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El Bollullo, el chiringuito de La Orotava que resiste al tiempo y a los 'beach clubs'

Más de medio siglo después de su apertura, El Bollullo continúa ligado a la vida de esta playa del municipio de La Orotava, convertido en un punto de encuentro para vecinos y visitantes que buscan el disfrute de la costa norteña y de la gastronomía local

Chiringuito El Bollullo

Arturo Jiménez

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María Robayna

María Robayna

Santa Cruz de Tenerife

Desde las plataneras de El Rincón, en La Orotava, se distingue una pequeña caseta adosada a la pared rocosa que protege la costa. Allí, en una de las pocas playas vírgenes de arena negra que aún se conservan en la Isla, está el chiringuito El Bollullo. Inaugurado a finales de los años 60, este negocio familiar ha visto pasar a pescadores, artesanos, surfistas, turistas y a distintas generaciones de tinerfeños.

Mientras los beach clubs ganan terreno en las costas con sus camas balinesas, la música, los cócteles y los espacios pensados para salir en las redes sociales, este pequeño negocio sigue prácticamente igual. Como los chinringuitos de toda la vida. No hay lujos ni grandes decoraciones pensadas para hacerse viral. Lo que sí hay son lapas, calamares, papas con mojo, croquetas, tortilla o pescado fresco del día, entre otros. Hablar de la playa de El Bollullo es hablar también de su chiringuito, los dos forman parte de un mismo paisaje desde hace generaciones.

Un local con más de medio siglo de historia

Aunque fue inaugurado en 1969, el chiringuito del Bollullo ha sobrevivido a cambios de propietarios, temporales, mareas y generaciones de clientes. Sus actuales dueños lo gestionan desde 2017, pero sigue manteniendo su esencia original. "Hay clientes que han venido durante treinta años. Yo siempre he dicho que el Bollullo tiene algo especial", comenta Magda Ortiz, una de las encargadas de gestionar este negocio. Esa fidelidad, asegura, es uno de los mayores valores del negocio.

"La gente siempre vuelve porque aquí cambian el chip", explica. "Sales de aquí, pasas el puente y está lloviendo con truenos y relámpagos, pero aquí siempre hace sol. Es otro rollo, es un sitio donde desconectan", añade.

El chiringuito es el premio que está al final del camino

Aunque El Bollullo no es una playa apta para todos los públicos, pues las fuertes corrientes marinas y el camino de tierra dificultan la visita, es una de las zonas de costa más conocidas de Tenerife. ¿Por qué? Porque al final del sendero está el premio: una playa paradisiaca que cuenta con un chiringuito en el que puedes comer o tomar algo. "Muchos siguen viniendo aunque se les dificulte el camino. Se ha creado una familiaridad dentro del chiringuito y eso día a día se nota", comenta Sheyla Morilla, otra de las encargadas del negocio que logró hacerse con un Solete de la Guía Repsol en 2021.

"Aquí intentamos que la gente se sienta como en casa. No es solo venir a comer; es el ambiente, conocer a quienes vienen y que ellos también nos conozcan a nosotros, que no seamos solo máquinas de hostelería, que no seamos camareros, sino que también puedan empatizar con nosotros", explica Magda.

Otra de las cosas que diferencian a los beach club de las casetas de playa de toda la vida es que su actividad está a merced de los fenómenos costeros y el mal tiempo. "Hay sitios que son clave cuando la marea está mala, pero, aquí, hay gente que se conoce la playa como la palma de su mano y vienen igual", comenta Magda, quien añade que muchos de esos clientes "me hablan por Whatsapp para preguntarme si estamos abiertos aunque la haya bandera roja". "Aunque la arena esté echando fuego, hay clientes que siguen viniendo", comenta la encargada entre risas.

La polémica por el aparcamiento

Pese a que el chiringuito de El Bollullo tiene su público fiel, el cierre del aparcamiento próximo a la playa supuso un mazazo para el negocio. El parking facilitaba el acceso a personas mayores, familias con niños y clientes con movilidad reducida.

La clausura fue impulsada tras las denuncias de colectivos ecologistas y de la Coordinadora El Rincón, que cuestionaban la legalidad de una infraestructura que llevaba funcionando durante más de cuatro décadas. Desde la coordinadora defendían que el estacionamiento incumplía la normativa urbanística, mientras que comerciantes y usuarios advertían del impacto que tendría sobre la actividad económica de la zona. A pesar de las dificultades, El Bollullo "no es solo una playa, un lugar, es parte de la vida del pueblo".

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