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Ansiedad, irritabilidad y peor descanso: así afecta el calor extremo al cerebro

La psicóloga Nayara Ortega alerta de que las altas temperaturas pueden agravar problemas de salud mental preexistentes y alterar las rutinas diarias

Grupos de personas en la playa de Las Canteras, durante una ola de calor.

Grupos de personas en la playa de Las Canteras, durante una ola de calor. / Andrés Cruz

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Las Palmas de Gran Canaria

Las olas de calor no solo ponen en riesgo la salud física, también pueden alterar el funcionamiento del cerebro, afectar al estado de ánimo y agravar los problemas de salud mental ya existentes. Así lo pone de manifiesto la psicóloga sanitaria y neuropsicóloga Nayara Ortega, quien advierte de que el impacto de las altas temperaturas va mucho más allá del conocido riesgo de deshidratación o golpe de calor. «Cuando pensamos en una ola de calor, solemos tener presentes estos riesgos, pero nos olvidamos del impacto que tiene en el cerebro», señala la especialista grancanaria.

Y es que durante los episodios de calor extremo -como el que atraviesa Canarias estos días-, el hipotálamo, la estructura cerebral encargada de regular la temperatura corporal, trabaja de forma intensa para mantener el equilibrio del organismo a través de mecanismos como la sudoración, la vasodilatación o la sensación de sed. Este sobreesfuerzo fisiológico, unido al cansancio y al peor descanso nocturno, reduce los recursos disponibles para mantener la atención y gestionar las emociones. «Por eso, es frecuente que cuando hay una ola de calor nos sintamos más irritables, menos pacientes y, además, nos cueste mucho más concentrarnos o tomar decisiones», afirma Ortega.

Las altas temperaturas también modifican las rutinas. Tanto es así, que muchas personas reducen la actividad física o limitan sus relaciones sociales para evitar salir al exterior, dos cambios que pueden repercutir en el bienestar psicológico. A ello se suma la sensación de pérdida de control que puede provocar la imposibilidad de mantener el ritmo habitual durante varios días.

Evidencia científica

La evidencia científica respalda la relación entre el calor extremo y el deterioro de la salud mental. De hecho, ya hay estudios que han observado un aumento de las hospitalizaciones y de las visitas a Urgencias por esta causa durante los episodios de temperaturas elevadas. «Las altas temperaturas se asocian a un incremento de síntomas como la ansiedad, la irritabilidad o la impulsividad. No obstante, es importante matizar que el calor no provoca por sí solo un trastorno mental ni convierte a una persona en agresiva, sino que actúa como un factor de estrés añadido y reduce nuestra tolerancia a la frustración, lo que puede agravar los problemas preexistentes», subraya la experta.

Tal y como indica Ortega, los registros hospitalarios reflejan un aumento de las atenciones por ansiedad, depresión, consumo de sustancias y autolesiones cuando se produce esta condición climática. “En consulta, también es habitual comprobar que las personas que ya convivían con estrés, ansiedad o depresión experimentan un empeoramiento de sus síntomas”, anota.

Los efectos son especialmente relevantes en determinados grupos poblacionales. Ahora bien, ¿qué perfiles presentan una mayor vulnerabilidad? Según detalla la especialista, las personas con trastornos de ansiedad, depresión o enfermedades mentales graves, así como los pacientes con demencia, patologías crónicas o insomnio. En estos casos, los cambios de rutina y las alteraciones del descanso pueden resultar particularmente perjudiciales. Además, algunos fármacos utilizados en psiquiatría pueden dificultar la regulación de la temperatura corporal o disminuir la sensación de sed, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a las consecuencias del calor.

Alteración del sueño

Uno de los principales factores que explican el deterioro del bienestar psicológico es la alteración del sueño. «La calidad del sueño tiene un gran impacto en nuestro bienestar y en nuestra capacidad para regular las emociones. El organismo necesita reducir ligeramente su temperatura para iniciar el sueño, un proceso que se dificulta durante las noches cálidas. Por eso, dormimos menos y peor», aclara Ortega.

El problema se agrava con el paso de los días, pues la falta continuada de descanso reduce la atención, la memoria de trabajo y la capacidad para tomar decisiones. Al mismo tiempo, la amígdala, una estructura cerebral implicada en la respuesta emocional, se vuelve más reactiva, mientras que la corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la regulación de las emociones, funciona con menor eficacia. El resultado puede ser una mayor impulsividad y una menor capacidad para gestionar las reacciones emocionales. A estos efectos se añade la deshidratación, que incluso cuando es leve puede perjudicar la atención, la memoria y el rendimiento cognitivo.

El impacto de las altas temperaturas en la salud mental responde, por tanto, a una combinación de factores biológicos, cognitivos y sociales: el esfuerzo del organismo para regular la temperatura, la falta de sueño, la deshidratación, la pérdida de rutinas, la disminución de la actividad física y la reducción del contacto social. «No depende solo de las temperaturas que marcan los termómetros, sino de la interacción entre los cambios biológicos, cognitivos y sociales», asevera la psicóloga.

Hidratación

Para reducir todos estos efectos, la especialista recomienda realizar las actividades al aire libre a primera hora de la mañana o al atardecer durante los días de calor extremo, darse duchas templadas, optar por comidas ligeras, mantener una buena hidratación, protegerse del sol y evitar los esfuerzos físicos intensos en las horas centrales del día. También considera importante aceptar que el rendimiento puede disminuir de forma temporal. «Es normal que durante unos días rindamos menos, que nos cueste concentrarnos o que tengamos menos paciencia», insiste. Por ello, aconseja reducir el ritmo y prestar especial atención a las personas mayores, a las que viven solas y a quienes padecen patologías que puedan agravarse con el calor.

Por otro lado, la psicóloga también alerta de los efectos del calor en los niños, cuyo cerebro todavía se encuentra en desarrollo. De ahí que en estos momentos puedan mostrarse más irritables, llorar con mayor facilidad o presentar conductas más desafiantes. «Estos comportamientos no responden a una voluntad de enfrentarse a la autoridad. El calor les afecta a su regulación emocional y cognitiva», concluye.

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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