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La cofradía de pescadores de la Punta del Hidalgo toma el timón del pequeño muellito

El inicio de una hoja de ruta ambiciosa que busca autoabastecer al colectivo, modernizar el muelle y rehabilitar el restaurante como fuente de ingresos

Cofradía de Nuestra Señora de la Consolación, en Punta del Hidalgo

María Pisaca

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Alexis Vella

Alexis Vella

La Laguna

El olor a salitre, las nasas apoyadas sobre el muelle, los cabos cuidadosamente enrollados, las gaviotas sobrevolando el litoral y las voces de los pescadores forman parte de la estampa cotidiana del pequeño muellito de Punta del Hidalgo. "¡Ahí vas a la mar!", le grita uno de los marineros más veteranos a un compañero que desamarra su embarcación para salir a faenar, mientras otros preparan las artes de pesca o apuran el primer café de la mañana en el bar del muelle. Y es que la reciente cesión del uso de las instalaciones portuarias a la Cofradía de Pescadores Nuestra Señora de la Consolación pone fin a una reivindicación que se prolongó durante años y abre una nueva etapa para el sector pesquero de la punta.

A escasos metros del lugar, las piscinas naturales del litoral reúnen cada día a decenas de bañistas que buscan aliviar el calor del verano. Sin embargo, basta con cruzar el espigón para encontrar un ambiente completamente distinto. En el agua conviven pequeñas embarcaciones de pesca artesanal con otras de recreo; algunas lucen nombres que homenajean a familiares, como Melania o Mary Cruz, mientras otras, como La Libertad, reflejan el vínculo de sus propietarios con el mar. Entre idas y venidas de los barcos y el ir y venir de los marineros, la cofradía afronta el reto de gestionar unas instalaciones que, hasta ahora, utilizaban sin contar con una cesión formal y que aspiran a convertir en una herramienta para asegurar el futuro de la actividad.

La cesión que cambia el rumbo de la cofradía

Hasta el momento, el colectivo ya se encargaba, en la práctica, del día a día del recinto. Incluso sin ser los responsables de su gestión, asumían el pago de los recibos del agua y la luz, mantenían la limpieza de las instalaciones y contaban con empleados contratados para realizar esas mismas labores. La diferencia es que, a partir de ahora, podrán gestionar de forma integral el muelle, regular la actividad de las embarcaciones deportivas y obtener una fuente de ingresos que les permita seguir creciendo. "Nuestro objetivo es garantizar el futuro de la pesca artesanal y conseguir que la cofradía pueda mantenerse por sí sola, sin depender de las subvenciones", explica con una sonrisa su patrón mayor, David Lorenzo, más conocido en la mar como 'Curro' y que vive única y exclusivamente del negocio pesquero.

David Lorenzo, el patrón mayor de la cofradía

David Lorenzo, el patrón mayor de la cofradía / MARIA PISACA

El convenio, con una vigencia inicial de cuatro años y prorrogable por otros cuatro, permitirá a los cofrades administrar espacios como la lonja, los cuartos de pertrechos y las dependencias destinadas al almacenamiento y mantenimiento del material pesquero. Además, el Ejecutivo autonómico presentó el proyecto de ordenación del varadero, con el que pretende optimizar el uso del recinto y mejorar las condiciones de trabajo de los profesionales del mar.

Una pesca artesanal que sigue marcando la identidad de la Punta

Pero detrás de ese proyecto hay una cofradía pequeña en número, aunque con un peso histórico que va mucho más allá de sus cifras. En la actualidad la integran casi 30 cofrades y una flota de hasta 14 embarcaciones, dedicadas casi en su totalidad a la pesca artesanal, esa que, según explica su patrón mayor, “emplea artes menores y requiere elaborar cada aparejo de forma manual en función de la especie que se pretenda capturar”. "La pesca ha sido la base de este pueblo. Aquí todo el mundo tiene un abuelo, un padre o algún familiar que ha vivido del mar. Es el pasado, el presente y el futuro de los punteros", asegura Lorenzo.

Uno de los cofrades tensando una nasa de pescado

Uno de los cofrades tensando una nasa de pescado / MARIA PISACA

Esa forma de entender la pesca se refleja en el día a día de la cofradía. Solo dos embarcaciones se dedican al atún; el resto alterna nasas, palangre, cazón o marisqueo, en función de la época del año y de las especies que buscan. "Cada arte”, explica el patrón, “está diseñada para un tipo de pescado”: “Hay unas para jureles y negrales, otras para brecas, gallos o viejas…, dependiendo de lo que queramos pescar utilizamos una técnica u otra", continúa.

Sin intermediarios y con relevo generacional

Esa filosofía artesanal continúa una vez que las capturas llegan a tierra. Los propios pescadores se encargan de comercializar directamente el pescado, sin recurrir a intermediarios. "Trabajamos más, pero también obtenemos más beneficio", señala Lorenzo, quien pone un ejemplo: "Un intermediario puede quedarse con unos tres euros por kilo. Si vendes 200 kilos a la semana, prácticamente estás perdiendo un sueldo al mes".

Cubo recien pescado de viejas coloradas

Cubo recien pescado de viejas coloradas / MARIA PISACA

Pero, pese a las dificultades que atraviesa el sector en otros puntos de Canarias, la cofradía presume de contar con relevo generacional. En las últimas semanas, se ha incorporado un nuevo pescador de unos 30 años y otros dos, de 23 y 25, ya forman parte de la entidad. "En muchas cofradías predominan personas de 50 o 60 años. Nosotros, por suerte, tenemos gente joven que quiere seguir viviendo de la pesca", destaca Lorenzo, que con 40 años ya lleva diez como patrón mayor.

La reserva marina, el gran desafío para el futuro

Ahora bien, la cesión de las instalaciones no es el punto final, sino también el comienzo de una hoja de ruta mucho más ambiciosa. Una vez resuelto el laberinto administrativo que durante años frenó el desarrollo de la cofradía, sus esfuerzos se centran ahora en garantizar que la pesca artesanal siga creciendo y teniendo un buen augurio en Punta del Hidalgo.

El principal reto pasa, ahora, por impulsar la creación de la Reserva Marina de Interés Pesquero de Anaga, una reivindicación histórica del sector que lleva años sobre la mesa y cuya tramitación ha vuelto a reactivarse. El proyecto contempla la protección de una parte del litoral mediante un sistema de zonificación, con áreas de máxima protección, otras de uso restringido y espacios donde podría seguir desarrollándose la pesca artesanal profesional bajo criterios de sostenibilidad, además de regular los usos recreativos. Para la cofradía, lejos de limitar la actividad extractiva, la reserva constituye una herramienta para recuperar los recursos marinos y garantizar la continuidad del oficio. "Si no se hace, el recurso está en peligro", advierte de nuevo Lorenzo, quien reconoce que cada año necesitan realizar un mayor esfuerzo para obtener prácticamente el mismo rendimiento.

Un pescador con caña en mano y otro embarcándose en la costa de la punta

Un pescador con caña en mano y otro embarcándose en la costa de la punta / MARIA PISACA

La lógica, prosigue, es sencilla: "Permitir que determinadas zonas se regeneren de forma natural para que, a medio y largo plazo, aumente la abundancia de peces en todo el entorno". "Al principio costará, porque durante los primeros años habrá que hacer un esfuerzo, pero después el mar volverá a producir mucho más pescado", defiende. Así, donde hoy necesitan calar una treintena de nasas para conseguir una determinada captura, confían en que, con el ecosistema recuperado, basten una decena para obtener el mismo resultado, con menos esfuerzo y ejerciendo una menor presión sobre el recurso.

La reserva, la modernización y rehabilitación del muelle

Junto a la reserva, la cofradía mantiene otras dos prioridades. La primera es la modernización y ampliación del muelle para disponer de nuevas líneas de atraque y mejorar la operatividad del puerto. La segunda pasa por la rehabilitación integral del restaurante de la cofradía, cuya explotación representa su principal fuente de ingresos, al margen de las subvenciones, y que consideran una pieza clave para consolidar su modelo económico.

"Con esas tres cosas —la reserva, el muelle y el bar— la cofradía puede y podrá caminar por sí sola", concluye con esperanza el patrón mayor. Ese es, en realidad, el horizonte que persigue la entidad desde hace años. Convertir la reciente cesión del puerto no solo en una solución administrativa, sino en el punto de partida para asegurar el buen devenir de la pesca artesanal en la costa de Punta del Hidalgo. Porque, una vez despejado el rumbo, el siguiente paso será tomar definitivamente el timón de su propio destino.

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