Los 'globos de la risa': así es la droga que arrasa entre los jóvenes en el corazón turístico de Tenerife
Su bajo precio, que no genera dependencia y la forma de consumir esta sustancia estupefaciente son factores clave en su proliferación

El Día
Los centros comerciales Verónicas, en Playa de las Américas, siguen siendo epicentro del cóctel delicado y peligroso que tiene como ingredientes el exceso de alcohol, muchas drogas recreativas y gente muy joven de vacaciones, con inmensas ganas de divertirse a toda costa.
Una mezcla que está destinada a que algo salga muy mal en algún momento. Es así desde hace más de cuatro décadas en este punto en la frontera entre Arona y Adeje.
Muchos de esos consumidores de ocio vienen como turistas convencidos de que el acceso a las bebidas y a las sustancias estupefacientes es bastante más económico y sencillo que en sus lugares de origen. Un paraíso en el que vivir el desenfreno.
'Como en Ámsterdam'
Existen mensajes que marcan. Así es el que ofrecen algunos interesados en divulgar su negocio ilegal, quienes venden que el sur de Tenerife y otros enclaves turísticos de la Isla son como una especie de Ámsterdam, en los que resulta muy fácil adquirir todo tipo de drogas. Y muchos de esos turistas en busca de noches locas así lo creen.
Cuando los policías nacionales los paran, les realizan un cacheo y les encuentran marihuana, también les preguntan cuánto les ha costado. Las respuestas se repiten: han pagado un precio «muy bueno».
Esta facilidad para conseguir estupefacientes se ha convertido en un reclamo frente a lo que les cuesta en los países donde residen. Eso ocurre en la calle, puesto que existen otros lugares en los que comprar.
En algunos clubes cannábicos la marihuana puede costar cuatro o cinco veces más que en la calle
Los anuncios de clubes cannábicos en los que adquirir marihuana no faltan en las redes sociales. Por eso, en todos los locales de este tipo desmantelados por las fuerzas de seguridad queda claro que muchos de sus clientes son personas de otras nacionalidades, sobre todo europeos de vacaciones.
Algunos clubes, que tienen licencia para que sus socios consuman allí la marihuana que cultivan en sus casas o en el propio recinto, se han redirigido hacia la ilegalidad manifiesta, puesto que se han convertido en simples puntos de venta al menudeo, sobre todo hachís y otros derivados del cánnabis.
"Negocio redondo"
El inspector que ejerce como jefe del Grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional en la Comisaría del Sur de Tenerife explica que para los propietarios es un negocio redondo.
El mando, que prefiere mantener su anonimato, señala que en cualquier plaza o calle de un barrio de Tenerife el gramo de marihuana suele comprarse por cinco euros. Pero en un club cannábico orientado a turistas ese precio se puede cuadruplicar o quintuplicar.
¿Por qué? Si el turista tiene suficiente dinero, está dispuesto a pagar más cara la droga que en la calle (a un precio similar al que le cuesta en su país de origen), a cambio de un lugar seguro y tranquilo en el que consumirla.
De esa manera, los beneficios de quienes están al frente de los locales se incrementan de manera exponencial en poco tiempo.
Peleas y robos por doquier
En este contexto de personas ebrias o en un estado eufórico, no es extraño que haya peleas cada cierto tiempo, o que esos turistas ebrios o muy colocados acaben como víctimas de robos violentos o hurtos.
Atraen a aquellos delincuentes que merodean por los alrededores de Verónicas para sustraer dinero o teléfonos móviles de alta gama, entre otras cosas.
Y es que, si la víctima tiene las defensas bajas, resulta más fácil abordarlas y quitarles sus efectos de valor o la cartera, explica el inspector responsable del Grupo de Estupefacientes.
Psicoactivas o depresoras
Aclara que en un entorno como Verónicas se pueden conseguir diversos tipos de drogas, como las psicoactivas (cocaína, anfetaminas, MDMA, ketamina o tusi), las depresoras o derivadas de los opiáceos (heroína o crack) y las que tienen su origen en el cánnabis (hachís, marihuana y los productos de laboratorio con THC, que es el principio activo de la hoja del cáñamo).
En este último caso, existen bizcochos con dichos ingredientes o gominolas convencionales, a las que se les inyecta la sustancia psicoactiva con una jeringuilla.
La última moda
Pero en los últimos tiempos, aclara el mando, lo que arrasa entre los jóvenes que van de fiesta a Verónicas es el óxido nitroso o gas de la risa.
¿Qué factores han influido en este éxito? En primer lugar, es muy barato. Un globo de fiesta con este producto en su interior puede costar cinco euros. Y de una cápsula o pequeño recipiente pueden sacarse cuatro, cinco o seis globos.

Globo desinflado tras ser usado para inhalar óxido nitroso / El Día
En segundo lugar, esa manera de consumirlo genera en los consumidores una percepción errónea de que no existe riesgo alguno. Y, además, provoca un efecto de subidón muy rápido, aunque tampoco dura demasiado.
Sifones
¿Cómo se aplica? Se apreta una cápsula con una especie de sifón que llena el globo. Este se cierra y después el consumidor lo abre para que el gas entre por su boca directamente al sistema respiratorio.

Sifones para el óxito nitroso / El Día
La mera posesión de dicho gas no es ilegal, pues tiene otras utilidades, como la medicinal. En odontología se aplica como producto analgésico o anestésico.
Ahí radica su peligrosidad, puesto que deprime el sistema nervioso. Algunos consumidores pueden perder el conocimiento. Y, si se mezcla con alcohol u otras drogas, en algunas situaciones puede provocar la muerte.
Los investigadores de la Policía Nacional en el sur de Tenerife han detectado que, a veces, lo venden los mismos camareros de algunos locales de ocio nocturno de Verónicas. Pero también lo pueden suministrar personas que van por la calle con el sifón y los globos.
Vendedores ambulantes
Se ha detectado que algunos vendedores ambulantes de origen subsahariano, que antes se dedicaban a la distribución de cocaína y heroína, ahora también han expandido su negocio al óxido nitroso, también conocido como gas de la risa.
Esta sustancia no genera dependencia. Los jóvenes la consumen solo cuando salen de fiesta. Y ese es otro factor clave que contribuye a la expansión de su consumo.
Nueva empresa de seguridad
La entrada en acción de una nueva empresa de seguridad privada en Verónicas y su forma de actuar ha generado conflictos. Los vigilantes de dicha compañía han sacado de pasillos, zonas comunes y subterráneos a personas que supuestamente tenían allí su territorio para vender estupefacientes.
Y, como resulta evidente, ese procedimiento ha provocado tensiones y reyertas entre las partes. De hecho, algunos de esos episodios se han divulgado en las redes sociales en los últimos meses.
La realidad de los centros comerciales Verónicas, en cualquier caso, no ha variado tanto desde mediados de los años 80. Han podido cambiar los protagonistas y las modas a la hora de consumir determinadas drogas, bebidas y la música que se pincha en los locales. Pero la esencia es la misma.
Percepción de inseguridad
El inspector del Grupo de Estupefacientes explica que las peleas no son diarias, ni semanales. Pero sí es cierto que, con la divulgación en redes sociales y medios de comunicación, los casos se magnifican, aclara. Hace algunas semanas, un hombre británico falleció en el transcurso de una pelea con un compatriota.
Dichos casos generan, de forma inevitable, sensación de inseguridad a vecinos y empresarios de los propios centros comerciales y sus inmediaciones. Cerca del 80 por ciento de esos jóvenes turistas que dan rienda suelta a sus ganas de diversión proceden del Reino Unido.
Y muchos de los dueños de locales de ocio nocturno también tienen el mismo origen. No obstante, también pueden verse a personas españolas o italianas, entre otras nacionalidades.
Actividad intensa
A las dos de la madrugada de un viernes, la actividad es intensa. Jóvenes que entran y salen de la zona de ocio nocturno. La música se oye a centenares de metros de distancia. A cualquiera que pise la zona más próxima a la avenida Rafael Puig en solitario no le falta un impostado «hola, guapo» o llamadas de atención similares de mujeres dedicadas a la prostitución, algunas de origen latinoamericano.
Apenas un segundo después, un subsahariano sentado también llama la atención y pregunta «¿todo bien?» con la intención de ofrecer alguna sustancia estimulante.
Están los turistas y clientes de los locales. Y, frente a ellos y en sus alrededores, una legión de vendedores ambulantes, con decenas de gafas de sol en la mano en plena madrugada. Una excusa como otra cualquiera.
Todo a la vista
Y globos, muchos globos. Dos jóvenes turistas suben las escaleras y llegan hasta la acera de la avenida mientras inhalan óxido nitroso por esa vía. Varias jóvenes sentadas en la citada calle también tienen en sus manos sus globos hinchados. Y vendedores ambulantes los llevan preparados para quien quiera comprarlos. Nadie se esconde y todo está a la vista.
Dos mujeres con cierto aspecto descuidado, con mochilas a sus espaldas, están apoyadas en una baranda desde donde se ve a la clientela de uno de los locales más concurridos. Pendientes de lo que pasa a su alrededor, no permiten que nadie extraño se les acerque a menos de tres metros en su territorio. Se repliegan hacia la calle, molestas por la injerencia.
Los principales establecimientos, los que dan a la avenida, están casi todos llenos de gente. Dos copas por 10 euros es un buen reclamo. Los 'relaciones públicas' hacen su trabajo con éxito.
La otra cara
Pero no en todos los negocios las cosas van igual. Hay algunas discotecas en las que la clientela, de forma mayoritaria, es población local y su actividad principal se da en fines de semana. No están en primerísima línea y se nota.
Un trabajador explica que no sabe hasta cuándo podrán resistir. Señala que el 60 por ciento se va en pagar impuestos y tasas, y que del 40 por ciento restante hay que pagar salarios, seguridad social, mercancía o suministros.
Lamenta que algunos clientes no valoren y les parezca caro el producto y el servicio de calidad. Una copa con bebida de marca conocida está a ocho euros.
Muchos trabajadores de Verónicas no comprenden por qué el Ayuntamiento de Arona les impide aparcar en las proximidades los fines de semana, entre las diez de la noche y las ocho de la mañana. Y no están dispuestos a pagar las multas, por lo que deben dejar sus coches más lejos.
Los vigilantes de seguridad
Vigilantes de seguridad de una empresa controlan lo que se mueve en las zonas comunes de los centros Verónicas 1, 3 y 4. Se conocen de memoria los diferentes locales, y por orden, en la zona más concurrida.

Vigilante de seguridad en Verónicas / El Día
Empezaron su actividad hace tres meses. Su principal objetivo es que en dichos espacios no haya reyertas multitudinarias o, si las hay, frenarlas antes de que vayan a más o acaben con resultado muy grave. En la madrugada de un viernes, poco después de las 2:00 horas, ya habían frenado dos peleas.
A veces se meten en medio del altercado con la intención de proteger al más afectado para que no reciba más patadas o puñetazos. En algunas ocasiones, los porteros de varias discotecas también los ayudan a parar el enfrentamiento. Como es lógico, colaboran en algunas intervenciones con las fuerzas de seguridad.
Al otro lado de la calle
Pero su trabajo también pasa por intentar evitar, en la medida de lo posible, que vendedores y consumidores de óxido nitroso pasen al interior de los espacios que controlan. En esos casos, les explotan los globos y les requisan los sifones con los que se llenan los primeros.
Pero es difícil poner puertas al campo. Vendedores y compradores sólo tienen que cruzar la calle para hacer la transacción sin que casi nadie se los impida.
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