Ithaisa Abreu, arqueóloga: "Falta aún mucha información para reconstruir cómo era la vida de los guanches en Tenerife"
Natural de Buenavista del Norte, comenzó a valorar el patrimonio arqueológico de su municipio cuando se acercó a la universidad

La arqueóloga Ithaisa Abreu se encuentra investigando la costa de Los Silos / María Pisaca
Arqueóloga y emprendedora, Ithaisa Abreu no pensó nunca dedicarse a este mundo. Piensa que es necesaria más voluntad política para reconstruir el contexto de la vida prehispánica en Tenerife porque el mundo académico y el sector privado no pueden absorber y financiar todas las investigaciones necesarias. Ahora está inmersa en un proyecto en la costa de Los Silos, pero también trabaja a nivel regional desde hace más de diez años.
¿Cómo llega una joven de Buenavista del Norte al mundo de la arqueología?
Estudiando. Nunca pensé que me iba a dedicar a la arqueología. Me gustaba un poco, pero al llegar a la universidad conocí a un equipo de arqueología que trabajaba en mi municipio. Casualmente, mi abuela les alquiló la casa en los años noventa. A partir de ahí empecé a tener contacto con ellos, a ir a excavaciones y a aprender mientras estudiaba.
¿Influyó de alguna manera que su pueblo natal sea uno de los municipios de Tenerife con mayor riqueza arqueológica?
Influyó más después, cuando ya estaba en la universidad. Antes me gustaba, pero me daba vergüenza acercarme a esa gente que sabía tanto y que veía caminando por ahí. Creo que también influye el carácter de las áreas más rurales y alejadas. No venimos de sitios que en aquel momento fueran especialmente ilustrados en ese sentido. Yo fui entrando muy poco a poco, no como otros compañeros. Me daba más vergüenza.
Saliendo de la comarca de Daute y mirando al contexto insular, ¿en qué estado se encuentra el conocimiento arqueológico de Tenerife?
Ha habido intervenciones arqueológicas y prospecciones que dan datos sobre la localización de yacimientos y la ocupación del territorio. Pero la prospección no da una reconstrucción histórica completa, ni una secuencia temporal de cómo ha ido variando todo. Creo que no estamos ni al 90% del conocimiento de la historia prehispánica de Tenerife. Se ha excavado, pero no lo suficiente. Y muchas veces se ha excavado casi siempre en los mismos puntos. La excavación es la que da más datos: cronologías, distribución del espacio y mucha más información que la prospección. Se ha excavado bastante en Buenavista del Norte, en Las Cañadas, algo en el Sur, y muchas son antiguas. En comparación, Gran Canaria tiene planes de excavaciones mucho más amplios. Llevan más tiempo excavando en distintos puntos de la Isla y tienen muchos más datos para saber cómo era la sociedad aborigen. En Tenerife sabemos cosas, pero falta mucha información, sobre todo una escala temporal.
¿Hay muchas zonas de sombra en este aspecto?
Muchísimas. Y también muchos ámbitos de la vida de los guanches siguen en sombra porque quizá no se han conservado o porque no hemos podido investigar. Los proyectos se acaban y cuesta mucho volver a sacarlos. En el caso de la universidad, cuesta mucho retomar proyectos. También influye la vida de las personas: como en todas las profesiones, los profesionales mueren y, si no dejan escuela o proyectos continuados, esos trabajos no siguen adelante. A veces se retoman años después.

Abreu posa en las inmediaciones de La Concepción, en San Cristóbal de La Laguna / María Pisaca
¿Falta voluntad política?
En Tenerife haría falta muchísima voluntad política. No todo puede salir del mundo académico que suele centrarse en un proyecto de investigación concreto. La universidad no puede abarcar otros puntos que también tienen mucha importancia y mucho potencial arqueológico. Desde el ámbito privado nos encargan cosas y proyectos. No siempre son de iniciativa nuestra. Nosotros somos investigadoras, tenemos intereses y queremos seguir trabajando determinadas líneas, pero tenemos que buscar financiación. En esta parte de la Isla hemos estado buscando ayuda y se te van los años. Generas un proyecto, lo pides, y si llega pueden pasar tres o cuatro años. Hay ayuntamientos donde sí hay interés político, pero después no hay grandes planes de patrimonio cultural. Se ponen muchos parches. Cuando hay urgencias se actúa, pero no hay continuidad. Al final dependemos de quién gobierna. Si no hay voluntad en ese sentido, poco más podemos hacer.
¿Qué riesgos corren hoy los yacimientos arqueológicos en Tenerife?
Hace unos años casi siempre se hablaba del vandalismo y de si la administración debía difundir o no demasiado los yacimientos. En Tenerife ese debate existe, aunque cada Isla tiene su propia manera de difundir o no el patrimonio. Hoy el riesgo puede venir de cualquier cosa. No solo de la presión urbanística. A mí me gusta recalcar algo que he visto muchas veces: nosotros mismos, cuando salimos a dar una vuelta, dejamos basura en cualquier sitio, incluso con un cartel de zona arqueológica al lado. Están las cacas de los animales, la gente sentada encima de los yacimientos, gente llevándose cosas.
¿Sigue habiendo expolio?
Sí, sigue habiendo algo de expolio, pero no como en el pasado. Hay gente que quiere mucho el patrimonio y lo respeta, pero también hay gente que pasa de todo y deja la basura allí. Yo siempre digo que no veo a Rosa Dávila, la presidenta del Cabildo de Tenerife, yendo con la basura de su casa a tirarla a un yacimiento. Eso lo hace la gente. Y contra eso hay que luchar. Cuesta muchísimo decirle a alguien que ahí no puede meter las cabras, que ahí no puede estar o que ahí no puede hacer determinadas cosas. Ahí entramos en conflicto entre arqueología, antropología, memoria oral y usos del territorio. Hay que buscar un equilibrio.
¿La presión urbanística y el turismo también son riesgos?
Sí. La presión urbanística de Tenerife es parte del riesgo, y el turismo también. Si me preguntas personalmente, y lo digo en un momento de regresión personal respecto a la difusión del patrimonio, diría que en general no llegamos a tiempo. En algunas zonas sí, porque están dentro de espacios protegidos y ahí no se puede hacer nada. Pero lo que está fuera de espacios protegidos es muy difícil.
La arqueología no es un obstáculo para el desarrollo de la sociedad actual
¿Casos como Cuna del Alma reflejan ese problema?
Ahí creo que han influido diversos factores: desde el conocimiento en profundidad de los yacimientos que había en el sitio, hasta la gestión de la obra y cómo se ha llevado posteriormente. Influyeron muchas cosas.
¿Qué le diría a alguien que ve la arqueología como un obstáculo para el desarrollo?
Que no lo es. Hay que tratarla teniendo en cuenta sus peculiaridades. Tener un yacimiento arqueológico en una propiedad significa, primero, que tienes el privilegio de tener algo del pasado del sitio en el que estás, de la historia del lugar y, en el caso de Tenerife, de la Isla. El patrimonio tiende a convivir muchas veces con la sociedad actual, dependiendo de lo que sea. También es importante hacer consultas previas antes de comprar. Si alguien quiere comprar un terreno para hacerse una casa, puede preguntar al Cabildo si allí hay algo. Esa información se puede consultar. Muchas veces la gente no tiene ese conocimiento. En las grandes operaciones, que compran más territorio, también hay vías para saberlo. Se consulta y se decide.
¿Y qué es lo peor que puede pasar si alguien compra una propiedad con un yacimiento arqueológico?
Depende de lo que quiera hacer. A lo mejor no puede hacer exactamente lo que quería, o a lo mejor sí. Si alguien quiere hacer un campo de golf, tenemos el caso de Buenavista del Norte, donde los yacimientos conviven con el campo. Los concheros están por debajo y ahí está el ejemplo de Punta Negra, que es un caso de gestión del patrimonio que ha pasado por todos los estados posibles: la excavación, el medio abandono, la recuperación, la señalización y otra vez el medio abandono. Cuesta muchísimo conseguir el mantenimiento. Ese es otro problema de Tenerife: el mantenimiento de los yacimientos arqueológicos. Cuando hay musealización, que es muy poca o casi nula, no se consigue mantener programas continuos de conservación. Y muchas veces serían actuaciones muy sencillas: limpiar de vez en cuando, abrir una ventana arqueológica, hacer intervenciones puntuales. Eso no se consigue en la Isla.
Se encuentra inmersa en un proyecto en la costa de Los Silos, ¿siente que sigue leyendo el mismo territorio en el que se crio?
Sí y no. En mi caso influye que quizá no he vivido tanto tiempo seguido en el territorio como para ver todos sus cambios. Hay cosas que sí recuerdo y otras que no. Pero sí es verdad que ha habido muchos cambios en un periodo muy corto de tiempo. En esta zona, por ejemplo, no recuerdo tantas sorribas, ni tanta gente caminando. Antes estábamos prácticamente solos.
Define el inventario arqueológico en el que trabaja ahora mismo como bastante escueto, ¿por qué?
Muy escueto. Hasta 2017 solo había cuatro yacimientos arqueológicos registrados en Los Silos. Ahora, revisando, vemos que de 2017 en adelante ha habido alguna noticia más, alguna aparición más, y se ha fichado algún yacimiento, sobre todo en la parte del Parque Rural deTeno. Imagino que por caminantes que dan noticia y después el Cabildo va, lo comprueba y lo incorpora. Pero en la parte que queda fuera del Parque Rural prácticamente no ha variado.
¿Por qué ocurre esto?
Porque toda la plataforma de Los Silos está ocupada o urbanizada, y la que no está urbanizada está dedicada a la agricultura. La transformación del territorio ha sido muy intensa a lo largo del tiempo, no solo por los cultivos agrícolas, sino también por actividades económicas del pasado, como el azúcar, la caña dulce, las carreteras y los vertidos. Cuando venimos a prospectar en territorios muy transformados hay que mirar con la lupa mucho más afinada. El material está muy fragmentado, muy desplazado y muchas veces aparece en sorribas. Por eso el inventario es escueto. Los inventarios anteriores han pasado por aquí con una metodología similar a la que se puede aplicar en el Parque Rural de Teno, donde apenas hay transformación del territorio: pasas y ves los restos. Aquí no. En una zona de quizá cien metros de largo hemos estado día y medio. Los inventarios tienen unos tiempos cuando se contratan y se programan. Los equipos deben cumplir esos tiempos y a veces no puedes dedicar a cada zona todo el tiempo que necesita, ni estudiarla en profundidad. Eso es lo que ha pasado y por eso el inventario es tan escueto. Ahora hemos localizado algunos yacimientos más y vemos que muchos están deteriorados. Pero lo increíble es que algunos, estando tan cerca de las áreas de las piscinas y de zonas muy usadas, se hayan conservado, aunque estén transformados, machacados o tengan vertidos. El material arqueológico está ahí y eso sirve para intentar reconstruir y conectar también con el resto de la costa de la Isla Baja. Creo que este proyecto va a servir para poder construir un discurso histórico.
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