barrancos y las zonas de pastoreo. Su diagnóstico es severo: el abandono de los cultivos, la desaparición del ganado, la falta de relevo generacional y unas políticas diseñadas desde una mentalidad urbana han dejado al territorio sin las personas que históricamente lo mantenían. Frente a los grandes incendios, reclama medios profesionales, pero también agricultores, ganaderos y pastores presentes durante todo el año.
Los grandes incendios que se están produciendo en la Península han vuelto a generar inquietud. ¿Cómo observa la situación?
Con mucha preocupación. Hemos visto quemarse viviendas y perderse vidas. La tragedia de Almería demuestra que no basta con mirar cuántos árboles hay en un lugar. También hay que preguntarse quién vive allí, cuánto conoce el territorio y si sabe por dónde entrar o salir cuando llega el fuego. En Canarias tenemos cada vez más población que vive en el medio rural, pero permanece desconectada de él. Son personas con hábitos urbanos que desconocen los riesgos específicos de la zona donde han instalado su residencia. Y eso es especialmente preocupante en unas islas donde hemos perdido miles de hectáreas cultivadas, agricultores, pastores y ganaderos.
«Tenemos urbanitas viviendo en el medio rural, pero alejados de su funcionamiento, de sus riesgos y hasta de las vías que deben utilizar cuando el fuego obliga a evacuar»
¿El principal problema de Tenerife es el abandono del campo o la falta de relevo generacional?
Ambas cosas están relacionadas. Tenemos un problema serio de relevo. No podemos depender continuamente de productos importados que también podemos producir aquí. El caso de las papas es muy ilustrativo: nuestros agricultores están sacando la cosecha y, al mismo tiempo, entran papas de procedencias muy diversas y a precios con los que resulta difícil competir. El agricultor de Tenerife no puede producir por debajo de determinados costes. Si el mercado no le permite cubrirlos y la política pública no reconoce los servicios que presta, termina abandonando. Y cuando abandona no solo perdemos alimentos: perdemos conocimiento y capacidad para gestionar el territorio.
¿Qué observa cuando vuelve a los lugares que conoció durante su etapa en el Cabildo?
Cuando llego a San Francisco de la Montañeta, a El Tanque, al valle de El Palmar o a las laderas del sur de Tenerife, echo de menos a los campesinos. No es una impresión nueva, pero cada vez resulta más evidente. Hay un empobrecimiento de la actividad agraria y, además, una desvinculación cultural. Las tuneras, por ejemplo, fueron fundamentales para la alimentación humana y ganadera. La expansión de la cochinilla las ha hecho desaparecer de muchos espacios y no hemos reaccionado con la intensidad necesaria.También deberíamos ayudar a recuperar almendros, higueras y otros frutales que están siendo cubiertos por el rabo de gato y por la vegetación del abandono. En ocasiones parece que resulta más sencillo dejar morir un árbol cultivado que intervenir sobre una planta que compite con él.
«No se puede gestionar el campo ni combatir los incendios sin campesinos que cultiven, pastoreen y retiren combustible del territorio durante todo el año»
¿Considera que las políticas ambientales se han alejado de la realidad agraria?
En demasiadas ocasiones, sí. Se han creado normas y marcos de protección desde una cultura urbana que no siempre habla con el mundo rural ni comprende su funcionamiento. Limpiar, podar o cortar determinadas ramas debería poder hacerse con normalidad y con criterios técnicos. Sin embargo, una persona que quiere limpiar fayas, brezos o laureles puede encontrarse con tantos trámites que acaba desistiendo. La naturaleza no puede gestionarse únicamente sobre el papel, clasificando qué está protegido y qué no lo está. Necesitamos leyes hechas contando con la gente que vive en el campo y conoce el comportamiento de cada lugar. Durante siglos, los agricultores rotaron cereales, barbechos y papas, y trasladaron semillas entre tierras de polvillo, barro, zonas altas y zonas bajas. Había un conocimiento empírico que permitía convivir con la naturaleza.
Usted sostiene que los campesinos son fundamentales para prevenir los incendios. ¿Por qué?
Porque son quienes gestionan diariamente el territorio. El monte no se puede mantener solo con funcionarios o con cuadrillas que aparecen en momentos determinados. Los funcionarios y las brigadas son imprescindibles, pero tienen que convivir y trabajar con agricultores, ganaderos y pastores. El 31 de julio de 2007, cuando el fuego llegó a Redondo, en Icod el Alto, yo estaba con una brigada del Cabildo. La Guardia Civil fue a desalojar unas doce o quince casas y yo no me atreví a abandonar a aquella brigada en el monte. Cuando llegaron las llamas, tuvimos suerte de que avanzaran en vertical; de otro modo, las consecuencias podrían haber sido terribles. He vuelto recientemente a Redondo y pienso que hoy podría ocurrir algo igual o peor. Hay menos campesinos que hace casi veinte años y, por tanto, menos gente trabajando todos los días sobre el territorio.

Wladimiro Rodríguez Brito / E.D.
¿El problema de algunos residentes es que no limpian adecuadamente alrededor de sus viviendas?
Eso es solo una parte. El problema de fondo es que hemos trasladado la mentalidad urbana al medio rural. Antes de comenzar el verano, los campesinos sabían que tenían que limpiar los alrededores de las casas. Era una práctica asumida. Ahora encontramos viviendas levantadas en el campo cuyos habitantes quieren un paisaje bucólico, pero no aceptan aquello que forma parte de la vida rural. Se denuncia al gallo porque canta de madrugada, a las vacas por las moscas o al ganado por el olor del estiércol. Quien se instala junto a una explotación tiene que entender dónde está viviendo. No podemos echar al ganadero porque después haya llegado una casa. Si desaparecen los animales, también desaparece el pastoreo que mantenía abiertos muchos espacios.
¿La Administración está dificultando que los jóvenes se incorporen a la ganadería?
Hay jóvenes que desean mantener cabras en Los Realejos, en el valle de La Orotava o en los acantilados de Acentejo y se encuentran con muchas dificultades administrativas. Se intentó habilitar instalaciones ganaderas desde hace años, pero la propia Administración puso reparos. Me resulta doloroso que un joven quiera llevar cabras a los altos de La Orotava para mantener limpia una zona expuesta a incendios y no encuentre facilidades. En otros lugares, como Gran Canaria, se utilizan cabras y ovejas en programas de prevención. Aquí deberíamos verlo también como una herramienta de gestión, siempre con planificación, controles y cargas ganaderas adecuadas.
«Las leyes deben hacerse contando con quienes viven de la tierra; proteger el medio ambiente no puede significar expulsar a quienes históricamente lo cuidaron»
¿Qué queda del vínculo entre la población canaria y su cultura agraria?
Queda conocimiento, pero está concentrado en personas cada vez mayores. En el campo vemos poca juventud. Y me preocupa especialmente el trato que reciben quienes sí quieren incorporarse. Necesitamos centros de formación profesional agraria, apoyo económico, rentas dignas y políticas que hablen de otra manera a quien trabaja la tierra. Pero también necesitamos un cambio cultural. Los niños deberían tener huertos escolares, conocer de dónde proceden los alimentos y aproximarse a la naturaleza mediante actividades educativas. Tenemos una población urbanita viviendo en el campo, pero alejada de él. Recuperar esa relación no es únicamente una cuestión económica: es una necesidad ambiental y social.
¿Qué mensaje trasladaría a la ciudadanía y a las administraciones públicas?
La historia demuestra que muchos de los grandes cambios de la humanidad se han producido en momentos de crisis. Me gustaría que esta vez no esperáramos a que sea el hambre o una catástrofe lo que nos obligue a reaccionar. El mundo rural es necesario para alimentarnos, pero también para mantener un territorio habitable. Conservar la naturaleza no es contemplarla románticamente desde la ciudad. Hay que convivir con ella, trabajarla y entenderla. Me preocupa seguir viendo cómo se maltrata a los campesinos y cómo se desanima a algunos jóvenes. Debemos reconocer que producir alimentos, mantener ganado, limpiar una finca o recuperar unos frutales son también formas de proteger el paisaje. Seguimos echando a los campesinos y no estamos creando una nueva cultura campesina. Mientras eso no cambie, pretender gestionar el campo sin ellos seguirá siendo un disparate.
Suscríbete para seguir leyendo
- El bar de Tenerife con 50 años de historia donde disfrutar de unos de los bocadillos más famosos de la isla
- Tenerife encuentra energía geotérmica a 2.300 metros bajo tierra con un elevado potencial para convertirla en renovable
- La Bonoloto premia a Tenerife: más de 1,3 millones de euros 'viajan' a la isla
- Canarias recupera festivos perdidos: tendrá 15 días no laborables en 2027
- El bar de Tenerife que conquista con cocina canaria tradicional: platos generosos y precios difíciles de encontrar
- El restaurante de Tenerife al que muchos van por un solo plato: lleva más de 40 años ofreciendo conejo
- El mítico bodegón de esta ciudad de Tenerife donde tirar las cáscaras de manises al suelo es tradición: abierto desde 1980
- El rincón de Tenerife que enamora a Pedri: limita con el Macizo de Anaga y cuenta con una de las fiestas más populares de la isla