Movilidad
Las cámaras estrechan el cerco a los autores de daños en una guagua de Titsa
El Comité de Empresa sostiene que la videovigilancia y el uso de bonos personalizados facilitarán la identificación de los responsables del incidente ocurrido el pasado fin de semana en Tío Pino

Una guagua de línea 908 con ruta por Tío Pino en la parada de la calle José Hernández Afonso de Santa Cruz. / E.D.
Una guagua de Transportes Interurbanos de Tenerife (Titsa) sufrió un nuevo acto vandálico durante el pasado fin de semana en Santa Cruz de Tenerife. Los presuntos responsables habrían causado desperfectos en el interior del vehículo antes de bajarse en la parada de Tío Pino, según la información difundida inicialmente en redes sociales y confirmada por fuentes del Comité de Empresa.
El vehículo afectado prestaba servicio en la línea urbana 908, que realiza un circuito entre el Intercambiador de Santa Cruz y los barrios de Ofra y Juan XXIII. Algunas expediciones de esta línea suben y bajan por Tío Pino y Camino del Hierro. Por el momento no ha trascendido el alcance económico de los daños ni si la empresa ha presentado ya una denuncia formal. Tampoco se ha comunicado públicamente la identidad de los implicados. Sin embargo, los representantes de los trabajadores confían en que este episodio no quede impune.
“Antes era bastante habitual que se rajaran los asientos con navajas o que se quemaran los respaldos con mecheros, sobre todo en la parte trasera de las guaguas”, explican desde el Comité de Empresa. Se trataba, añaden, de “comportamientos puntuales de toda la vida” cuya investigación resultaba muy complicada debido a las dificultades para identificar a quienes los cometían.
Menos margen para el anonimato
La principal diferencia con aquellos episodios, según las fuentes sindicales consultadas, es que las nuevas herramientas tecnológicas y los sistemas actuales de acceso al transporte han reducido considerablemente el margen para actuar de forma anónima.
El Comité de Empresa estima que alrededor del 95% de los usuarios emplea títulos o soportes de transporte asociados a una identidad, con datos como el DNI y otra información personal. La utilización de esos datos, siempre mediante los procedimientos administrativos o judiciales correspondientes, puede facilitar la investigación si se combina con el horario del viaje, las validaciones efectuadas y las grabaciones del interior del vehículo.
En el caso de Tío Pino, la guagua que cubría la línea 908 estaba dotada de cámaras de seguridad. El Reglamento del Viajero de TITSA informa expresamente de la captación de imágenes a bordo y prohíbe escribir, pintar, ensuciar o dañar tanto el interior como el exterior de los vehículos. “Me atrevo a decir que a quien o quienes cometieron esos actos les llegará en breve algún ‘recadito’ inesperado y poco agradable a sus domicilios”, apunta un veterano sindicalista, en referencia a las posibles notificaciones, sanciones o actuaciones que puedan derivarse de la investigación.
Las imágenes permitirían comprobar cuántas personas participaron, en qué momento se produjeron los daños y en qué parada abandonaron la guagua. También podrían cruzarse, por los cauces legalmente previstos, con la información de las validaciones realizadas durante ese servicio.
Un problema conocido
Los desperfectos en los asientos no constituyen un fenómeno nuevo. En noviembre de 2025, Titsa denunció otro episodio en el que una joven fue grabada mientras rajaba con un cuchillo el asiento de una guagua. La empresa había tramitado ya expedientes sancionadores y, cuando los implicados eran menores, había trasladado casos a la Fiscalía de Menores.
Cada vehículo que debe ser retirado para reparar asientos, cristales u otros elementos deja de estar disponible para prestar servicio. Los daños, por tanto, no afectan únicamente al patrimonio de la empresa pública: pueden provocar sustituciones, retrasos o una reducción temporal de la capacidad de transporte, con consecuencias para el conjunto de los usuarios.
El debate sobre la seguridad en las guaguas ha adquirido especial relevancia durante 2026, después de varios episodios de agresiones, amenazas y comportamientos incívicos. En febrero, el Cabildo de Tenerife y Titsa anunciaron la instalación progresiva de mamparas de protección para los conductores, el endurecimiento de las sanciones —con cuantías que pueden alcanzar los 6.000 euros— y una mayor colaboración con las fuerzas de seguridad. La presidenta insular, Rosa Dávila, aseguró entonces que los vehículos cuentan con cámaras y que las grabaciones pueden utilizarse como prueba en los procedimientos judiciales.
En junio, el pleno del Cabildo solicitó al Gobierno de Canarias que reconozca la condición de autoridad administrativa al personal de conducción e inspección de Titsa. La medida pretende facilitar la tramitación de incidencias e infracciones, reforzar las labores de vigilancia y mejorar la protección de los trabajadores.
Desde el Comité de Empresa insisten en que la mayoría de los servicios se desarrolla con normalidad y que los actos vandálicos son protagonizados por una minoría. No obstante, consideran imprescindible que cada incidente sea investigado y que los responsables asuman tanto las sanciones correspondientes como el coste de los daños causados.
Satisfacción por las líneas 914 y 915
Al margen del episodio vandálico, el Comité de Empresa ha mostrado su satisfacción por la recuperación de la línea 915 entre el Intercambiador de Santa Cruz y Tío Pino, una conexión que considera importante para los residentes de la zona.
Los representantes de los trabajadores también valoran positivamente el nuevo recorrido de la línea 914, que, según las fuentes sindicales, entra ahora en el entorno de la Residencia Anaga y circula por la calle de La Rosa tras su reapertura.
La nueva configuración de la 914 fue sometida a un periodo de pruebas que se prolongó hasta el 3 de agosto. Durante esos ensayos, las guaguas circularon por la calle de La Rosa y realizaron dos paradas en este eje de El Toscal antes de la implantación definitiva del itinerario.
El Comité considera que estas mejoras demuestran la importancia del transporte público para conectar los barrios de la capital. Por ese mismo motivo reclama que los vehículos, las instalaciones y los trabajadores sean respetados. Los daños provocados en una guagua pública terminan repercutiendo sobre toda la ciudadanía, tanto por el coste de las reparaciones como por las posibles alteraciones del servicio.
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